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jueves 3 octubre 2019 606 Vistas

“Las medidas de Patricia Bullrich: un déjà vu” - Por María Laura Garibaldi


La candidata a concejal por el Frente de Todos Avellaneda, María Laura Garibaldi, escribió una nota de opinión, apelando a su memoria y experiencia de vida, sobre la decisión de la Ministra de Seguridad de Macri de autorizar el pedido de DNI en trenes.

La nota de opinión textual de María Laura Garibaldi, es la siguiente:

Éramos tan jóvenes…

Hoy Patricia Bullrich , Ministra de Seguridad de la Nación, vuelve a autorizar a las Fuerzas de Seguridad Públicas a solicitar a cualquier transeúnte, ciudadano, vecino, el Documento único de Identidad, DNI, en las calles.

Allá por el año 1979, yo tenía 14 años, época de los “asaltos” de los jóvenes, en los pueblos como forma de vinculación entre los adolescentes según la concepción establecida de la época. Para los jóvenes de hoy es imprescindible explicarles que los “asaltos” era una manera de esparcimiento, de diversión, los pibes y pibas nos juntábamos en clubes de barrios, locales sindicales, o en casas particulares cuando tenían espacio suficiente, lugares familiares y seguros, donde las mujeres llevábamos comida y los hombres bebidas (solo gaseosas según recuerdo), y todo transcurría con un candor e inocencia que aun me sorprende, donde la transgresión máxima era jugar al juego de la silla, y lo máximo era el juego de la escoba, donde nos sentábamos en circulo y alguien dispuesto en el centro giraba una escoba en un semicírculo de niñas y niños donde la escoba indicaba quienes debían besarse, y entre encendidas mejillas y una adrenalina inusitada tomaba coraje y besaba al elegido o elegida en la mejilla…qué tiempos aquellos..

Recuerdo un día especial, donde junto a mi prima y vecina en esa tierna edad, 14, 15 años promediábamos las tres, una tardecita partimos a un “asalto” pizza y sándwich en manos. El encuentro era en un sindicato que generosamente nos prestaba las instalaciones.

Entre el mientras tanto, esa noche en el Pueblo, se inauguraba un “boliche bailable”, todo un acontecimiento en un pueblo que no superaba por mucho los 50.000 habitantes…en medio del campo, que aunque relativamente cerca de la Capital Federal, seguía siendo orgullosamente un pueblo rural.

En el ansiado camino que realizábamos a pie, ya que en estos pueblos son pocas cuadras para recorrerlo de norte  a sur y de oeste a este y viceversa, digamos veinte cuadras del centro a cada punto cardinal , nos cruzamos con un pibe que hoy llamaríamos “tarjetero” o “RRPP”, que nos regaló tres entradas al Paraíso….la inauguración del “boliche Bailable” una transgresión  en esos tiempos.

Por supuesto, pizza y sándwich en manos fuimos al “asalto”, serían las 21.30 hs. Cuando el evento estaba llegando a su fin…ya había pasado la hora de los juegos de la silla la escoba y el baile de los lentos, ya se habían enrojecido nuestras mejillas y la adrenalina había recorrido nuestros cuerpos inexpertos, febriles de experiencias por aprender dentro de una inocencia indiscutible y lejos de los acontecimientos de la realidad de la época, lejos de tener conciencia del terrorismo de Estado que nuestro País transitaba, lejos de  habernos imaginado lo que los adultos comprometidos con nuestro País estaban emprendiendo, la lucha con la cruel realidad, lejos de tener conciencia de las torturas y desapariciones de compañeros, de seres humanos...éramos tan jóvenes….

Culminó el “Asalto”, las tres tarjetas de invitación a lo prohibido nos quemaban en las manos… y solo a unas diez cuadras del Pueblo teníamos el pase al Paraíso Prohibido…por supuesto y como corresponde a esa etapa de todos los adolescentes, a esa rebeldía sana, a ese despertar de lo inesperado y al mundo para conquistar, sin cuestionamiento alguno, y por fuerza de nuestra propia naturaleza adolescente nos fuimos a conquistar el Edén…

Llegamos… entramos sin dificultad después de esperar casi una hora en una larga fila. Después de todo, en un pueblo chico,  todos los días no había acontecimientos de significantes dimensiones.

Serían no más de las 23.00 hs cuando entramos en un mundo a media luz, con destellos que surgían de una bola de espejitos gigante que partían del centro de una pista de baile que reflejaban en las paredes como las estrellas del Universo…  y teníamos las estrellas ahí… a unos pocos metros del alcance de nuestras manos. Escogimos un sillón en el primer piso de solo dos, muy cerca de la pista… tomamos coraje y fuimos a la barra a reclamar tres gaseosas que venían incluidas en la entrada al Paraíso. Entre una multitud,  gaseosa en manos,  entre saludos y codazos llegamos al sillón en donde habíamos hecho base. No habíamos terminado de llegar cuando  las luces del boliche se encendieron, se corto la música… entró una” brigada”…policías locales con la policía de la Federal, de los altos mandos… se paralizó el lugar, nadie entendía nada… el Paraíso en ese momento era el limbo, el purgatorio, estábamos entre el cielo y el infierno, pero todavía no lo comprendíamos… Por supuesto… nos pidieron nuestros documentos de identidad…de hecho nadie los tenía, jamás hicieron falta en un pueblo donde todos nos conocíamos… ni en una película de ficción se nos hubiera ocurrido que nos exigieran explicar quienes éramos… nos conocíamos todos…. Ingenua adolescencia…los aires estaban cambiando, pero nuestros sueños estaban muy lejos de la realidad aterradora de lo que estaba aconteciendo… más tarde caímos en la cuenta que la vida no era  color de rosa. Sí, nos pedían un documento de identidad, identidad que nosotros concebíamos como el reconocimiento del otro, de reconocernos como vecinos, como familia, de reconocernos como lo que éramos, una sociedad solidaria con el otro, de amigos, y a nuestra edad, llena de sueños utópicos de futuro, con nuestra propia rebeldía que nos caracterizaba. No lo entendíamos, que les pasaba a los “milicos”? Estábamos tan  lejos de lo que sucedió después.

Como es previsible, todas y todos terminamos en un móvil celular que nos trasladaría a la Comisaría del Pueblo, nadie había entendido necesario llevar un papel que dijera quienes éramos. Nosotros en nuestra pequeña ciudad éramos. Sí, éramos tan jóvenes…

Para lograr tu libertad, tus viejos debían pasar  por la Comisaría, trámite mediante de averiguación de antecedentes,  a retirar a sus adolescentes que todavía motivados por las nuevas experiencias de transgredir la ley nos encontrábamos alborotados sin entender como se dice en los pueblos “ un pomo de la vela”. Las reacciones de nuestros padres fueron disímiles, pero puedo asegurar que el sentimiento que atravesó a todas las familias fue la “vergüenza”. La vergüenza no discrimina idiologias políticas en un pueblo. Se los aseguro. Un grupúsculo de adolescentes éramos el centro de la vergüenza de todas las familias, sin importar las  idiologias. Creo que solo puede pasar esto cuando hay sentido de comunidad, cuando ningún régimen político puede atravesar un tejido social firme, compacto, cuyo trama en cada hilo que lo compone aunque tenga distintas fibras y colores puede armonizar y en ese telar que se teje, encuentra la magia de lograr una manta capaz de amalgamar todos los colores y darle distintas textura con fibras finas, medianas y gruesas, que en esa diversidad la hacen única, fuerte, pero que cada individuo la siente como su propia manta.

 La cuestión al fin era que debíamos presentar “documentos”. Seríamos unos 70 jóvenes sin el “papel”. Nos pusieron sobre una pared del exterior del boliche, en fila, manos contra la pared, y uno a uno nos  subieron a los furgones, abarrotados con más de 25 ilusos por móvil. Igual dentro de nuestra ignorancia lo vivimos como “el carro de la alegría”… éramos tan jóvenes…

Ya en la Comisaría, nos dividieron entre hombres y mujeres. Los funcionarios policiales que eran nuestros fraternales vecinos, a las damas nos dieron un equipo de mate que aún recuerdo tenía hasta café para agregarle a la yerba y el azúcar del mate para resistir la espera de la llegada de los furiosos padres y de los inútiles trámites que el régimen de la dictadura exigía. Los pibes no la pasaron tan bien…los juntaron en un calabozo donde los habitantes habituales del pueblos era algún borracho que alteraba el orden público y dos por tres un “levantador” de quiniela que no había acordado con el Comisario… no más que eso, el hurto era el delito mayor, de alguna gallina o unos sacos de cítricos de algún campo de algún peón que no llegaba a fin de mes.

A los muchachos los sacaron del calabozo comunal y los llevaron al patio de la Comisaría. Los obligaron a limpiar el patio, dándoles como herramientas para tal fin una lata de sardina en suerte de balde, una máquina de afeitar a modo de secador, y trozos pequeños de tela en remplazo de trapos de piso. El sentido era humillarlos, los manguarearon un poco con agua fría, no golpearon a nadie, hubiera sido para ellos brutalidad policíaca, después de todo eran padres de hijos que jugaban con los delincuentes “sin papeles”, y dicho sea de paso hubo dentro de nuestro grupo hijos e hijas  de los propios funcionarios policiales que fuimos juntos, muy juntos, dentro de las furgonetas hasta nuestro único destino. Éramos tan jóvenes…

Esta historia fue real, fue mi primer y único delito… no llevar en una inocente salida de pueblo mi DNI… Hoy temprano escuchaba las noticias en la tv, y se me ocurrió que las nuevas medidas de la Ministra Patricia Bullrich, donde posibilita volver al pasado con medidas retrogradas que se da de patadas con el Estado de Derecho, es vivir un déjá vú, es decir algo ya visto…ya retrocedimos demasiado en estos casi cuatro años de gobierno. La ministra debería tener memoria, y actuar con verdad y justicia. Éramos tan jóvenes…

Sra. Bullrich, hoy aquellos niños y niñas somos adultos. Entendemos que el modelo que Ud. Representa no cierra sin represión, y es imposible cuando 20 millones de argentinos los tiró a la banquina. En las PASO, el Soberano, ese Pueblo que paga su salario, les dijo basta. El Gobierno que UD. Integra subestimó al Pueblo, y por ello el voto fue claro. Les dijo “nunca más”.

Ojalá la Justicia sea de una vez por todas justicia, y que sea en el único ámbito que se pida un DNI, para no errar al momento de juzgar e impartir justicia .Nunca más pedir identificación para perseguir, encarcelar, estigmatizar a ningún Ciudadano  o habitante de buena fe de nuestro suelo Argentino.

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