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Señor de
la Peña
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Atardecer
en Arauco
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En
Arauco, a 95 km de la ciudad de Todos los Santos de la
Nueva Rioja, capital de la provincia de La Rioja, se
venera al Señor de la Peña. Su culto tiene lugar
especialmente durante la celebración de Semana Santa.
La
veneración tiene como punto de partida una inmensa
mole de piedra, ligeramente antropomórfica, con el
perfil de la imagen de Jesucristo. Su leyenda nace
con un humilde pastorcito de ovejas o cabras que
cruzaba este desierto y corría peligro de morirse
de sed junto con sus animales. Oró por su salvación,
y sus ruegos no fueron desoídos. Una tormenta, una
de esas típicas tempestades de verano, brutal y
repentina, se formó en el cielo. El día se
oscureció. Rayos y truenos. El pastorcito se echó
a tierra aterrado. Cuando levantó nuevamente la
vista, estaba allí, delante de él, esa mole que
acababa de desprenderse del morro vecino y que vista
de un costado parecía la escultura fiel de un
hombre, un señor. El Señor de la Peña.
La
devoción y la creencia en los poderes del Señor de
la Peña hace que en Semana Santa acudan millares de
personas a cumplir promesas, portando exvotos de
ofrendas o sacrificio, o simplemente para pedir
salud para ellas o sus familiares, trabajo,
bienaventuranza en el hogar, etcétera.
Los
exvotos por lo general son de ofrenda: velas que
encienden en cantidad tal, que en medio de la noche
el Señor de la Peña queda totalmente iluminado. El
número de velas que lleva cada promesante depende
de la magnitud del favor solicitado, habiendo quien
ha encendido en un solo día más de cincuenta
velas. Además se pegan sobre las paredes de la mole
pequeñas cruces hechas de caña y monedas de
distinto valor.
Los
promesantes llegan desde toda la provincia y aun de
provincias vecinas, especialmente Catamarca, San
Juan y Mendoza. Muchos de ellos pasan la noche
velando. A medianoche se entonan cantos religiosos,
y algunas veces bagualas y vidalas, las que se han
ido incorporando en los últimos años. El espectáculo
se engrandece con la iluminación de las velas y las
sombras proyectadas por los fieles. En las
proximidades se come carne especialmente, y se bebe.
Al dia siguiente se emprende el regreso. Es una
caravana imponente la que marcha a través del llano
y asciende para perderse detrás de los cerros
vecinos.
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