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Padre Mario
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Junto a sus niños
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El padre poco antes de
morir
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"Tengo
el poder de diagnosticar y curar porque Dios lo dispuso. Soy un
brujito malandra que tiene a Dios de su lado" José Mario
Pantaleo nació el 1º de agosto de 1915 en Pistoia, Florencia,
Italia, hijo de Ida Melani y de Rafael Enrique Pantaleo.
Su familia
decidió emigrar a la Argentina debido a la Primera Guerra
Mundial, y fue así que se radicaron en Córdoba. El pequeño
Mario fue internado en un colegio salesiano, y cuando su familia
regresó al viejo continente lo dejaron allí para que siguiera su
educación. Pasados unos años, el padre decidió la vuelta de
Mario a Italia, y en 1931 ingresó en el seminario de Arezzo,
siendo ordenado sacerdote en la Catedral de Mattera el 3 de
diciembre de 1944. En 1948 se enteró de que se solicitaban
sacerdotes que desearan viajar a la Argentina, y no dudó en
volver a ese país que añoraba.
El Padre Mario
se radicó definitivamente en la localidad de González Catán,
donde creó dos fundaciones humanitarias, un colegio primario y
secundario, un jardín de infantes, una escuela para
discapacitados, un polideportivo, un centro de atención a
mayores, un centro de capacitación laboral, una panadería y fábrica
de pastas manejada por personas discapacitadas, un centro médico,
una guardería para hijos de mujeres trabajadoras, una biblioteca
con miles de títulos y un taller textil.
Pero lo que
realmente destacó al Padre Mario fue su don de curar mediante la
imposición de manos. Cientos de miles recurrieron a él a lo
largo de décadas, incluídas personalidades famosas como el
pintor Raúl Soldi, la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat, el
escritor Ernesto Sábato, el historiados Félix Luna, o los
ex-Presidentes Arturo Frondizi y Carlos Menem, entre otros. Desde
la madrugada podía verse cómo la gente se congregaba en las
llamadas "Filas de la Esperanza" en González Catán (y
dos veces por semana en el barrio de Floresta) para buscar alivio
a sus enfermedades.
El Padre Mario
tenía algunos problemas de salud, y cuando se le preguntaba por
qué no se curaba a sí mismo, sonreía y contestaba que
"cuando alguien recibe un don, es para darle a los demás, no
para uno".
Si bien en sus
inicios la policía y los médicos desconfiaban de las actividades
del sacerdote, con el tiempo comprendieron que sólo buscaba
ayudar. El comisario de la zona fue presionado para detenerlo,
pero nunca lo hizo ya que su propio hijo había sido curado por el
Padre Mario. Sin embargo, fue el clero el que nunca lo aceptó
totalmente, y si pudo desarrollar su obra fue gracias a la
comprensión de Monseñor Bufano y, a la muerte de éste, de Monseñor
Meinvielle (ambos obispos de San Justo).
Un caso
curioso ocurrió cuando una mujer se entrevistó con el Padre
Mario y le entregó una fotografía de una amiga afectada por una
grave enfermedad (era común que curara con sólo ver fotografías
o tener en sus manos alguna prenda del enfermo). El sacerdote miró
fijamente a la mujer y le reprochó que le llevara la fotografía
de alguien que ya no estaba en este mundo. Profundamente
conmovida, la mujer confesó que efectivamente la mujer había
muerto hacía un tiempo y que su misión era tender una trampa al
Padre Mario para desacreditar su obra.
El 19 de
agosto de 1992, pocos días después de haber cumplido sus 77 años,
José Mario Pantaleo murió en la Ciudad de Buenos Aires. Su
velatorio en el predio de Gonzáles Catán se extendió por varios
días, y se calcula que entre 15.000 y 20.000 personas acudieron a
la capilla ardiente.
ALGUNOS
TESTIMONIOS
- El
periodista, historiador y escritor Félix Luna cuenta:
"Apenas me miró me diagnosticó qué tenía. Después
fui al médico y me confirmó exactamente lo que el Padre
Mario me había dicho".
.
- Osvaldo
Cocci, quien por años fue Director de Valuaciones de la
Municipalidad de Buenos Aires, dice que: "en enero de
1990 una tomografía computada determinó que tenía un tumor
canceroso de dos centímetros en el pulmón derecho, por lo
que los médicos decidieron operarme urgentemente en una
semana. Fui al Padre Mario, y con su péndulo me confirmó el
diagnóstico diciendo que se podía curar en 60 días. Bajo mi
responsabilidad aplacé por dos meses la operación y visitaba
diariamente al Padre Mario, quien sin tocarme pasaba su mano
por la zona afectada y oraba. A los 63 días me dijo que me
hiciera una nueva tomografía, la que arrojó como resultado
que el tumor había desaparecido. Cuando mi médico vio la
tomografía no podía creerlo y tuve que confesarle que tenía
un asesor espiritual. Mi médico llevó el caso a la Academia
de Medicina". Por último dice Cocci: "a los seis
meses me hice otra tomografía y no hubo dudas, el tumor ya no
existía. Tengo toda la historia clínica a disposición de
quien quiera verla".
.
- En ocasión
del traslado de los restos del Padre Mario desde el cementerio
de la Recoleta a González Catán, el ex Presidente Carlos
Menem dijo: "Yo se que cuando se habla de curaciones hay
muchos que desconfían. Se habló mucho del Padre Mario y de
sus curaciones. Quiero decirles que yo soy uno de los que
recibieron su palabra y su curación". Menem fue atendido
por el Padre Mario a raíz de problemas en sus cuerdas
vocales, enfermedad que hizo correr rumores de que el primer
mandatario estaba enfermo de cáncer.
.
- Irene de
Pintos tenía un tumor en el cuello en 1984. Era inoperable.
La quimioterapia no había resultado y la cobaltoterapia tuvo
que ser suspendida. Estaba desahuciada y lo único que quedaba
era esperar el desenlace. Cuando el Padre Mario la atendió
pasando su mano (sin tocarla) por la zona y rezando, el tumor
desapareció. En los años '86, '87 y '88 se le volvieron a
hacer tomografías y se confirmó que el tumor ya no existía.
.
- Keikichi
Utsumi, un empresario japonés radicado en Argentina, que fue
gobernador del Rotary Club en 1988/89 cuenta: "A mi hija
la curó de un problema de piel que no tenía solución médica
y a mi esposa la sanó de las consecuencias de un ataque
cerebral en apenas un mes. Somos católicos y agradecidos al
Padre Mario, y sobre todo, a Dios".
"MANDY"
SALAS
El último
milagro realizado en vida por el Padre Mario fue en la sala de
Terapia Intensiva del Sanatorio de la Santísima Trinidad, donde
estaba internado en Agosto de 1992 por una deficiencia cardiaca,
la que sumada a su crónico problema respiratorio desencadenaría
su fallecimiento.
Separada del
sacerdote por un biombo estaba la joven norteamericana Amanda
Salas. Mandy, una estudiante de intercambio de 16 años, se había
visto envuelta en un accidente automovilístico que provocó una
lesión en su médula espinal. La joven estaba parapléjica y debía
ser asistida con respirador artificial, y los médicos
consideraban que las lesiones eran irreversibles.
Cuando el
Padre Mario se enteró de esta situación, pidió que su
secretaria le entregara una foto de la chica y que retiraran el
biombo que los separaba. Desde su cama el padre levantaba su mano
temblorosa y bendecía a Mandy. Poco antes de morir, le dijo a su
secretaria que él "se iba a ir", pero que la chica
"se iba a quedar", agregando que volvería a tener
movilidad en "un año y medio o dos".
Con el tiempo,
Mandy fue trasladada a la ciudad de San Diego, California, junto a
su familia, y al poco tiempo no sólo logró abandonar el
respirador, sino que pudo comenzar a mover sus dedos e incluso
pararse de su silla de ruedas.
La misma Mandy
cuenta que una vez en San Diego, acompañó a sus amigas a
consultar a una adivina. Apenas la vio, esta mujer le dijo que
"un hombre mayor, un sacerdote ya fallecido, la estaba
cuidando y dándole ánimos permanentemente". Esta vidente
desconocía lo que había ocurrido a Mandy en Argentina.
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