Lola
Keipja, la última ona chamana. Ella fue la última depositaria
de la sabiduría oral de su pueblo. Como sus ancestros, recibió
la historia de Kenos, el héroe mítico de los desaparecidos
onas.
Los
onas se autodenominaban "selkans", hombre de a pie. Eran básicamente
cazadores. Habitaron en la Isla de la Tierra del Fuego. A comienzos del
siglo XX, fueron sometidos a un exterminio por los estancieros dedicados a
la crianza de ovejas. Algunos pocos lograron sobrevivir en misiones
salesianas. Una obra clásica sobre los onas surgió del tesón del
antropólogo austríaco Martín Gusinde quien, en la década de 1920,
convivió con los onas y presenció su ritual fundamental, el hain.
El 1983, murió Lola Keipja, la última ona. Sus cánticos de estirpe chamánica
fueron grabados por la antropóloga francesa Anne Chapman, autora también
de un importante libro sobre este pueblo, hoy desaparecido. Aquí honramos a
los imaginativos y extintos onas mediante el recuerdo del mito de su héroe
Kenos...
LA
LLEGADA DE KENOS
Kenos,
nacido de la cúpula celeste y enviado de Timáukel, bajó a la Tierra
deslizándose por una cuerda. Cuentan que la cuerda se rompió justo en el
momento en que Kenos se posó en la Tierra y que ése fue el motivo de que
no se volviera al Cielo de inmediato. Porque, aunque venía con una gran
misión, no le gustó lo que vio al echar el primer vistazo. La Tierra era
chata e informe y estaba rodeada por Kox, el Mar. Entonces Kenos creó las
montañas y los barrancos y los distribuyó por el mundo.La luz era escasa y
uniforme, y todas las horas pasaban en un alba perpetua. Entonces Kenos
inventó al Sol y a la Luna. Ordenó a Krren que brillara más fuerte
a mediodía y que se retirara por la tarde para ser reemplazado por la
blanca luz de Krah. Los árboles eran muy bajos y achaparrados porque el
Cielo los aplastaba en su magnificencia. Entonces Kenos empujó la cúpula
hacia arriba y la dejó allí, para que los bosques crecieran altos y
hermosos. Así fue como Kenos puso orden en la naturaleza y cumplió con la
primera parte de su misión.
KENOS, CREADOR DE LOS HOMBRES
Cuentan
que un día Kenos se hallaba cerca de un pantano, contemplando distraído su
maravillosa obra. De pronto tomó un poco de barro, lo exprimió hasta
quitarle el agua y modeló con él los genitales masculinos, que puso con
cuidado en el suelo. Del mismo modo formó enseguida los genitales femeninos
y los colocó suavemente al lado de los otros. Al caer la noche, Kenos
se retiró y, en medio de la oscuridad, los genitales se acoplaron durante
un rato. A la mañana siguiente, cuando Kenos volvió al 1ugar, se encontró
con que un nuevo ser se encontraba junto a las figuras que él había
modelado. Y ese hombre fue el primer antepasado de los onas. Lo mismo pasó
la noche siguiente, y los hombres fueron dos. Cada vez que se ponía el sol,
los genitales se unían y un nuevo ser humano aparecía en el mundo. Pronto
la región estuvo llena de hombres y mujeres, que se reconocieron como tales
cuando vieron que había dos clases diferentes de seres, que en cierta parte
de sus cuerpos se parecían a los modelos creados por Kenos. Ellos fueron
los primeros onas, de piel oscura como el barro del pantano con que Kenos
los había creado. Más al Norte, Kenos encontró arcilla blanca, con la que
formó hombres de cutis claro, que también se distribuyeron por la Tierra.
Entonces Kenos, para que reinara la justicia entre sus criaturas, otorgó a
cada grupo un haruwen, un territorio que pudieran recorrer en busca de caza
y de frutos, un sitio de donde nadie pudiera echarlos. Dicen los que saben
que lo mejor de todo el ancho mando les tocó a los onas, los primogénitos
de Kenos.
LAS
ENSEÑANZAS DE KENOS
Cuando
algún desprevenido pregunta el por qué de las conductas de los hombres,
los onas contestan simplemente: “Kenos los hizo así”. Y ésa es la
verdad, porque el enviado de Timáukel les dio los dones más preciosos y
les enseñó a vivir con felicidad. Cuentan que a Kenos le gustaba mucho
conversar y que, sin pensar que los hombres no podían contestarle, se puso
a parlotear. Pero como hablar solo le resultaba muy aburrido, los instruyó
a todos en la maravilla del lenguaje. Enseguida los onas se entusiasmaron,
comenzaron a conversar unos con otros y ya nunca dejaron de hacerlo. Otra
vez, Kenos enseñó a los onas cómo hacer para que hubiera niños. Les
explicó que hombres y mujeres debían unirse y estableció normas al
respecto. Ordenó a los hombres que no tomaran la mujer de otro y a las
mujeres que no se acoplaran con ningún varón que no fuera su marido. Después,
Kenos determinó las distintas tareas de las que se ocuparían los hombres y
las mujeres para vivir en armonía, aleccionó a los onas para que trataran
a los ancianos con respeto y educaran a los hijos en las buenas costumbres,
de modo que ellos, a su vez, las transmitieran a sus hijos.Y así fue cómo
Kenos cumplió con la segunda parte de su misión.
LA
DESPEDIDA
Un día, Kenos, al que acompañaban tres ancianos,
se sintió cansado: había ordenado la naturaleza, había inventado a los
humanos y creado una civilización. Entonces se acostó para recuperar
fuerzas y se quedó dormido. Dicen que Kenos durmió muchísimo tiempo; que
sus acompañantes trataron de despertarlo pero no lo lograban. Entonces se
dieron cuenta de que Kenos se había convertido en un viejo como ellos y que
tal vez les hubiera llegado a los cuatro la hora de la muerte. Por lo tanto,
se echaron en el suelo y yacieron por edades y edades, esperando la muerte,
pero ésta no llegó. Por fin, Kenos se despertó y decidió ir hacia el
Norte, a una tierra muy lejana adonde tal vez conseguiría morir. De modo
que partió, seguido por los tres ancianos. El camino era muy largo y los
cuatro caminaban con el paso lento de quienes están por abandonar la vida.
Cuando llegaron a destino vieron que se trataba de un lugar lleno de gente.
Los recién venidos pidieron que, una vez que los cuatro se acostaran en el
suelo, los envolvieran en sus capas de piel y los dejaran descansar. Así
ocurrió y de tal forma por fin los encontró la muerte. Pero la muerte no
era eterna, de modo que después de yacer un largo tiempo todos vieron que
Kenos y los demás comenzaban a suspirar y a recuperar los movimientos.
Entonces se irguieron, se miraron unos a otros y comprendieron que eran jóvenes
otra vez. De modo que todos los onas decidieron hacer lo mismo que Kenos. El
que se
sentía tan viejo que había perdido las ganas de vivir se envolvía en su
capa y se tendía en el suelo, como si estuviera muerto. Los que tenían la
suerte de rejuvenecer iban entonces hasta la choza de Kenos, que se apuraba
a darles
un baño para quitarles el desagradable olor del que estaban impregnados, de
la misma manera que él lo había hecho, dejando en el agua los restos de su
vida anterior y alistándose para recomenzar. Pero con el tiempo la vejez se
adueñaba de nuevo de los cuerpos y de los corazones y a veces sucedía que
alguien ya no se levantara más. Sin embargo, no desaparecía, sino que se
transformaba en un cerro, en un pájaro, en una cascada... Cuando a Kenos le
llegó la hora de volver por fin a su casa celeste, los que tuvieron el
privilegio de acompañarlo se convirtieron en las estrellas y los planetas
que pueblan el luminosa cielo de la Tierra del Fuego. (*)
(*)
Fuente:Leyendas
de la Tierra del Fuego, comp. Arnoldo Canclini, Ed. Planeta, Ciudad de
Buenos Aires.