La
higuera ha tenido papel preponderante en el folklore de todos
los pueblos, no ya por sus virtudes narcotizantes o hipnóticas
sino por la magia que ha inspirado a la mentalidad popular. Se
ha dicho que "fue el árbol de la sabiduría de cuya fruta
comió Adán en el paraíso terrenal, y que bajo la higuera se
ocultó el primer hombre, después de su caída. En el folklore
judío la higuera no es un árbol de mal agüero, sino, por el
contrario, emblema de paz, prosperidad y seguridad colectiva. En
la leyenda cristiana se dice que Judas se colgó de una higuera,
árbol que también ocupa lugar importante en la mitología y el
folklore de Egipto, Persia y ,Grecia. Las imágenes de Osiris y
de Príapo, el hijo de Dionisio y Afrodita, que representaba a
la fertilidad de la naturaleza, estaban -labradas en la madera
de una higuera, árbol consagrado, también a Venus''.
Los
guaraníes siempre vieron que en la higuera habitaba una especie
de alma o fantasma que periódicamente producía quejidos. Dicen
que florece en Viernes Santo y que da una sola flor muy
codiciada como gran payé, especie de amuleto para la suerte.
El
criollo hace caso a la leyenda que sobre la higuera cargan los años,
los siglos y la fuerza de la tradición. La planta que no pudo
calmar el hambre del Nazareno, es objeto de muchas leyendas. A
su "mala sombra nada crece; que todo aquel que se cobija
bajo sus ramas se ve muy pronto, atacado de lo qué nuestra
gente da en llamar el "aire" de la planta y que
produce hinchazones en todo el cuerpo, así también como
"mal de ojo" o conjuntivitis.
En
algunas provincias se asegura que en las entrañas de la higuera
tienen su morada legiones de espíritus infernales, y que es
propicio refugio para los duendes. Claro está que para evitar
todo eso, es necesario "curarla". Para hacerlo, que es
la única forma de expulsar de su interior los malos espíritus
que la poseen, basta un pequeño cuchillo filoso, con el cual se
grabará en el tronco de la misma el signo de la cruz, por el
que escapará todo mal humor. "Curada la planta, de maligna
que era, vuélvese igual que cualquiera otra. Su sombra tórnase
acogedora, su savia se emplea en múltiples manifestaciones de
medicina popular, y su corteza sirve para definir uno de los
procedimientos más curiosos de este género, conocido por todos
con el nombre de la "cura por el rastro de la
higuera". Se emplea este método para combatir ciertas
anormalidades umbilicales propias del recién nacido, a quien
por este motivo se le llama "pupulo"; es decir, de
pupo u ombligo grande.
La
criatura enferma. se lleva hasta una higuera curada que produzca
brevas negras, por un tío o pariente de nombre Juan (20). Ya
junto a la planta, el tío toma el piececillo del enfermito y
colocándolo en el tronco de la higuera, del lao del sol, con un
cuchillo o instrumento filoso, se lo va diseñando en la
corteza. Luego se ahueca un tanto el interior del diseño,
terminando con ello la operación. Se afirma que, a medida que
la herida hecha a la planta se va curando, o más bien secando,
el ombligo de la criatura tiende a adquirir su forma normal.
Extraído
de: "El mito, la leyenda y el hombre - Usos y costumbres
del folklore", Félix Molina-Tellez, Editorial Claridad,
Primera edición, Buenos Aires 1947.