Por Dante López Foresi
Gran parte de las expresiones en favor del campo se basan en
críticas personales a Cristina, en el estilo K de gobernar, en dobles discursos
o en reacciones ante apariciones públicas oficiales. Sentí la necesidad, siendo
un periodista de los que creen que quienes se cobijan debajo de una supuesta
"objetividad" en momentos cruciales no son más que temerosos y obedientes
representantes de determinados intereses y no verdaderos profesionales, de
explicar por qué considero que en este momento histórico el peor favor que
podemos hacernos los argentinos es cuestionar destructivamente a la Presidente.
Los líderes o presidentes ocasionales no son relevantes por como son, como se
visten, si son simpáticos o no o por sus actos, sino por los que representan.
Repito esta idea...POR LO QUE REPRESENTAN.
Para terminar con el argumento descalificante de que nuestros males se deben a
una supuesta falta de civilización e inmadurez de nuestra dirigencia, digamos
que Berlusconi, Sarcozy, Sharon, Tatcher,
Bush, Aznar o Putin no son precisamente ejemplos de estadistas y seres centrados
y superados. Son emergentes de esas sociedades que nos llevan siglos de
experiencia institucional. La mayoría de ellos no creo que supere
intelectualmente ni como referentes ideológicos a Chávez, Fidel Castro, Ché
Guevara, Salvador Allende o Perón, para poner solo algunos ejemplos.
Tampoco habla demasiado bien de esas sociedades desarrolladas el turismo sexual
pedófilo, el crecimiento del narcotráfico, la tortura legalizada de Israel o la
xenofobia institucionalizada. Son fenómenos no tan arraigados en la sociedad
latinoamericana precisamente. Desestimemos las argumentaciones que nos colocan
varios escalones por debajo de los países desarrollados. Nuestro proceso
histórico actual posee las particularidades de nuestra identidad. Como siempre.
Dije que en mi opinión los liderazgos son relevantes por lo que representan, más
que por las particularidades personales de los líderes. Para poner algunos
ejemplos, nadie que razone con criterio "ruralista" en boga en estos días podría
rescatar la figura de Fidel Castro -por ejemplo-
ya que en lo objetivo fue un típico dictador latinoamericano, que impone desde
las alturas y habla desde el escenario tratando al pueblo como infradotado
(esa crítica se esgrime contra Cristina y Néstor). Pero REPRESENTA la liberación de los pueblos sometidos a
manos de un enemigo común. Amamos a Fidel porque es odiado por nuestro enemigo.
Así, nos encolumnamos los pueblos detrás de liderazgos. No importan las
políticas coyunturales. Los mismos pueblos empujan a sus líderes en una
dirección u otra según las circunstancias. Si no están a la altura debida, los pueblos
se los devoran. Las vanguardias son solo expresiones grotescas de los genuinos
liderazgos.
Hoy, existe un eje de presidentes sudamericanos que REPRESENTAN los intereses
opuestos a los de nuestro enemigo de siempre. En esta etapa histórica no importa
demasiado lo que coyunturalmente estos presidentes hagan o las decisiones que
tomen en políticas sectoriales en cada uno de sus países. Son relevantes por lo que representan más que
por lo que hacen. Si no hacen lo debido, serán puntillosamente devorados por la
historia. Y de eso se trata mi acercamiento al gobierno más que al campo. No me
importa si los Kirchner beneficiaron desde hace 5 años a los grandes productores
monopólicos: me importa que se vieron empujados a dejar sentado desde el
discurso que las retenciones sirven para distribuir el ingreso y enfrentar a las
corporaciones. Y ahora deberán hacerlo. No me importa si acordaron una
tregua con Clarín: me importa que para no ser devorados
por la historia no les quedará más remedio que aprobar una ley de radiodifusión
antimonopólica. Se me podrá decir que soy muy crédulo y que seguramente el
gobierno acordará finalmente con los grandes grupos mediáticos. Es altamente
posible. Pero al menos tendremos una nueva ley desde la cual resistir. No soy de
los que esperan un presidente revolucionario para empezar a serlo. Sé de las
limitaciones no ya de Cristina como se las observa permanentemente desde el
campo y sus aliados de clase media y alta, sino de los pueblos latinoamericanos
para llevar a cabo actos revolucionarios en la región. Y soy consciente de que
la institucionalidad y la vigencia de la constitución implican en la actualidad un
verdadero acto revolucionario.
Si de todo el proceso contemporáneo concluimos en tener una sociedad más
respetuosa de la ley y más participativa, habremos dado un gran paso histórico.
Lo ingenuo sería suponer que un presidente que no use carteras caras y aros con
diamantes, mientras mantenga las formas civilizadas puede "llevarnos" a la
civilización. Al menos esta presidente no simula pobreza. Ellos también son nuestros emergentes.
Y esa palabra es la clave de mi oposición a la protesta del campo: emergentes.
Esos dirigentes de formación dudosa, la derecha patética de Cecilia Pando, la derecha
peligrosa de Macri y la aún más peligrosa -en la práctica y esencia- de
Carrió son emergentes de lo peor de
la historia argentina. Se unen, como siempre lo hicieron, para desestabilizar NO
a una presidente, sino a un proceso histórico inevitable, en pos de sus propios
intereses electorales: el del crecimiento
cualitativo de las sociedades latinoamericanas, el de los gobiernos que le
dijeron NO al Alca, el de los juicios a represores de la dictadura y –sobre
todo- combaten esta ola ideológica de intervencionismo estatal que está siendo
exitosa y por ello aleja cada vez más el regreso del liberalismo que –sin
embargo- sigue siendo la ideología dominante de las capas medias de los pueblos
de Latinoamérica. Hasta un burgués consumado como Tabaré Vázquez no tuvo
más remedio que imponer el control de precios. ¿Lo hizo por convicción o porque
su pueblo lo empujó a ser más intervencionista? ¿No tiene nada que ver el
entorno sudamericano y este momento histórico con esa decisión?
Y volviendo a los liderazgos y a mi idea de que los pueblos empujan los procesos
históricos en un sentido u otro según a qué lideres sigan y a lo que estos
líderes REPRESENTEN SIMBÓLICAMENTE, es harto evidente que en la actualidad
argentina no tengo ninguna duda: si el liderazgo de un modelo lo encarnan
Cristina y Néstor desde la politica, Madres y Abuelas desde las organizaciones
sociales, Victor Heredia y Teresa Parodi desde el espectáculo o los medios
independientes y alternativos desde la prensa (solo para poner algunos ejemplos)
y en la vereda de enfrente tenemos a Carrió y Macri desde la política, Pando y Miguens desde las organizaciones sociales,
Mirtha Legrand y Sofovich desde el
espectáculo y Grondona Y Longobardi desde la prensa...pues NO TENGO LA MENOR
DUDA DE DONDE DEBO ESTAR UBICADO.
Y si vamos al discurso, tampoco me quedan dudas de colocarme del lado de la
distribución del ingreso y no del de la defensa de la renta extraordinaria de
tipos que ganan fortunas mientras destruyen la tierra con la sojización. Y
recuerdo que los que lideran la lucha por las
economías regionales son los mismos que formaron parte gustosamente del Estado-Caja
tan típico del liberalismo.
Podrá decirme que simplifico demasiado. Y es así deliberadamente. Creo que los
procesos históricos más importantes se explican sencillamente. Podemos explicar
la revolución cubana con absoluta simplicidad. ¿Por qué debemos ser complicados
al explicarnos la actualidad argentina? La complejidad se las dejo a las
vanguardias intelectuales, de las cuales jamás quise formar parte y que jamás
formaron parte de ningún hecho histórico relevante. Los artículos periodísticos
son disparadores de debates. No somos científicos de la prensa, sino
comunicadores entre ciudadanos. Es a Usted a quien corresponde enriquecer el
debate o no. Y devorar a no a sus líderes en cada elección.
Mi filosofía de vida me ordena tomar partido y no ser tibio
cuando corresponde. Y creo que hoy, corresponde. Tengo y me reservo miles de críticas para los K. En lo
personal no me cae demasiado bien Cristina desde mis épocas de cronista
parlamentario. Pero jamás nadie dudó de su capacidad ¿Por qué hacerlo ahora? Néstor me parece
simpático y es de Racing como yo. Pero ¿qué pensaría si forjara mis opiniones sobre esas bases
endebles? Es justamente lo que están haciendo centenares de nuevos caceroleros y
dirigentes opositores que intentan aprovechar la onda verde campestre.
No me hizo falta ser radical para no dormir 5 noches luchando
desde un micrófono para sostener a Alfonsín cuando atentaron contra la
democracia. Y si hay algo que mi origen, mi ideología, mi vida y mi instinto
siempre me permitieron, fue detectar al golpismo. Esta protesta es claramente
golpista. En todo sentido y en cada área. Es golpista desde lo económico. Desde
lo mediático. Desde lo político y desde lo cultural. Si revisa, encontrará
nombres y apellidos enemigos en cada una de esas áreas. Actúo ideológicamente
independientemente de quién sea el presidente. Y la definición de golpismo es la
desestabilización inducida para obtener réditos políticos y acceder al Poder.
¿Cree realmente que todos quiénes protestan lo hacen porque son sensibles a las
manos ajadas de los campesinos?
Para sintetizar, creo que si bien no solo podemos, sino
DEBEMOS cuestionar el estilo K de gobierno si es que este nos afecta o no nos
complace, ya que precisamente eso es la base de un sistema democrático genuino,
también pienso que cuestionar personalizadamente a Cristina y hacer bajar sus
encuestas de imagen (sin contar los sondeos truchos o nunca probados que se
hacen circular adrede) nos provoca en la actual coyuntura un daño como sociedad
y como proceso latinoamericano que quizás pueda hacernos desaprovechar una
oportunidad histórica única. Cristina no es una mujer que usa aros, sino una
Presidente con un perfil ideológico que se lo debe considerar en el paisaje
total sudamericano. Quiero criticar al gobierno de Cristina, pero no pienso
en lo personal formar parte de esta intencionalidad manifiesta en horadar su
poder emanado del voto popular.
Como siempre, quedan muchos "argumentos" por esgrimir. Habrá notado
que no me importan mucho el precio de los alimentos a nivel internacional, la
opinión de la prensa extranjera o las cosas en las cuales muchos críticos del
gobierno se detienen
pormenorizadamente. Tampoco miro encuestas para saber cuáles opiniones pueden
ser simpáticas o antipáticas para mis lectores. La experiencia militante y de vida me indican qué lugar debo
ocupar, y lo hago. Creo haberme equivocado solo un par de veces en la vida a la
hora de votar o decidir una posición política. Y
justamente esas veces traicioné a mi instinto y mi origen. Esta vez no pienso hacerlo.