EL CHURRINCHE

Nombre científico:  Pyrocephalus rubinus

Clase: Ave
Subclase: Neornithes
Familia: Tyrannidae
Género: Pyrocephalus
Especie: Pyrocephalus rubinus
Subespecies: P. rubinus (propia de la Argentina)

Sus dimensiones aproximadas son:

 El macho es de muy vistoso color. En la cabeza se destaca un copete rojo fuego, en medio del rojo escarlata brillante del resto del cuello y de la cabeza, del pecho y de la zona ventral. Una banda gris oscuro y pardusco, que nace en el pico, le cubre el ojo y el oído. Ese mismo tono oscuro se repite en el cuello, las alas y la cola. El pico y las patas son de color negro. El iris de los ojos es pardo. El rojo brillante que distingue la cabeza se va diluyendo hacia abajo hasta una coloración rosado-blancuzca en las plumas subcaudales. El pliegue del ala es rosado, en tanto las subalares son negras.

  La coloración  de la hembra es bien diferente, opacada y de escasa vistosidad. La coloración gris ceniciento; más clara por encima que el macho, por debajo es blanquecina, con el pecho estriado en tono ceniciento. El vientre, los flancos y las subcaudales varían en tonos que van del blancuzco al amarillento. Cuando los tonos son más intensos, como sucede en algunas razas, la zona ventral se presenta ligeramente rosada o color salmón.

Los pichones nacen cubiertos por un plumaje similar al de la hembra, aunque algo más grisáceo. Semanas después de dejar el nido ya empiezan a distinguirse por la coloración escarlata del macho adulto.

El Churrinche, también es llamado viudita roja, pecho colorado, bola de fuego, brasa de fuego, fueguero federal, solito, carbón de fuego, viudita roja, sangre pura, en Brasil: churrincho, príncipe, Passarinho de verao; en Chile: Saca tu real; en Guaraní: Guirá-pitá, en Quechua: quarhí-raji (brasita de fuego).

Es un ave paseriforme cuya característica más llamativa, como indica su nombre científico, es el plumaje de los machos. Éstos tienen el vientre, el pecho y la zona superior de la cabeza de color rojo muy intenso. El resto es negro, como el pico y las patas. Las hembras son pardas, con el pico listado y el vientre rojizo. Es insectívoro y caza tanto en el suelo como en vuelo. Se encuentra en matorrales secos y bosques claros, desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina, y en las islas Galápagos.

Clasificación científica: el churrinche pertenece a la familia Tiránidos. Se clasifica como Pyrocephalus rubinus.

 Defiende el nido a ultranza frente a aves de mayor tamaño; esta actitud ha dado el nombre común de tiranos a la familia.

El Churrinche (Leyenda tehuelche).

 Ulian era un indio tehuelche que poseía extraordinarios poderes. Todos lo amaban y respetaban en su tribu y no sólo sus hermanos, los indios; lo amaban también las plantas y los animales, con los que podía hablar porque conocía todos sus idiomas y podía entenderse con ellos a las mil maravillas.

 Fueron ellos, los animales del bosque, los que, cuando Ulian era niño, lo salvaron de una muerte horrible...

 Cierto día, el indiecito se sentó en el bosque para hablar seriamente con un insignificante pajarito gris al que él llamaba "Churrinche". Como tantas otras veces, Ulian trataba de convencerlo de que él era tan útil y bello como los otros pájaros, pero el churrinche no se convencía:

-¿No ves que no tengo ni una pluma de color? ¿No te das cuenta de que soy tan chiquito que casi no se me ve? Mírame bien: ¡Soy feo!... ¡muy feo!

 Tan seguro estaba el pajarito de lo que decía, que creía que todos pensaban lo mismo que él y, por eso, andaba siempre solo, así nadie podría compararlo con las bellísimas aves multicolores que habitaban el bosque.

Tan ocupado estaba el indiecito con su pajarito desvalido, que no oyó acercarse a un gigante malvado que vivía en las cercanías y que tenía mucha envidia de los poderes mágicos de Ulian.

 En un abrir y cerrar de ojos había atado pobre niño y lo había encerrado en una cueva, que había tapiado totalmente, esperando que muriera.

 Pero... sin darse cuenta, el gigante había dejado una pequeña hendidura sin tapar, y por allí se coló el churrinche. Con su débil pico intentó desatar las cuerdas que inmovilizaban al prisionero, pero tenía tan poquita fuerza que no pudo conseguir nada.  Además, el gigante, al darse cuenta de su presencia, lanzó un rugido tan fuerte que le arrancó todas las plumas de su copete.

- Andá y pedí ayuda a mis hermanos, los animales, ellos me ayudarán;  dijo Ulian con el pensamiento, ya que estaba amordazado.

 El churrinche estaba tan asustado y desesperado que se olvidó de su vergüenza y de un solo vuelo aterrizó en el claro del bosque, donde estaban reunidos los animales y les contó, casi llorando, lo que pasaba.

 Rápidamente, se formó un congreso y quedó preparado el plan: el tucutuco cavaría un túnel desde su guarida hasta la cueva y por él sacarían a Ulian.

 Esperaron a que se hiciera de noche y comenzó la tarea; si bien es cierto que el jefe era el tucutuco, todos los animales ayudaban a sacar la tierra y despejar el túnel, hasta que por fin llegaron a las paredes de la caverna.

 Allí escucharon unos golpecitos que Ulian pegaba con los talones para indicar su posición y, en el mayor silencio, el tucutuco cavó un gran orificio.

 El churrinche, mientras tanto, se había vuelto a meter en la cueva, para hacerle compañía a Ulian y ver los pormenores del rescate.

 Entre todos los animales arrastraron al prisionero, todavía atado y amordazado, por  el túnel recién cavado, rumbo a la guarida del tucutuco, donde pensaban esconderlo.

 Ya estaban por empezar la marcha, cuando  el gigante se despertó y lanzó un feroz rugido.

 El churrinche se llevó un susto mayúsculo, pero lo primero que pensó era que debía avisar a sus amigos que el gigante estaba furioso, y lo primero que se le ocurrió fue ponerse a gritar tan fuerte como el gigante (en realidad, eso creía él):

- churruit... churruit... churruit... churruit...

  churruit... churruit... churruit... churruit.

 El gigante, más enfurecido que antes, por semejante batifondo, le arrojó una gruesa espina que se clavó profundamente en el pecho del pájaro, y se dedicó a perseguirlo.

 Los animales aprovecharon para proseguir con el rescate, mientras el tucutuco iba taponando el túnel recién construido

 Cuando estuvo seguro de que Ulian estaba a salvo, el churrinche, totalmente ensangrentado, dejó de gritar y, con las pocas fuerzas que le quedaban, voló hasta un chañar, a cuyos pies cayó desmayado.

 Allí lo recogió una calandria, que lo llevó hasta Ulian que, con unos pocos pases mágicos lo curó, pero decidió que para siempre llevara el color de la sangre en su plumaje, como muestra de su coraje y valentía. 

 Y, por esa causa, el churrinche ya no es gris, sino que tiene los colores que tanto envidiaba a las otras aves.

Fuente: http://www.redargentina.com

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