![".. esta encantada [...] a la orilla de un gran lago ..."](http://www.agenciaelvigia.com.ar/scesares1.gif) |
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"... esta encantada
[...] a la orilla de una gran lago..."
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Lago Faulkner
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"La
ciudad de los Césares esta encantada en la cordillera de los
Andes, a la orilla de un gran lago. El día de Viernes Santo se
puede ver, desde lejos, como brillan las cúpulas de sus torres y
los techos de sus casas, que son de oro y plata macizos..."
Esta leyenda
surgió en el siglo XVI, durante la conquista española, y describía
un paradisíaco paraje patagónico donde se asentaba una ciudad
fantástica, repleta de metales preciosos. Sus habitantes poseían
grandes riquezas, y las tierras regidas por esta ciudad eran
excelentes para la explotación agrícola y ganadera. La también
llamada Ciudad errante era una ciudad de plana cuadrada, como
Buenos Aires; de piedra labrada y edificios techados con tejas que
refulgían bajo el sol. Sus templos , e incluso el pavimento eran
de oro macizo. Algunas versiones la ubicaban en un claro del
bosque, otras en una península, y algunas incluso dicen que
estaba en el medio de un gran lago y contaba con un puente
levadizo como único acceso. Abundaban en ella el oro y la plata,
de la cual estaban forradas las paredes. Con estos metales también
se hacían asientos, cuchillos y rejas de arado. Tenía campanas y
artillería, las cuales se escuchaban de lejos. Algunos dicen que
al lado de ella hay dos cerros, uno de diamante y el otro de oro.
Los historiadores ven en esta leyenda un intento de la corona española
por impulsar la colonización de las tierras del sur de América,
que si bien eran importantes en términos estratégicos, eran muy
peligrosas y no resultaban tan atractivas a los ojos de los
conquistadores como los territorios del Perú.
La Ciudad de
los Césares llegó a convertirse en un verdadero mito de la
conquista, al igual que El Dorado o la leyenda de las Amazonas.
Existen numerosas descripciones de este lugar, y no faltaban los
testigos que declaraban bajo juramento las maravillas que de ella
habían presenciado. En una antigua crónica española se puede
leer lo siguiente: "Tenía murallas con fosos, revellines y
una sola entrada protegida por un puente levadizo y artillería.
Sus edificios eran suntuosos, casi todos de piedra labrada, y bien
techados al modo de España. Nada igualaba la magnificencia de sus
templos, cubiertos de plata maciza, y de ese mismo metal eran las
ollas, cuchillos, y hasta las rejas de arado. Para formarse una
idea de sus riquezas, basta saber que los habitantes se sentaban
en sus casas en asientos de oro. Eran blancos, rubios, con ojos
azules y barba cerrada. Hablaban un idioma ininteligible a los
Españoles y a los Indios; pero las marcas de que se servían para
herrar su ganado eran como las de España, sus rodeos
considerables".
Los nombres
que recibió esta comarca son variados: "Ciudad
Encantada", "En-Lil", "Lin Lin", "lo
de César"' o "Los Césares". "La Ciudad de
los Césares" fue el que prevaleció, y se ha tratado de
explicar el origen de este nombre en el viaje del capitán
Francisco César venido con Sebastián Gaboto. Este capitán, según
cuenta Ruy Díaz de Guzmán en la "Historia Argentina del
Descubrimiento, población y conquista de las Provincias del Río
de la Plata" salió en 1526 de Sancti Spiritu, a orillas del
río Paraná, hizo una entrada a través de unas cordilleras y
halló gente muy rica en oro y plata y en ganados y carneros de la
tierra con cuya lana fabricaban ropa muy bien tejida. Cargado de
presentes regresó al fuerte, que halló destruido y tras largo
peregrinar llegó al Cuzco. Otros orígenes indican que los
pobladores de la ciudad eran náufragos de la expedición de Simón
de Alcázaba que habían sido abandonados en el Estrecho de
Magallanes, o incluso se llegó a hablar de un grupo de incas que
huyendo de la conquista habrían formado una población al sur del
Continente. También se relaciona con este mito a una de las naves
de la expedición del Obispo de Plascencia Gutiérrez Vargas de
Carvajal (1539), que se perdió en el Estrecho dejando 150 hombres
en tierra, entre los que probablemente se encontraban el
comandante de la expedición fray Francisco de la Rivera y el
capitán Sebastían Argüello. La tradición también dice que la
ciudad recibió a los infortunados pobladores de las colonias Jesús
y Rey Felipe (1583) fundadas por Pedro Sarmiento de Gamboa, o
incluso a los pobladores salvados de la destrucción total de la
ciudad de Osorno en 1599, parte de los cuales se dirigieron a
Chiloé y otros cruzaron la cordillera y, aparentemente, plantaron
extensos manzanares.
El hecho es
que fueron varios los que intentaron encontrar esta fantástica
ciudad patagónica:
- El propio
Juan de Garay intentó la difícil empresa de encontrar la
ciudad perdida, pero murió antes de concretarlo. Hernando
Arias de Saavedra (Hernandarias) sale de Buenos Aires en 1604,
y durante 4 meses busca la ciudad junto con 200 hombres y
numerosas carretas, llegando hasta el río Colorado. Gerónimo
Luis de Cabrera la busca desde Córdoba en 1622. Ambos
encaminan sus expediciones hacia las zonas de las pampas y la
Patagonia.
.
- En 1620,
proveniente de Chiloé (Chile), el Capitán Juan Fernández
cruzó la cordillera y llegó hasta el lago Nahuel Huapi. El
relato de este viaje se convierte en la primer crónica sobre
la región.
.
- Retomaron
el proyecto dos gobernadores de Tucumán, también sin suerte.
.
- En 1673
tampoco tuvo suerte el padre jesuita Nicolás Mascardi, que
mezclaba en sus expediciones el celo misionero con la
esperanza de encontrar esta ciudad de Lin-Lin, y llegó hasta
Punta Vírgenes, junto al Atlántico.
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- En 1707,
el explorador Philip van der Meeren murió envenenado por el
cacique Tedihuén mientras se encontraba abocado a la búsqueda.
.
- En 1716,
el padre José Guillelmo corrió la misma suerte en la toldería
de Manquinuí.
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- En 1717
fue el turno del padre Francisco Helguea, quien fue lanceado
mientras los indios atacaban e incendiaban su campamento.
.
- En 1781,
a partir de la propuesta del Cap. Don Manuel Josef de Orejuela
para emprender la conquista de los Césares, el gobierno de
Chile reunió nueve volúmenes de antecedentes que se
conservan en los archivos. De estos papeles Don Pedro de
Angelis, hizo un extracto que publicó en su "Colección".
.
- El Padre
Menédez realiza varios viajes entre 1783 y 1794 para
encontrar la mítica Ciudad de los Césares. Fue el ultimo
viajero que la busco.
Como ya he
dicho con anterioridad, sus habitantes son descriptos como altos,
rubios y barbados, y hablan una lengua extraña, aunque en algunas
versiones indígenas de la leyenda se dice que es el español. Según
diversas fuentes, pueden ser considerados inmortales, o personas
totalmente libres de enfermedades que sólo mueren a una edad
elevada. Algunos dicen que son exactamente los mismos que fundaron
la ciudad, ya que no nace ni muere nadie en la Ciudad Encantada.
Algunas versiones dicen que son dos o tres ciudades (sus nombres
son Hoyo, Muelle y Los Sauces). Tienen vigías para detectar la
proximidad de intrusos e impedirles el acceso. Hay versiones que
dicen que es invisible para los que no son habitantes de ella, a
veces uno la puede ver justo al atardecer o el Viernes Santo. Se
la puede atravesar sin siquiera darse cuenta. Algunos dicen que es
errante, o sea, que para encontrarla hay que limitarse a esperarla
en un sitio.
En 1764 el
ingles James Burgh publicó una ficción sobre la Ciudad de los Césares,
en la que la describía como una utopía.
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