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viernes 18 diciembre 2020 4731 Vistas

Periodista villero: el conmovedor testimonio de un egresado de la UNDAV


Nelson Santacruz es flamante Licenciado en Periodismo de la Universidad Nacional de Avelleneda y compartió un emocionante testimonio.

Un joven habitante de la Villa 21-2 llamado Nelson Santacruz se recibió de Licenciado en Periodismo en la UNDAV, la universidad pública de Avellaneda. 

A continuación, el elocuente y conmovedor testimonio que compartó en redes sociales:

Quién, qué, cuándo, dónde, por qué: cómo. Me recibí recién en la Villa 21-2 pandemia de por medio, gracias a la solidaridad. Nunca será breve tipear la alegría, ni el agradecimiento a las personas que tanto me dieron. Mi carrera es un montón de retazos desde el momento uno que llegué de Paraguay a la Argentina. Directo al basural de Rafael Calzada desde donde reciclé mi primera carpeta para estudiar en el 4to grado. Después me mudé a mi barrio que era también otro basural, de donde no sólo sacaba mi ropa o algunos útiles sino mi ranchito mismo que fue de bolsas y alfombras hasta los 13 años; y en todo ese tiempo mi cama era una puerta con patas de baldes, que también funcionaba para hacer mis tareas. Mientras las maestras me acompañaban en cada paso, hasta dándome abrazos necesarios, entendí que no servía de nada ahondar en las meritocracias pelotudas. Dejé de victimizarme muy temprano y miré de reojo las romantizaciones de mi entorno.

Porque ¡apa! Es muy difícil ser villero, migrante, gordo y otras hierbas para tener tu primer laburo en "blanco" mintiendo con tu dirección para que te den la posibilidad de ser precarizado. Y para hacerla corta, no fue para nada fácil sostener anímicamente la academia. Los vecinos de los barrios populares tenemos demasiadas cosas en contra, con nuestras respectivas historias particulares, para poder fehacientemente "teñir la universidad de pueblo". Es un desafío que todavía debe resolverse en el plato de cada día y en la garantía plena de la identidad, la salud, el disfrute y la educación integral en la niñez y la adolescencia. Por ahora, es un sálvese quién pueda. Mejora, sí, pero no es suficiente. Y cuando no es suficiente no se agradece un carajo al sistema, con todo su aparataje asistencial que tira salvavidas pero aún deja a muchísimos más ahogados. Y lo digo desde la canoa hecha mierda que me tocó remar.

No estuve sólo, y ahora sí vienen las gracias. No alcanzaría la lista pero para mí hay tres columnas vertebrales que me emocionan y no tengo manera de sintetizar. La primera es, inexorablemente, La Poderosa donde milito desde que ingresé a la Universidad Nacional de Avellaneda soñando con hacer periodismo. Mis compañeras y compañeros (uno a uno) confiaron en mí para formar parte de un colectivo enorme y hermoso donde las y los vecinos escribimos, diseñamos, dibujamos, fotografiamos nuestras propias historias. Y claro, en esta cuarentena ese mismo enorme colectivo me garantizó la conectividad para concretar mis estudios. Los segundos y enormes abrazos los recibí en las aulas y quiero resumirlo en un nombre: Maru Balbiano . Es decir, ¡LOS CUMPAS! El secreto, el sostén, la complicidad, la gauchada a la hora de no rendirse nunca en cualquier carrera es tener compañerxs como ella. Seres maravillosos que te prestan hojas, un oído o consejos para no decaer.

Y por último (y no escribo más) mi madre: Otilia. No, no se imaginan. Pero ella es la verdadera licenciada acá. Yo tenía 7 años cuando la vi muy temprano haciendo fuego a leña. Oti agarró una plancha viejísima y la empezó a calentar en las brasas para así planchar mi uniforme escolar. No había luz, ni tanta comida, el agua del pozo sabía a sal, no había laburo, yo vendía bingos a los vecinos, la calle era barro gris, se inundaba el ranchito, nos cagaban a palos diariamente pero yo llegaba con la ropa reluciente gracias a ella. Oti sólo tiene séptimo grado encima pero hasta hace poquito me cebaba tererés para calmarme, para decirme que todo iba a estar bien, para escucharme aunque no entendía nada de mis parciales. Economista, docente, enfermera, cocinera, psicóloga, abogada y todo. Todo.

Siento, a veces, que el periodismo no alcanza con ser libre para no ser una farsa. Hay tanto por ahí suelto entre los zócalos, los titulares, los likes y el dial escupiendo los casquillos de la mentira. Nuestro desafío es transformarlo.

Pero ya basta, ¿no?Para qué tanto, si para mí no se acaba.

Agradezco muchísimo esas tres columnas en este tránsito de 6 años. Orgulloso de orgullos que todavía no me salen decir, que se vendrán pronto de la mano de nuevas experiencias para nada fáciles. Pero nada nunca lo es, ¿verdad? Ya está, desde ahora puedo etiquetarme como "Licenciado en Periodismo". Aunque la posta es que soy un periodista villero, graduado de una universidad pública del conurbano.

 Gracias miles, gracias por absolutamente todo.

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