USURPACIÓNDE NUESTRAS ISLAS MALVINAS

Conla partida del personal español de Puerto Soledad las islas quedaron nuevamentedeshabitadas. Para el historiador norteamericano J.C.J. Metford, durante los próximosdiez años las islas se convertirían en res nullius . Durante esetiempo, las Malvinas sólo fueron visitadas por buques balleneros de diversasnacionalidades en búsqueda del refugio que ofrecía su recortada geografíacostera.
    Recién en 1820 el gobierno de las Provincias Unidas realizóuna demostración de soberanía enviando a la fragata Heroína, al mando delcoronel Daniel Jewett (de origen norteamericano), a tomar posesión de lasislas. El 6 de noviembre de 1820, Jewett, desde Puerto Soledad (ex-PuertoLouis), formalizó la posesión de las Malvinas en nombre del gobierno del Ríode la Plata. El oficial actuando en nombre del gobierno de Buenos Aires ocupólas islas invocando el principio de uti possidetis. Este principio, segúnlo entendían los estados latinoamericanos a principios del siglo pasado, definíala soberanía territorial en base a los antiguos límites administrativoscoloniales. Los juristas europeos y norteamericanos no aceptan, en general, esteprincipio. Para ellos el criterio de soberanía esta dado por la ocupaciónefectiva del territorio.
    A partir de la acción de Jewett, los buques extranjeros dela zona fueron informados que se encontraban en territorio de las ProvinciasUnidas. Por lo tanto, estaba prohibido pescar y cazar en las islas. En casocontrario, los infractores serían enviados a Buenos Aires para ser juzgados.Según Perl, esta declaración tiene implícito un problema: el límite sur delVirreinato del Río de la Plata nunca había sido especificado, por lo que losreclamos de dominio de las Provincias Unidas hacia el sur corrían el peligro deconvertirse en ilimitados.
    Es importante señalar que la noticia de la toma de posesiónpor la Argentina fue publicada tanto en España como en los Estados Unidos enagosto de 1821. Este hecho no generó la protesta de Gran Bretaña. En 1825 estepaís firmó un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con las ProvinciasUnidas y a la vez reconoció su independencia, y en ambos actos tampoco se hizoreferencia alguna a la ocupación de las islas por parte del estadosudamericano.
    En 1823, para reforzar la soberanía, fue nombrado PabloAreguati como gobernador. Al mismo tiempo, el mismo gobierno concedió JorgePacheco y a su socio Luis Vernet (francés naturalizado argentino) el derecho aexplotar ganado vacuno y pesca en la Isla Soledad. Un primer intento de Pachecopor establecerse en las islas fracasó. El segundo intento, realizadopersonalmente por Vernet, tuvo éxito en 1826. De modo que hasta esta fecha nohabía existido un establecimiento de las Provincias Unidas en las islas.
    Poco más tarde, a principios de 1828, a raíz de un informeenviado a Buenos Aires por Vernet, el gobierno de Buenos Aires le concedió elderecho exclusivo de pesca en las aguas adyacentes y amplió la concesión dePacheco. La colonia fue declarada libre de tributos excepto para elmantenimiento de las autoridades locales.
    El 10 de junio de 1829, Vernet fue nombrado con el cargo dePrimer Comandante Político y Militar de las islas. El texto del decreto esimportante porque en él se exponen claramente los presupuesto del gobierno delRío de la Plata que justifican la posesión del archipiélago:

Cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810 se separaron estas provincias de la dominación de la Metrópoli, la España tenía una posesión material en las islas Malvinas, y de todas las demás que rodean al Cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho del primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa y por la cercanía de estas islas al Continente que formaba el Virreynato de Buenos Aires, de cuyo Gobierno dependían. Por esta razón, habiendo entrado el Gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas Provincias la antigua metrópoli, y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas a pesar de que las circunstancias no han permitido ahora dar a aquella parte del territorio de la República, la atención y cuidados que su importancia exige, pero siendo necesario no demorar por más tiempo las medidas que pueden poner a cubierto los derechos de la República, haciéndole al mismo tiempo gozar de las ventajas que pueden dar los productos de aquellas islas, y asegurando la protección debida a su población; el Gobierno ha acordado y decreta:
Artículo 1°: Las islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en el Mar Atlántico, serán regidas por un Comandante Político y Militar, nombrado inmediatamente por el Gobierno de la República...

Resumiendo,la Argentina fundamentaba sus derechos en cuatro puntos, a saber, que Españaposeía las islas previamente, que esta posesión había quedado justificada porel derecho de ocupación, que las principales potencias marítimas así lo habíanreconocido, y finalmente, que las islas en cuestión se hallaban próximas alterritorio del antiguo virreinato. Por este acto, Vernet se había convertido enfuncionario de un estado encargado de hacer cumplir las leyes del país.
    Paradójicamente, al mismo tiempo que el gobierno argentinonombraba a Vernet gobernador, en las islas Británicas otros ingleses habíancomenzado a interesarse nuevamente por las Malvinas. Según Ferns, en julio de1829 un ciudadano inglés llamado Beckington envió una carta al PrimerMinistro, Lord Aberdeen. En ella solicitaba al gobierno de Su Majestad queestableciera una colonia en las islas. A los argumentos estratégicostradicionales se le agregaron otros. Una vez más, se señalaba la granimportancia de éstas "para fortalecer el poder naval británico".Además "ofrecían una base que permitiría eliminar las actividades decorsarios y piratas". Finalmente, "facilitaría la pesca de laballena". A ello, un teniente de la Royal Navy agregó, "la ventajosaposición de las islas Malvinas para acrecentar el tráfico marítimoaustraliano".
    Ante el nombramiento de Vernet, el gobierno de Su Majestadreaccionó. Lord Aberdeen inmediatamente ordenó a Woodbine Parish, cónsulgeneral británico, protestar ante el gobierno de Buenos Aires y para ello enviócuidadosas instrucciones. La protesta debía sustentarse en que las acciones delgobierno de Buenos Aires habían sido "cumplidas sin referencia a lavalidez de las pretensiones que Su Majestad constantemente afirmó a la soberaníade las islas". Dichas instrucciones incluyen, también, los verdaderosmotivos de la decisión:

El Gobierno inglés se dá cuenta de la importancia creciente de éstas las islas; los cambios políticos ocurridos en Sud América y la naturaleza de nuestras relaciones con los diversos Estados de que se compone, unido a nuestro extenso comercio en el Océano Pacífico, hacen altamente deseable la posesión de algún punto seguro donde nuestros buques puedan abastecerse y, si es necesario, carenarse. En la posibilidad de hallarnos empeñados en una guerra en el Hemisferio Occidental, tal estación sería casi indispensable para poder continuarla con éxito..."

La protesta formal contra laocupación argentina de las Malvinas fue finalmente elevada por Parish alministro de relaciones exteriores Guido el 19 de noviembre de 1831. Segúnresume Goebel el documento, las Provincias Unidas asumieron "una autoridadincompatible con los derechos de soberanía de su Majestad Británica sobre lasislas Falkland". Más aún, "estos derechos no habían sidoinvalidados por la evacuación de las fuerzas de su Majestad en 1774, dado queesta medida se había tomado a los efectos de generar economías, cuando seefectuó la evacuación se habían dejado marcas de posesión, y se habíanobservado todas las formalidades que indicaban los derechos de propiedad, asícomo la intención de reanudar la ocupación".
    En el momento del reclamo británico la caza de focas habíaalcanzado un grado tal de depredación que Vernet a partir del 30 de agosto de1829 comenzó a comunicarle a los capitanes de los buques pesqueros en el árealas nuevas disposiciones por medio de una circular. Es importante recordar quese le había otorgado a Vernet el derecho exclusivo de la caza de focas, por loque una disminución en las loberías afectaba directamente sus intereses. Poreste motivo, las actividades debían cesar de inmediato bajo amenaza de serapresados y enviados a Buenos Aires para ser juzgados. Se dice que los pesquerosextranjeros parecían no tomar el aviso seriamente. Bajo estas circunstancias,se produce la captura de tres buques pesqueros norteamericanos, Harriet,Superior y Breakwater, por parte de las autoridades argentinas en lasislas.
    Este incidente ha cobrado gran importancia histórica porqueel proceso culmina con la ocupación británica de las islas. Finalmente, sóloel primero fue enviado a Buenos Aires junto con los documentos probatoriosnecesarios para el juicio. En él también se embarcó Luis Vernet y su familia.El Harriet arribó a Buenos Aires el 19 de noviembre de 1831. Dos díasdespués, el cónsul de los Estados Unidos, George W. Slacum, presentó unreclamo al gobierno argentino por la captura y detención de las navesnorteamericanas. Desde el inicio de la crisis, los Estados Unidos sostuvieroncomo ejes principales de su reclamo, primero, no reconocer a Vernet comofuncionario del gobierno argentino, por lo que sus acciones fueron calificadascomo meros actos de piratería. En segundo término, reivindicaron la libertadde acción de las naves pesqueras de ese país en todo el Atlántico Sur,desconociendo soberanía y derechos exclusivos de pesca como los acordados entreEspaña y Gran Bretaña, con exclusión de otras naciones.
    Existe en algunos estudiosos de ese período una tendencia aenfatizar que el agravamiento del conflicto entre ambos estados americanos sedebió más a los rasgos de personalidad e impericia de los representantesnorteamericanos y a las características de la diplomacia inaugurada por elpresidente de ese país, Andrew Jackson, que a la naturaleza misma del hecho. Esdecir, que se debió más a un problema de actitudes que de principios. Así,Goebel califica a Slacum como "una persona sin experiencia diplomática yabsolutamente sin tacto o juicio". El historiador inglés, H. S. Fernssecunda la opinión anterior caracterizando al estilo de Slacum como el productode la creencia que "el elemento esencial de la diplomacia era afirmar, enel lenguaje más destemplado posible, los derechos, naturales y evidentes por símismos, del pueblo de los Estados Unidos a cazar y pescar donde quisieran".En nuestra opinión, Metford presenta una visión más precisa de la naturalezadel problema, "lamentablemente para Vernet, los asuntos de los EstadosUnidos en Buenos Aires estaban en manos de ...Slacum, quien estaba indignadoante la visión de naves de los Estados Unidos bajo arresto por fuerzas deun gobierno por el cual parecía tener poco respeto". Más adelanteveremos en las opiniones del cónsul a que se refiere Metford con "pocorespeto".
    El texto del reclamo del cónsul se basaba en lasdeclaraciones del capitán del Harriet, Gilbert Davison. Slacum semostró consternado por el hecho de que un buque norteamericano dedicado alcomercio pacífico fuera capturado y preguntaba al gobierno de Buenos Aires siéste tenía intenciones de reconocer dicha captura. Al mismo tiempo, el cónsul,informaba al Departamento de Estado de su país. Cuatro días mas tarde, elministro de relaciones exteriores, Tomás de Anchorena, le respondió que elasunto era estudiado por el Ministerio de Guerra y Marina y que posteriormentesería elevado para su consideración del Gobierno. Slacum no se sintiósatisfecho con la respuesta de Anchorena e insistió en que la nota era unaprotesta formal. La respuesta de Anchorena fue que la investigación estaba encurso. Además no reconoció a Slacum con capacidad o poderes para tratar losasunto concernientes a ambos gobiernos. Goebel califica la repuesta como fría.Para Slacum esta fue una respuesta insatisfactoria y tomó contactoinmediatamente con el capitán Silas Duncan de la corbeta U.S.S. Lexington,presente en el puerto de Buenos Aires, y juntos acordaron proteger los interesesde los ciudadanos norteamericanos dedicados a la pesca y posibilitar lacontinuación de sus actividades comerciales. El cónsul norteamericano informóal gobierno argentino que la corbeta navegaría hacia las Malvinas el día 9 dediciembre si la propiedad de su país no era restituida. Goebel califica a lanota del diplomático norteamericano como "desmedida" e"insultante". Este ultimátum es considerado por aquel como el pico dela indiscreción del norteamericano. A ello se le agrega el comportamiento delCapitán Duncan, quien fuera de los canales de la diplomacia tradicional, exigióla rendición inmediata de Vernet para ser enjuiciado como ladrón y pirata.
   La situación entre los Estados Unidos y el gobierno de Buenos Aires llevó alacercamiento entre el cónsul norteamericano con el representante de Gran Bretaña.El cónsul inglés, Parish, se reunión con Slacum y le informó que lasProvincias Unidas no tenían derechos sobre las islas y que Gran Bretaña nuncahabía renunciado a sus derechos sobre las mismas. De acuerdo con Goebel, estainformación tuvo el efecto de endurecer la posición del norteamericano. El cónsulSlacum negó la existencia del decreto de nombramiento de Vernet y aconseja a sugobierno la conveniencia de "aumentar inmediatamente nuestras fuerzasnavales en este Río [de la Plata".
    El 28 de diciembre de 1831, enarbolando bandera francesa, lacorbeta Lexington arribó a Puerto Soledad. Una partida desembarcó ydestruyó el asentamiento, tomando prisioneros a la mayoría de sus habitantes.El día 8 de febrero de 1832 el buque norteamericano arribó al puerto deMontevideo con seis de los prisioneros engrillados y otros en calidad depasajeros. Todos fueron luego liberados en el puerto. Antes de abandonar lasislas, Duncan había declarado a éstas libres de todo gobierno (res nullius).
    La noticia de las acciones de Duncan en las Malvinas produjoindignación en el gobierno de Buenos Aires, quien respondió a través de unaproclama pública del 14 de febrero de 1832 que el gobierno se comprometíaencontrar una satisfacción ante tal acto. Al mismo tiempo, el gobierno deBuenos Aires protestó ante el cónsul norteamericano Slacum, solicitando que éstefuera reemplazado y suspendió nuevos contactos con él.
    En las cartas siguientes, Slacum expone al SecretarioLivingstone otra prueba que, en su opinión, muestra la debilidad de los títulosargentinos. Esta es la decisión de Vernet de no capturar naves de bandera británica,dado que el gobernador no se sentía lo suficientemente seguro de apresar buquesdel mismo país con que se disputaba el territorio. En una segunda carta sulenguaje se vuelve más crítico respecto de los reclamos de las ProvinciasUnidas y parece condenarlas a no poseer el territorio en litigio basándose enlas características despóticas de la nueva nación.
    Con respecto al cambio de representante norteamericano,Gustafson, sostiene que "si el gobierno [argentino] esperaba un tratamientomejor por parte de otro funcionario norteamericano, estaba equivocado". Ensu mensaje anual del 6 de diciembre de 1831, el presidente, Jackson, mencionóel incidente de la captura del Harriet, calificándolo de pirático,perpetrado por un grupo que "pretendió" responder a la autoridad deBuenos Aires. La versión de lo sucedido había llegado al presidente a travésdel relato de la tripulación de uno de los pesqueros que participaron delincidente, el Breakwater. En esas circunstancias, el presidente instóal Congreso a preparar una fuerza naval para proteger los intereses de losciudadanos norteamericanos en mares del sur.
    Para ese entonces, el gobierno de los Estados Unidos envióun nuevo representante al Río de la Plata. Francis Baylies fue encargado deasegurar la aceptación de la libre navegación y pesca en las aguascircundantes y el uso de las facilidades, refugio y protección que las islaspudieran brindar por parte del gobierno argentino . En este caso, para Goebel,el nuevo diplomático tampoco "era temperamentalmente adecuado" parallevar adelante las negociaciones. La gestión de Baylies agravó los errores deSlacum, "cuando intentó hacer admitir a[l ministro] Maza que el gobernadorVernet era un pirata". Sin embargo, en una carta "private &confidential" al Secretario Livingston, Baylies reconoce la existencia deldecreto, conferido por el gobierno de Lavalle por intermediación del GeneralMansilla. De gran interés es que en la misma misiva evalúa las característicasdel gobierno y habitantes de la argentina. Es importante transcribir el párrafocompleto:

Señor, es una verdad y una tristeza que la gente de estas regiones no tiene idea de ese sentimiento que nosotros llamamos amor al país- la tarea de gobierno es un trabajo y sus cargos son considerados como una clase de empleo para enriquecerse- una suerte de licencia para recibir sobornos. No hay ni consistencia, ni estabilidad, o libertad en esa República Argentina- Las revoluciones de esta gente son insurgencias- su saber son la chicanería y el engaño (chicanery and trick)- su patriotismo una jactancia, su libertad una farsa- una tribu de Indios bien organizada tiene mejores nociones de ley nacional, derechos populares y política interna.

En la visión de este diplomático,en esa época, los argentinos eran considerados inferiores a una tribu de indiosnorteamericanos en cuanto al conocimiento de la ley, derechos y principios depolítica. Finalmente, sostiene que sus opiniones no están basadas enprejuicios sino que son secundadas por el "Señor Fox [representante inglés],por cada francés inteligente y aún por el representante del Brasil quienes[según el norteamericano] califican a los miembros del Gobierno como ¡bárbaros!".Como era de esperarse, su gestión culminó con la ruptura de las relacionesdiplomáticas entre ambos países durante los siguientes once años.
    De acuerdo con Gustafson, durante todo este período laArgentina trató de ejercer soberanía sobre las islas al mismo tiempo queestaba organizando su vida política. A diferencia de los juicios vertidos porlos representantes norteamericanos, para él, la existencia de "anarquíaen áreas remotas durante el período formativo de un país no necesariamenteconduce a la pérdida de soberanía nacional" y por lo tanto, "lasMalvinas no eran indiscutidamente res nullius luego del incidente del Lexington".
    Según Ferns, el representante de los Estados Unidos comunicóa Henry Fox, nuevo representante británico en Buenos Aires, que su gobierno"estaba dispuesto a reconocer la soberanía británica" a cambio delreconocimiento de derechos de libre pesca.
    Entre tanto, el gobierno de Buenos Aires nombró como nuevogobernador de las Malvinas al Mayor Esteban Mestivier, con el objeto deestablecer una colonia penal. Éste, acompañado por 25 soldados, viajó en lagoleta Sarandí y se hizo cargo del gobierno de las Malvinas el día 15de noviembre de 1832. Nueve días después, la misma nave, al mando de José MaríaPinedo, partió para realizar un viaje de inspección por los mares y costas dela región. El nombramiento de un nuevo gobernador y el envío de un buquearmado a las islas fue calificado por el representante de Estados Unidos no sólocomo un acto "ineficaz" sino también considerado como una"negación directa" de los reclamos de Gran Bretaña. La caracterizaciónde "ineficaz" no puede sorprender, ya que en diciembre se habíaproducido en Puerto Soledad un levantamiento de los soldados que habíaculminado con el asesinato del gobernador Mestivier. La nave argentina, alregresar a Puerto Soledad, puso fin a la sublevación. Por otra parte, Bayliestambién conjeturaba que esta medida obligaría a Gran Bretaña a actuardecisivamente dado que ésta "no podrá renunciar a un derecho de caráctertan elevado y tan bien fundado como el suyo en favor de esta pequeña(petty) nación [Argentina] para que sea utilizada con fines de piratería".
    El juicio de Baylies era tan rotundo que ya vuelto a losEstados Unidos predice que "cualquier colonia que emanare de Buenos Aires yse establezca en las Falklands, se convertirá inevitablemente en pirata".
    Según algunos comentaristas, hacia fines del año 1832 lasituación fue considerada como propicia por los ingleses para restablecer sudominio sobre las islas. En agosto de 1832 el Almirantazgo británico solicitóal Foreign Office enviar al almirante de la zona sudamericana, con el fin deejercer el derecho de soberanía de la corona sobre las islas. El PrimerMinistro Palmerston aceptó. Gran Bretaña buscaba reafirmar un derecho que, segúnsu interpretación, estaba claramente establecido. Gustafson señala al procesocomo "fluido", en donde el problema residía, en ese momento, en que"las islas no eran res nullius, sino que no estaban claramentereconocidas por la comunidad internacional como bajo la soberanía de unestado". Esta situación fluida ayudaría a los ingleses. El 20 dediciembre de 1832 arribó a Puerto Egmont la corbeta Clio y más tardese le uniría el buque de Tyne. Según Goebel, el capitán del primero,Comandante Onslow, además de fijar un aviso de posesión, intentó reparar lasruinas del viejo fuerte. Más tarde, el 2 de enero del año siguiente, lacorbeta ancló frente a Puerto Soledad. El comandante Onslow informó a Pinedoque había arribado para ejercer los derechos de soberanía sobre las islas ennombre de Su Majestad Británica. Según una orden escrita, Pinedo deberíaarriar la bandera argentina al día siguiente y reemplazarla por la inglesa. Alno cumplirla, los británicos lo hicieron por él. Finalmente el día 5 de enerode 1833, Pinedo y unos cuantos habitantes abandonaron las islas a bordo de lanave Sarandí.
    Sin embargo, dado la importancia de este evento, creemos quees oportuno citar en detalle y comparar dos relatos sobre lo que aconteció. Enprimer lugar presentaremos el punto de vista argentino en lo que se considerauna precisa versión:

Como correspondía, Pinedo mandó a uno de sus oficiales en visita de cortesía a la nave inglesa y a cambio recibió una intimación para arriar el pabellón argentino y desocupar las islas, no había estado de guerra.
Pinedo, en un primer momento, reaccionó como correspondía. La situación que enfrentaba era difícil; su buque era muy inferior desde el punto de vista bélico, al inglés, aunque podía hacer una defensa honrosa por algún tiempo, pero tenía otros inconvenientes. La gente que tenía a su bordo [Sarandí] era en su mayoría inglesa y solamente unos pocos eran criollos. El segundo de a bordo, el teniente Elliot, era estadounidense. Consultó a todos, los ingleses manifestaron que cumplirían con su deber; el práctico que se desempeñaría como tal, pero no combatiría. Los cinco grumetes... dijeron que combatirían y la tripulación, que era de unos 80 hombres, manifestó que seguirían las órdenes que se le dieran.
Empezó entonces Pinedo a ejecutar su plan [de defensa]...le dió armas para los 18 soldados que estaban en la guarnición de tierra y se dispuso a cumplir sus instrucciones...Pero a medida que pasaba el tiempo, la fe de Pinedo fue decayendo.
A las 9 de la mañana del 3 de enero de 1833 los ingleses desembarcaron, primero izaron en un mástil que traían la bandera inglesa luego arriaron la nuestra, la plegaron pulcramente y se la enviaron a Pinedo para que se la llevase. El 5 de enero Pinedo, con unos cuantos habitantes a bordo, abandonó las islas y puso proa a Buenos Aires.

El punto de vista inglés serápresentado en el relato de un participante, el propio comandante Onslow, queinformó a sus superiores el 19 de enero de 1833:

LLegué [a Puerto Soledad] el 2 de enero de 1833, y encontré un destacamento bajo bandera de Buenos Aires, con veinticuatro soldados, y también una goleta nacional de guerra [la Sarandí] bajo la misma bandera. Presenté mis respetos al comandante de la goleta [Pinedo], quien me informó que era el comandante en tierra y mar. Le informé cortésmente el objeto de mi misión, le pedí que embarcara sus fuerzas y que arriara su bandera, ya que él estaba en una posesión que pertenecía a la Corona de Gran Bretaña. Al principio él asintió, a condición de que yo pusiera lo mismo por escrito, lo que hice, meramente manifestando lo que había comunicado verbalmente, viz., que venía a estas islas a ejercer el derecho de soberanía sobre ellas, y decliné cualquier posterior comunicación escrita sobre el tema. En la misma mañana del tres, a las 5 a.m., él me visitó, para pedirme le permitiera dejar flameando la bandera de Buenos Aires en tierra hasta el Sábado 5, día en que finalmente se iría llevando consigo la fuerza y a los colonos que expresaron el deseo de dejar la Isla. Le dije que su pedido era inadmisible, y que debía cosiderar que estaba en un puerto que pertenecía a Gran Bretaña. Viendo que vacilaba, y que era reacio a quitar la bandera, inmediatamente desembarqué, icé la bandera nacional, y ordené que se bajara la otra enviándola con un mensaje cortés a la goleta nacional.

Se observa que ambos textos secomplementan. Se ve que, entre los participantes, hubo intercambio de cortesías.Por supuesto que en este caso, los británicos se hallaban respaldados por unapotencia de fuego decisiva.
    Cuando el gobierno argentino supo de lo acontecido en lasislas, el ministro de relaciones exteriores Maza citó a su despacho alrepresentante británico, quien nada sabía aún. Según aquel, "elgobierno de Buenos Aires no podía ver en ellos sino un gratuitoejercicio del derecho del más fuerte...para humillar y rebajar a un puebloinerme e infante".
    Según Metford, Gran Bretaña justificó sus acciones en basea tres argumentos: 1. ella continuaba con la jurisdicción que habían ejercidodurante el siglo XVIII; 2. que nunca había reconocido derecho alguno delgobierno de Buenos Aires a los nombramientos de Vernet y Mestivier; 3. las islasse habían convertido en res nullius, bajo ninguna autoridad, tanto porel abandono de la islas en 1811, como por la destrucción del asentamiento deVernet por los norteamericanos en 1831. En consecuencia, ello permitía laocupación por parte de cualquier poder que pudiera sostenerla.
   A partir del 17 de junio de 1833 se estableció el patrón de discusiones diplomáticasentre ambas países para los años sucesivos. En esa fecha, Manuel Moreno,representante argentino ante el gobierno inglés, presentó la protesta de sugobierno en la forma de un largo documento escrito tanto en inglés como enfrancés. Principalmente, la "Protesta", como se la conoce, desarrollalos fundamentos ya expuestos en el controvertido decreto de nombramiento deVernet del 10 de junio de 1829. Las Provincias Unidas del Río de la Plata, comocomunidad política independiente, reconocida por Gran Bretaña y otros estados,sucedió a España en los derechos territoriales de ésta en esa jurisdicción.Las Malvinas habían sido claramente patrimonio de la Corona española. Por lotanto, dado que la soberanía española sobre las islas había cesado por laindependencia de sus territorios en América, Gran Bretaña no tenía derecho areclamo alguno, "por derechos ya extinguidos". La respuesta británicatardó en llegar. Seis meses más tarde, 8 de enero de 1834 Palmerston lerespondió a Moreno. En lo fundamental, el ministro inglés reitera que losderechos de Su Majestad Británica nunca se extinguieron, porque su Majestad Católicahabía restablecido el asentamiento inglés en 1771 y que al abandonar PuertoEgmont, por causas de austeridad, se habían dejado señales de la pertenencia ala Corona Británica.
    A partir de los hechos y de las opiniones de los actoresresulta fácil visualizar esta circunstancia como una en la que un país enformación reclamaba como propio un territorio cuya situación aún no se habíaresuelto plenamente. Gran Bretaña y España se habían enfrentado por las islasen el siglo anterior, aunque la primera no consideró que valieran una guerra.Con la desaparición de España de la escena y su reemplazo por un estado enformación y por lo tanto frágil, con títulos débiles, y contando con elapoyo de los Estados Unidos, fue sencillo reclamar nuevamente el territorio parasi, sin arriesgarse a un enfrentamiento serio. Así, "el título fuetransferido a Gran Bretaña porque ésta conquistó las islas y ha mantenido sininterrupción su control sobre ellas".
    Con respecto al desarrollo de éstos acontecimiento, algunosautores, como Gustafson, agregan que, históricamente se critica a los EstadosUnidos por no haber aplicado la Doctrina Monroe frente a la acción británicade enero de 1833. Sin embargo, la inacción norteamericana parece demostrar queéste país consideraba al territorio de las islas no como una nueva colonia.Para Metford, esto demostraría también que los Estados Unidos nunca tomó enserio los reclamos argentinos. Los analistas norteamericanos también sostienenque los Estados Unidos considera a la doctrina Monroe como una declaración depolítica a la que puede renunciar unilateralmente. Otras explicaciones de índolemás pragmática pueden ser, por una parte, que el interés vital de los EstadosUnidos al enunciar dicha política estaba en la parte norte de hemisferio y, porotra, el poder de disuasión que poseía la Royal Navy.

Fuente: http://www.argentina-rree.com/3/3-039.htm