Anoche pude ver y escuchar
la última presentación de Silvio Rodríguez en el Luna Park de Argentina. Un estadio colmado con rostros adolescentes, jóvenes y cuarentones. Un clima de emoción que es una muestra más de
cómo las sociedades en crisis se cobijan en el arte y la poesía para respirar.
Los desubicados carteles publicitarios de Coca-Cola colocados estratégicamente
como para demostrarnos que “primer mundo” nos permite escuchar a un trovador,
no pudieron vencer ese espíritu de unión americana que Bolívar, San Martín y
Guevara comenzaron con las armas y los pueblos sostienen con el arte.
“Silvio!!!...Maestro!!!-gritó un adolescente desde la tribuna: “Más maestro serás tú”,
respondió Silvio desde el escenario. Y nos regaló sus reacciones poéticas ante
la injusticia y frente al amor y la desesperanza. Recordó a Bagdad...”si
hasta Disney World sigue explotando a Aladdin ”. Cantó junto a la gente (y no
al revés), su “Ojalá” tan amada. Reconoció que aquellas canciones que
más nos gustan...las clásicas, tiene que cambiarlas permanentemente en su modo
de interpretarlas porque “sinceramente ya no las soporto de tanto cantarlas”.
Sin embargo, cuando
Silvio comenzó a cantar esas canciones acompañado solo por su guitarra (como buen trovador), tuve una extraña sensación. Lo vi más joven, y no en
sentido figurado. Lo vi delgado y joven como en aquel 1985 cuando presentó esas
mismas canciones en Obras Sanitarias. Esa ilusión óptica me dejó pensando el
resto del recital. “Te doy una canción y hago un discurso sobre mi derecho a
hablar”- Y sentimos todos que ese cubano no le estaba cantando a la multitud, sino
a nosotros...uno por uno...individualmente....inolvidablemente. Muchos compartimos
la sensación de que la de anoche fue la última presentación en vivo de Silvio Rodríguez en Argentina. No sé porqué sentimos eso, pues
no tiene explicación lógica.
Y sentí por primera vez un profundo deseo de inmortalidad. Pero no para mi. Hay hombres que son imprescindibles, dijo Bertold Brecht. Sentí deseos de tener una sola inmortalidad para regalársela a ese cubano. ¿Qué será de nosotros y de todos estos adolescentes hijos de nuestra generación...sin esa poesía?, pensé. Talvez fue una ocurrencia por aquello que él mismo nos estaba cantando: “seamosun tilín mejores, y mucho menos egoístas”.