En
el principio de los tiempos, Kóoch vivía sumido en las
tinieblas que envolvían la tierra. Contemplando su
terrible soledad, comenzó a llorar, y el río de sus lágrimas
formó Arrok, el mar primordial. Cuando Kóoch consideró
que había ya agua suficiente, dejó de llorar y su
aliento creció hasta convertirse en un fuerte viento que
separó las tierras y las aguas.
Pero
la oscuridad seguía reinando sobre el mundo. Cansado de
las sombras, Kóoch realizó un corte en las tinieblas
originales, de modo que una mitad siguiera siendo oscura y
la otra se iluminaría con un gran resplandor. Esta luz
primigenia fue Kéenyenken, el Sol. El calor generado por
esta nueva deidad era algo desconocido en el mundo, y las
aguas comenzaron a evaporarse y formar densas nubes. Las
nubes deseaban volver a Arrok, y se revelaron contra el
Sol, produciendo truenos, relámpagos y rayos, tratando de
mitigar el calor con intensas lluvias. Kóoch, viendo la
caótica situación, ordenó a Kéenyenken que disminuyera
su excesiva energía, y le indicó que tenía prohibido
ingresar en la mitad del cielo en la que reinaban las
tinieblas.
Kóoch
se dio cuenta que las tinieblas insondables no eran algo
bueno, y decidió crear a Kéenguenkon, la Mujer-Luna.
Pero ella resultó un ser maligno e increíblemente
poderoso; una bruja poseedora de terribles seres como el
Guanaco Macho y el Avestruz Macho, que se ocupaban de
matar a los hombres que disgustaban a Kéenguenkon.
Kéenyenken
comenzó a sentirse sólo, y decidió cortejar a la
Mujer-Luna. Su amor fe correspondido, y de ellos nació
Karro, la estrella vespertina. Como regalo por su
nacimiento, su madre le otorgó el dominio sobre las
mareas.
Mientras
tanto, Kóoch había creado una isla habitada por
gigantes, donde también vivían los animales-hombres.
Nosjthej era un monstruoso gigante que raptó a la
mujer-ratón y con ella engendró a Elal. Cuando descubrió
el embarazo, asesinó a su esposa y abrió el su vientre
con un cuchillo de piedra, ansioso por comer el feto, pero
en ese momento oyó un gran estruendo que venía del fondo
de la tierra. El sobresalto hizo que descuidara a Elal,
que fue rescatado por su abuela Térrguer, la ratona de
campo, quien lo escondió en lo más profundo de su cueva.
Cuando Elal tuvo la fuerza suficiente, dio muerte a su
padre luego de una feroz lucha.
Elal
montado en el lomo de su amigo Kóokne, el Cisne, voló
rumbo a la Patagonia mientras lo rodeaban bandadas de
coloridas aves. Luego de un largo viaje descendieron en la
cima de Chaltén (el monte Fitz Roy), junto al lago
Viedma. Una vez que recorrió sus nuevos dominios, Elal
creó a todos los seres vivos que poblarían el lugar. Los
humanidad fue su más preciada creación, y para ellos
Elal elaboró los más hermosos regalos: dividió el
tiempo en estaciones, les dio el fuego, el arco y las
flechas, les enseño a cazar y a cocinar, estableció el
matrimonio, las reglas morales, y la prohibición del
incesto. También se enfrentó a los seres malignos que
ponían en peligro la existencia humana, pero para separar
a los hombres de los dioses debió introducir la muerte.
Cuando
finalizó su creación, Elal se sintió sólo y decidió
encontrar una compañera. Luego de pensar quién podría
ser digna de desposarlo, Elal llamó al cisne Kóokne para
que lo transportase al cielo, a los dominios del
Hombre-Sol. Elal se presentó frente a Kéenyenken y Kéenguenkon,
y les pidió la mano de la bella Karro, la estrella
vespertina. La malvada Kéenguenkon le exigió que
cumpliera difíciles pruebas, creyendo que de ese modo lo
desanimaría, pero Elal pudo superarlas y ganó el corazón
de Karro. Ambos retornaron a la Patagonia sobre el lomo
del cisne, rodeados por bandadas de bellísimas aves.
Por
un tiempo ambos fueron muy felices, pero Karro añoraba
ver su reflejo sobre las azules aguas del mar, aquellas
sobre las que su madre le había otorgado amplios poderes.
Elal se compadeció de su tristeza y la acompañó hasta
la orilla del océano. Tal fue la emoción de la joven al
verse nuevamente frente al océano que se transformó en
sirena y se sumergió para siempre en las profundas aguas.
Elal
comprendió que su misión en la tierra había llegado a
su fin, así que se transformó en un pájaro y voló con
el cisne rumbo al este, hacia el sitio en que el cielo se
une con el mar. Al llegar al horizonte del este subió al
cielo, y en su nueva morada se ocupó de recibir las almas
de su gente, encargando al espíritu Wendeunk que se
ocupara de acompañarlos en su último viaje.
Wendeunk
es el oponente de los tres espíritus malignos que
nacieron del vientre de Tons, la Noche, pero las personas
deben mostrarse dispuestas a ayudar a este espíritu
benigno, pues no puede enfrentarse solo a los gigantes
demoníacos. Es invisible y guía a las personas desde que
nacen hasta que mueren, protegiéndolas en los momentos
difíciles. Cuando lleva a la gente hasta la morada
celestial, informa a Elal sobre todas las cosas buenas y
malas que hizo la persona en su existencia terrenal.
Fuente:
http://ar.geocities.com/argentinamisteriosa/tehuelches.htm