Muchos
vegetales tienen cualidades mágicas que el pueblo utiliza con
sus respectivas leyendas, creyendo a pie juntillas lo que de los
mismos se dice. Una de las plantas muy utilizadas por magos y
curanderos es la ruda, de la cual, no sólo en América, sino
también en muchos pueblos de Europa, se dice que es propicia
para la hechicería. En el norte, la ruda se utiliza como
amuleto, pues, llevando un gajo en el bolsillo ahuyenta a las
brujas y a los malos espíritus.
Existe la
ruda hembra y la ruda macho, las que he conocido en el norte
argentino. La primera es de hojas pequeñas y tupidas, y la
segunda de hojas grandes y planta más recia. Recuerdo que teníamos
en nuestra casa una planta de ruda macho, y los vecinos nos tenían
cansados de tanto pedirnos "gajitos"; unos decían que
para remedio, y otros para espantar malos espíritus.
Esta planta
tenía virtudes magníficas: nos avisaba cuando entraba una
persona desconocida en la casa. Apenas el forastero cruzaba el
lugar donde se hallaba la planta, ésta despedía un olor
extraordinario que apestaba la casa. No sucedía con nuestros
familiares el caso citado.
El Padre
Hernando Castrillo (39) escribía de la ruda lo siguiente:
"La ruda tiene muy conocidos provechos. Dicen los naturales
que su zumo preserva al que se previniere con él de picaduras
de abejas, avispas, escorpiones y arañas. Aristóteles, que
impide el mal de ojo. Plinio, que es más provechosa plantada al
pie de una higuera. Gaudencio, que un palo de esta raíz puesto
en la oreja quita el dolor de cabeza, y que la mujer que está
con su regla, pisándola, la sana. Laguna refiere de algunos que
dicen tiene gran fuerza contra los demonios y contra todo
hechizo. Los naturales dicen que extingue el ardor libidinoso en
los varones y lo aviva en las mujeres. Plinio advierte que la
del campo causa hinchazón en las manos que la tratan; y el zumo
de la cañaheja la sana: ésta es caliente y seca en cuarto
grado; la doméstica en el tercero. Y ésta es muy válida para
las mujeres apasionadas del mal de madre, como nota Galeno; y
califica su zumo para los colirios, porque quita la oscuridad de
la vista".
Extraído
de: "El mito, la leyenda y el hombre - Usos y costumbres
del folklore", Félix Molina-Tellez, Editorial Claridad,
Primera edición, Buenos Aires 1947.