ORIGEN DE LOS SÍMBOLOS Y RITOS DE NAVIDAD

RITOS Y COSTUMBRES

El por qué de tantos símbolos y liturgias

 


El calendario

Al fijare esta fecha, quedaron también fijadas la de la Circuncisión y de la Presentación; la de la Expectación y, quizás, la de la Anunciación de la Santísima Virgen María; también la del Nacimiento y Concepción del Bautista (cf. Thurston en Amer. Eccl. Rev., Diciembre, 1898). Hasta el siglo décimo la Navidad era considerada, en los documentos pontificios, el inicio del año eclesiástico, como se sigue haciendo en las Bulas; Bonifacio VIII (1294-1303) restauró temporalmente esta costumbre, la cual Alemania sostuvo durante algún tiempo más.

 

Las celebraciones populares

El códice Theod., II, 8, 27 (cf. XV, 5,5) prohíbe, en el año 425, los juegos del circo durante el 25 de diciembre; aunque no fue hasta el Códice de Justino III, 12, 6 (529) que esta prohibición fue realmente impuesta. El Segundo Concilio de Tours (can. XI, XVII), en el año 566 ó 567, proclama la santidad de los "doce días" desde la Navidad hasta la Epifanía, y el deber de ayunar durante el Adviento; el de Agde (506), en los cánones 63-64, decreta una comunión universal, y el de Braga (563) prohíbe el ayuno durante el Día de Navidad. Pero, las celebraciones populares navideñas aumentaron tanto, que en 1110 se dieron las llamadas "Leyes del Rey Cnut", decretando un ayuno desde Navidad hasta Epifanía.

 

Las tres Misas

Las tres misas que señalan para esta fecha el Misal de Gelasio y el Gregoriano, y éstas con un martirologio especial y sublime, y con la dispensa, si fuera necesaria, de la abstinencia, todavía hoy son guardadas. Si bien Roma señala sólo tres Misas para la Navidad, Ildefonso, un Obispo español, en el 845, alude a una triple Misa en Navidad, Pascua, Pentecostés, y la Transfiguración (P.L., CVI, 888). Estas Misas, de medianoche, al alba, e in die, están místicamente relacionadas con la distribución judía y cristiana, o (como lo dice Santo Tomás, Summa Theol., III:83:2) al triple "nacimiento" de Cristo: en la Eternidad, en el Tiempo, y en el Alma. Los colores litúrgicos variaban: negro, blanco, rojo, o (por ejemplo en Narbona) se usaba el rojo, blanco, y violeta (Durand, Rat. Div. Off., VI, 13). El Gloria era sólo entonado al principio de la primera Misa de ese día. El origen histórico de esta triple Misa, probablemente fue de la siguiente manera (cf. Thurston, en Amer. Eccl. Rev., Enero, 1899; Grisar, Anal. Rom., I, 595; Geschichte Roms… im mittelalter I, 607, 397; CIV. Catt., 21 septiembre de 1895, etc.): La primera Misa era celebrada en el Oratorium Præsepis en Santa María La Mayor —una iglesia probablemente asimilada desde el principio a la basílica de Belén— y la tercera en San Pedro, reprodujeron en Roma el doble Oficio de Navidad mencionado por Eteria (véase lo anteriormente dicho) en Belén y Jerusalén. La segunda Misa era celebraba por el Papa en la "capilla real" del Palatino, para los miembros de la corte bizantina, es decir, la capilla de Santa Anastasia, como fue originalmente llamada, al igual que la basílica en Constantinopla, Anastasis, y como ella, fue construida para reproducir la basílica del mismo nombre de Jerusalén —y como ella también, finalmente abandonó el nombre de "Anastasis", por el de la mártir Santa Anastasia. La segunda Misa fue, por consiguiente, una deferencia que el Papa hacia a la iglesia imperial en su fiesta patronal. Las tres lugares se mantuvieron así, pues, por el año 1143 (cf. Ord. Romani en P. L., LXXVIII, 1032) el Papa dejó de oficiar la tercera Misa en el distante San Pedro, y la empezó a decir en el altar mayor de Santa María La Mayor. En esta tercera Misa, León II inauguró, en el año 800, por medio de la coronación de Carlomagno, el Sacro imperio romano. Este día se convirtió en el favorito para las ceremonias de la corte, y en él, por ejemplo, Guillermo de Normandía fue coronado en Westminster.

 

Las representaciones dramáticas

La historia de la dedicación del Oratorium Præsepis en la basílica de Liberio, de las reliquias allí guardadas y sus imitaciones, no pertenecen a esta disertación [cf. Crib; Relics. Los datos están bien dados por Bonaccorsi (Il Natale, Roma, 1903, ch. IV)], pero la práctica de dar una expresión dramática, o por lo menos espectacular, a los hechos de la Navidad, fueron lo que, de alguna manera, dieron origen a los misterios litúrgicos. Por ejemplo, el ordinaria de Ruán y el de Reims, colocan el officium pastorum inmediatamente después del Te Deum y antes de la Misa (cf. Ducange, Gloss. med. et inf. Lat., s.v. Pastores); posteriormente, la Iglesia celebró un segundo misterio "profético" después de Tierce, en la que la Vigilia y la Sibila se unían con los profetas del Antiguo Testamento para honrar a Cristo. (Para más detalles sobre Vigilias y obras sobre la Navidad y profecías, ver la obra de Comparetti, "Virgil in Middle Ages", pág. 310 ss.). La obra "To out-herod Herod", es decir sobreactuar, muestra la violencia de Herodes.

 

Los pesebres, Belenes o Nacimientos

San Francisco de Asís en el año 1223 dio origen a los pesebres o nacimientos que actualmente conocemos, popularizando entre los laicos una costumbre que hasta ese momento era del clero, haciéndola extra-litúrgica y popular. La presencia del buey y del burro se debe a una errónea interpretación de Isaías 1, 3 y de Habacuc 3, 2 (versión "Itala"), aunque aparecen en el magnífico "Pesebre" del siglo cuarto, descubierto en las catacumbas de San Sebastián en el año 1877. El burro en el que Balaam montó, en el misterio de Reims, hizo que la fiesta recibiera el nombre de Festum Asinorum (Ducange, op. cit., s.v. Festum).

 

Los himnos y villancicos

La degeneración de las obras dramáticas ocasionó la difusión de villancicos y pastorales, a los cuales se les a otorgado en ocasiones, una posición cuasi-litúrgica. Prudencio, en el siglo cuarto, es el primero (y único en su siglo) en escribir himnos para la Navidad, pues los himnos "Vox clara" (himno para Laudes en Adviento) y "Christe Redemptor" (Vísperas y Maitines de Navidad) no pueden ser asignados a Ambrosio. Sin embargo, el himno "A solis ortu", pertenece a Sedulio (siglo quinto). Los primeros Weihnachtslieder alemanes datan de los siglos undécimo y duodécimo; los primeros villancicos conocidos datan del siglo undécimo, y del siglo decimotercero. El famoso "Stabat Mater Speciosa" es atribuido a Jacopone Todi (1230-1306); "Adeste Fideles" data del siglo decimoséptimo. Pero, éstos aires populares, e incluso palabras, deben de haber existido desde mucho tiempo antes de que fueran puesto por escrito.

 

Tarjetas y regalos

La costumbre pagana centrada en las calendas de enero, influyó en las de Navidad. Tiele (Yule and Christmas, Londres, 1899) ha recolectado muchos interesantes ejemplos. La strenæ (eacute;trennes) del 1 de enero romano (fuertemente condenado por Tertuliano, de Idol., XIV y X, y por Máximo de Turín, Hom. el CIII, de Kal. gentil., en P.L., LVII, 492, etc.) sobrevivió en la costumbre de los regalos Navideños, las tarjetas, y cajas.

 

Las fogatas Navideñas

Las fogatas durante las calendas eran un escándalo en Roma, y San Bonifacio logró que el Papa Zacarías las aboliera. Pero, probablemente esta fogata de Navidad, en sus muchas formas, era originalmente encendido sólo debido al invierno. Sólo a partir de 1577 se convirtió en una ceremonia pública en Inglaterra; su popularidad, sin embargo, creció inmensamente, sobre todo en la Provenza; en la Toscana, la Navidad es simplemente llamada ceppo (bloque, leño —Bonaccorsi, op. cit., pág. 145, n. 2). Además, estuvo también relacionada con otras costumbres; en Inglaterra, un siervo tenía el derecho de alimentarse a expensas de su señor, durante todo el tiempo que durase el fuego de una rueda de madera, que su señor le entregaba, el señor también entregaba a su siervo una carga de madera, cuando nacía un niño; Kindsfuss era el nombre de un regalo que se le daba a los niños cuando les nacía un hermano o hermana, e incluso, los animales de la granja también recibían el suyo, cuando Cristo, el hermano universal, nacía (Tiele, op. cit., pág. 95 ss.).

 

El árbol de Navidad

Gervasio de Tilbury (siglo trece), narra que en Inglaterra el grano era expuesto la noche de Navidad, para que adquiera la fertilidad del rocío que cae en respuesta al "Rorate Cæli"; la tradición en la que los árboles y las flores florecen durante esta noche, es citada por primera vez, de un geógrafo árabe del siglo décimo, y se extendió por toda Inglaterra. Alrededor del siglo decimotercero, en la épica francesa, se ven velas en los árboles florecientes. En Inglaterra, el bastón de José de Arimatea era el que florecía en Glastonbury y en otros lugares; cuando el 3 de septiembre se convirtió en 14 de septiembre, en el año 1752, 2000 personas estuvieron observando si el espino Quainton (cratagus præcox) brotaría en la nueva fecha Navideña; y como no lo hizo, se negaron a guardar esta nueva fecha. De esta costumbre de decorar los árboles tomada de las calendas (que fue prohibido por el Arzobispo Martín de Braga, c. 575, P. L., LXXIII —el muérdago fue legado por los Druidas), surgió el del árbol de Navidad, mencionado por primera vez en el año 1605 en Estrasburgo, e introducido en Francia e Inglaterra, recién en el año 1840, por la princesa Helena de Mecklenburg y el príncipe Consorte respectivamente.

 

El visitante misterioso

Sólo con mucha cautela debemos relacionar al misterioso bienhechor de la noche de Navidad —Knecht Ruprecht, Pelzmärtel en un caballo de madera, San Martín en un caballo de batalla blanco, Martín en un corcel blanco, San Nicolás y su equivalente "reformado", el Padre de la Navidad, quien junto con su esposa Berchta, desciende en las noches entre el 25 de diciembre y el de 6 enero, en un caballo blanco, para bendecir la tierra y los hombres. Las fogatas y las ruedas encendidas iluminaban las colinas, se adornaban las casas, los juicios eran suspendidos y se celebraban fiestas (cf. Bonaccorse, op. cit., pág. 151). Knecht Ruprecht, de todos modos (mencionado por primera vez en un misterio de 1668 y condenado en 1680 como un demonio) era sólo un siervo del Santo Niño.

 

Celebraciones no católicas

Sin duda alguna, los nuclei cristianos asumieron costumbres paganas. Pues las momias de las calendas; el extraordinario y obsceno Modranicht; el pastel en honor de la "placenta" de María, condenado por el Concilio de Trullan (692), canon 79; el Tabulæ Fortunæ (comida y bebida ofrecidas para obtener alzas, condenado en el 743), véase Tiele, op. cit., cap. VIII, IX —los datos de Tiele son quizá de mayor valor que sus deducciones— y Ducange (op. cit., s. vv. Cervula y Kalendæ). En Inglaterra, la Navidad fue prohibida por un Acta del Parlamento en 1644; debía de ser considerado día de ayuno y de mercado; las tiendas fueron obligadas a abrir; los budines de ciruela y los pasteles de carne picada y frutas fueron condenados como paganos. Los conservadores se resistieron; en Canterbury se derramó sangre; pero después de la Restauración, los disidentes continuaron llamándola Yuletide "Fooltide".

ADORNOS

   En todas las mitologías (y el Árbol de Navidad tiene indudables raíces mitológicas) al árbol se le aprecia o por su robustez (ahí está el roble, que significa fuerza), en cuyo caso el fruto es el propio árbol, es decir la madera (de ella proceden nada más y nada menos que la palabra y el concepto de materia y mater) o por sus frutos comestibles. El árbol fuerza, el árbol casa, el roble lleva como adornos las luces, que en la mitología germánica representan las estrellas que sostiene en sus ramas el gran árbol bajo cuya sombra y cuya fuerza nos cobijamos. Los primeros que introdujeron estos adornos fueron los sopladores de cristal de Bohemia, que allá por el siglo XVIII, en que aún no se conocía la luz eléctrica, crearon para el Árbol de Navidad las bolas de cristal que reflejaban la luz de las lámparas de velas y producían un bello aspecto de luz propia.

En cambio, las frutas y los regalos colgados del Árbol de Navidad responden al mito judeocristiano del Paraíso, en el que el Árbol de la vida producía todos los frutos que se pudieran apetecer, incluido el de la inmortalidad ("El que coma de los frutos de este árbol, no morirá").

Finalmente el árbol desnudo, sin adornos, recuerda el Árbol de la Cruz, cuyo fruto único fue el Redentor: "Crux fidelis inter omnes, arbor una nóbilis, Cruz digna de confianza entre todas, único árbol noble", se canta el Viernes Santo durante la adoración de la Cruz. Pero la Navidad no es tiempo de austeridades.

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

   En los ritos y celebraciones de la vida, y las del Nacimiento de Dios lo son por excelencia, no puede faltar el árbol, gran símbolo de la vida. Recordemos en el paraíso el Árbol de la vida. Recordemos también que en las religiones animistas el árbol era la gran divinidad a la que rendían culto: en especial el roble (robur róboris; el mismo nombre que significa "fuerza").

Entre las mitologías germánicas está el mito del árbol plantado en medio de la tierra, cuyas ramas alcanzan el cielo y en ellas están colgadas las estrellas que brillan por la noche. Ahí tenemos probablemente el más remoto origen de las luces del Árbol de Navidad, que si bien pudo verse en los antiguos grabados mitológicos, no pudo llevarse a la realidad en su primer formato hasta el siglo XVIII en quie los sopladores de cristal de Bohemia idearon las bolitas que reflejaban el resplandor de las velas, candiles y hachones. La electricidad hizo finalmente posible que el árbol tuviera luz propia sin riesgo de incendio. Esa es la versión de la mitología germánica del Árbol de Navidad.

La versión cristiana, en cuanto a sus adornos, tiene su referente mítico en el Árbol de la Vida, que era portador de todos los frutos que el hombre pudiera apetecer; incluido el más preciado, el de la inmortalidad. El día del Nacimiento de Dios, es decir el día de Navidad gozan todos del privilegio único de ver satistechos sus deseos acariciados durante todo el año, ofrecidos como fruto por el Árbol de Navidad. Es el momento de resarcirse de la austeridad que impone la vida el resto del año.

Hay varias leyendas germánicas en que se fundamenta la práctica de introducir en las casas el Árbol de Navidad convirtiéndolo en el eje en torno al que giran estas fiestas. La más antigua se remonta al siglo VIII y está relacionada con San Bonifacio, el evangelizador de Alemania. Cuenta su hagiografía que viendo un día que los druidas a los que intentaba convertir al cristianismo persistían en su adoración al gran roble del bosque, decidió derribarlo el santo. En su caída estrepitosa acabó con cuantos árboles y arbustos había a su alrededor; sólo un humilde abeto quedó incólume. San Bonifacio interpretó esto como una señal del cielo que predestinaba al abeto a ocupar en la vida de los cristianos el lugar que había ocupado el roble en la de los druidas; pero sin los caracteres idolátricos que entre éstos tenía.

Otra formulación de la leyenda es que San Bonifacio, en uno de sus viajes, se topó con un grupo de paganos alrededor a un gran abeto en el momento en que iban a sacrificar un niño en honor al Dios Thor. Para detener el sacrificio y salvar al muchacho, San Bonifacio derribó el árbol con un poderoso golpe de su puño. Les explicó el santo que aquel abeto había cedido a la débil fuerza de su puño porque estaba llamado a ser el árbol de la vida, y no consentía convertirse en el altar de un sacrificio de muerte.

Otra leyenda, ésta adaptada a la iglesia protestante, explica que Martin Lutero estaba caminando por un bosque en la víspera de Navidad, cuando se sintió deslumbrado por la belleza de millones de estrellas que brillaban a través de las ramas de los árboles. Esa imagen de la belleza del bosque iluminado por las estrellas, le hizo concebir la idea de trasladarla a la ciudad. Arrancó pues un pequeño abeto y se lo llevó a casa. Para recrear la misma belleza que había vislumbrado en el bosque, colgó de sus ramas gran número de bujías (pequeñas velas). El resultado fue tan sorprendente, que fue imitado cada vez por más familias hasta que se extendió esta costumbre por toda Alemania.

Con el paso de los siglos, dice esa misma tradición, decayó la costumbre del Árbol de Navidad, pero después de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) los suecos volvieron a introducir en Alemanaia esta tradición. A lo largo del siglo XIX se extendió esta bella costumbre por toda Europa, empezando por Austria, Gran Bretaña y Francia. Y continuó su expansión alcanzando a España ya en el siglo XX.

SANTA CLAUS

  El cine y la Coca Cola se han cuidado de convertir a Santa Claus en el personaje más universal de la Navidad. Por encima de su auténtico protagonista, que es el recién nacido Niño Jesús, por encima de los Reyes Magos y de Papá Noel, al que de hecho ha quedado asimilado¸y si no ha pasado por encima del árbol de Navidad es porque lo ha necesitado como espacio físico en que entregar sus regalos y como espléndido y luminoso aliado.


Santa Claus es un personaje extraído de la leyenda de un Sant Nicolaus, es decir San Nicolás, obispo de Mira, en Licia, Asia Menor, que regalaba a los niños juguetes que él mismo fabricaba. Su relación con la Navidad es que era ésta la fecha que elegía para hacer sus regalos..La generosidad de este santo obispo se hizo legendaria, y con cargo a esta leyenda se le atribuyen milagros de ubicuidad y de obtención mágica de recursos para poder atender a sus sagradas obligaciones para con los niños. El santo al que se atribuye tanta beneficencia es anterior incluso a la cristianización de las saturnales romanas, tan importantes, tan arraigadas, tan del pueblo llano y tan dadas a la generosidad y a los regalos, que no fue difícil convertidas en fiestas navideñas. Ahí tenemos situado, pues, al antecesor de Santa Claus, que murió el 6 de diciembre del año 342 y fue sepultado en Bari, Italia, donde se encuentran sus reliquias. Esa es la santa y piadosa leyenda.

El nombre de "Santa Claus" surgió en Estados Unidos por el cruce con la palabra "Sinterklaas" con que los inmigrantes holandeses se referían a algunos personajes religiosos cuya misión era dar regalos. Luego sobre él se tejieron diversas leyendas, entre las que más fortuna hizo fue la de su procedencia de las frías tierras del Polo Norte, cruzada de nuevo, claro está, con las respectivas y venerables leyendas nórdicas, que hacen venir de allí el personaje navideño portador de regalos, montado en trineo tirado por ciervos. Y del mismo modo que los Reyes Magos con sus camellos no tienen dificultad alguna en llegar a todas las casas, generalmente por las venmtanas sin importar a qué altura estén, el Santa Claus montado en trineo tampoco tiene dificultad alguna para acceder a todas las casas especialmente a través de las chimeneas para dejar en ellas los regalos que cada uno haya merecido.


Esta imagen es creación de un caricaturista norteamericano del siglo XIX Thomas Nast, quien representó así a Santa en una ilustración y así quedó representado en adelante como un señor gordo, bonachón, de sonrojadas mejillas y de cabello y barbas blancas. De 1863 a 1886 este personaje fue el centro de atracción de la revista Harper's Weekly.
Pero quien lo vistió de rojo, y como consecuencia del desarrollo de las técnicas de impresión en color. fue la Coca Cola, que adoptó como color de la marca el rojo, y en 1931 encargó al pintor Habdon Sundblom la adaptación del personaje a la imagen comercial de la marca, dándole no sólo su color, sino también una concienzuda elaboración que lo hiciese más simpático, humano, atractivo. A partir de ahí Santa Claus conquistó el mundo: pasó a Inglaterra, y de ahí saltó a Francia engulléndose al Bonhomme Noël, origen de nuestro Papá Noel. Y en España consiguió hacerse un sitio en la Navidad junto a los Reyes Magos, pero sin desbancarlos. Todavía.

UVAS DE LA SUERTE

 Desde los inicios del Imperio Romano, enero estaba dedicado al dios bifronte Janus, que mira delante y detrás: al año que se va y al principio del que viene, por eso le representaban con dos rostros, uno barbudo y viejo y el otro jovencito. Los romanos invitaban a comer a los amigos y se intercambiaban miel con dátiles e higos para que pasase el sabor de las cosas y que el año que empezase fuese dulce. Esta vieja costumbre 

romana fue poco a poco entrando en Europa, donde con la misma finalidad venturosa comenzaron a ofrecerse lentejas, de las que se dice que propician la prosperidad económica del año que empieza.

En la Edad Media la Iglesia trató de oponerse a las viejas costumbres, pero no consiguió extirpar la atmósfera disipada de, la noche de San Silvestre, que se mantuvo como la última isla pagana de las doce noches navideñas (las comprendidas entre la Navidad y la Epifanía), que la Iglesia consideraba como periodo de renovación para mejorar el año venidero.

La tradición de tomar las doce uvas -también llamadas las uvas de la suerte- el 31 de diciembre a media noche se remonta tan solo a principios de nuestro siglo, sobre el año 1909. La implantación de esta costumbre, que por cierto es exclusiva de nuestro país, no se debe a motivos religiosos o culturales, sino más bien a meros intereses económicos. En la Nochevieja de 1909, los cosecheros, en un esfuerzo desesperado de imaginación, consiguieron desembarazarse del excedente de aquella temporada inventando el rito de tomar las uvas de la suerte en la última noche del año.

En algunas zonas de la Comunidad Valenciana, se empieza a sustituir las uvas por gajos de mandarina o de naranja, por ser un producto muy identificado con la tierra.

El significado de las doce uvas :

Dice la gente que comerse las doce uvas a medida que van sonando las campanadas de medianoche es una manera de empezar el nuevo año con buena suerte.

Otras creencias populares relacionadas con la última noche del año:

*Utilizar ropa interior amarilla trae mucha prosperidad.
*Utilizar ropa interior roja permitirá encontrar el amor ideal.
*Si la ropa interior se usa al revés, se tendrá mucha ropa nueva.
*Sacar las maletas a la puerta de la casa traerá muchos viajes. 

LA HISTORIA DEL TURRÓN

 El turrón es un dulce de tradición mediterránea elaborado con frutos secos - almendras, nueces, piñones-, tostados o no, y miel, materias primas a las que habría que añadir una tercera introducida por los árabes en el mundo occidental: el azúcar. Tiene su origen en la palabra "torrere", que en castellano equivaldría a "turrar" (tostar). En Cataluña se denomina "turró", en Valenciano "torró" y en la propia Xixona "terró".

Estas tres materias primas dan lugar a los dos tipos básicos de turrones que conocemos:
A) Turrones de cocción (Alicante, Jijona, guirlache, terronico, etc.)
B) Turrones de molienda (mazapanes, turrón de piedra , etc.)
los cuales eran elaborados en la España del siglo XVII por dos gremios distintos: los turroneros fabricaban el turrón de cocción (que no debía llevar el azúcar), mientras que el turrón de molienda, confeccionado sin miel, era fabricado por los confiteros.

Aunque está demostrado que el origen del turrón no puede situarse en la propia Xixona, ya que en al Edad Media era conocido por todo el Mediterráneo y que, posiblemente, sus raíces haya que buscarlas en dulces islámicos y hebreos , Xixona supo, en un momento de su historia transformar la elaboración artesanal y familiar en un proceso industrial y que además puede reclamar la paternidad de la variedad turrón blando o turrón de Jijona.

A pesar de que existen documentos que evidencian que la cuna del turrón no puede situarse en Xixona, también es cierto que los jijonencos comenzaron muy pronto a fabricar turrón, ya que, por ejemplo, se ha documentado una transacción comercial fechada el 11 de octubre de 1588 entre el turronero Sancho Mira y Ludovico Juan Mira notario de la villa de Cocentaina, por la que el primero vende tres arrobas de turrón por 13 libras y 7 sueldos comprometiéndose a llevarlas a la villa de Cocentaina al segundo:
"(...) trece libras y siete sueldos moneda real de Valencia del precio de tres arrobas de Tornos, que por mi han sido traídas en días pasados y vendidas en seis arquetas o cajitas y que por vos fueron compradas y dispuestas para su reclamación por orden del Ilustrísimo Comicio de Cocentaina.1" Este documento no sólo atestigua que los jijonencos fabricaban turrón a finales del siglo XVI, si no lo que es más importante, que lo comercializaban.

A partir de esta fecha las referencias sobre el turrón son mas numerosas, sobre todo en la documentación notarial. Resalta que todos los cronistas que visitaron la población hacen referencias en sus escritos a al elaboración del turrón.

Ante esta panorámica resulta difícil defender la pretensión de un origen jijonenco del turrón, pretensión que paradójicamente y debidamente matizada, es parcialmente cierta, ya que las modificaciones inventadas en Xixona sobre la elaboración de turrón aportan una transformación química, de tipo alimentario absolutamente autóctona. Nos estamos refiriendo al turrón que se conoce con el nombre de turrón de Jijona o turrón blando.

El turrón que se elaboraba en Xixona a principios del siglo XVIII contenía azúcar, lo cual contravenía las ordenanzas gremiales de los confiteros, y, además, huevo. La pasta resultante, conocida en la actualidad como turrón duro o turrón de Alicante, pudo ser objeto de ciertas tentativas de molienda con la intención de estimular el consumo al obtener un producto de menor consistencia final. Posiblemente, dicha molienda se realizaría en caliente para disminuir su dificultad.

El siglo XIX debió aportar la mecanización, en parte, del proceso, lo que permitió que en algún momento de este siglo se produjera el descubrimiento casual de una modificación en la estructura del turrón al desarrollarse conjuntamente molienda y cocción a partir de una mezcla base precocinada.

Es precisamente a partir de la segunda mitad el siglo XIX cuando empieza en Xixona la dimensión industrial de la elaboración del turrón, la que, no obstante, irá laboralmente unida a la tradición feriante de su comercialización. La aportación de Xixona al mundo agroalimentario parece, pues, ligada a la intervención de las máquinas en un proceso tradicionalmente manual, lo que permitió conseguir un tipo de producto desconocido hasta la fecha y sobre el que esta población puede reclamar actualmente con todo derecho su paternidad.

Hasta finales del siglo XIX el turrón era un producto complementario del ciclo agrario. El jijonenco durante los meses de Octubre, Noviembre y Diciembre debido al parón del ciclo agrícola y al hecho de disponer de una serie de materias primas ( almendra, azúcar y miel) elaboraba el turrón. Este proceso era de carácter familiar y realizado en las propias viviendas. Una vez elaborado el producto se procedía a su comercialización por las grandes ciudades en los días previos a la Navidad.

 

Fuente: http://www.elalmanaque.com/navidad/ritos.htm y http://www.guiastur.com/