Por Dante López Foresi
Quilmes es una ciudad donde aún perduran
bolsones de crápulas -políticos y periodistas sobre todo- que utilizan el
golpe bajo y artero para conseguir prebendas que les permitan seguir procurándose
el sustento diario prescindiendo de escrúpulo alguno y trabajando lo menos
posible. Y menos que menos persiguiendo causas nobles. Me ocuparé aquí
exclusivamente de lo que conozco muy de cerca: mi amado oficio de periodista.
Personalmente, me tocó padecer esa soledad dolorosa cuando denuncié al ex
intendente Fernando Geronés por haber encabezado la peor gestión en la
historia de la ciudad donde nací (por eso escribo sobre ella y tanto me
preocupa). En la más absoluta soledad concurrí a tribunales a defenderme y
fui absuelto en la demanda que me inició con el único fin de acallarme. Mis
"colegas" no estaban conmigo. Y en la más absoluta soledad presenté
un pedido de investigación judicial por enriquecimiento ilícito del entonces
intendente. Soporté amenazas, injurias, pasacalles ofensivos en toda la
ciudad intentando denostarme, cuando desde EL VIGÍA metíamos el dedo en la
llaga de la corrupción. Mis colegas, tampoco estaban conmigo. Salvo honrosas
excepciones, claro. Hace pocas semanas una fiscalía pidió la elevación a
juicio oral y público del ex intendente Geronés al encontrar pruebas más
que suficientes de que mis denuncias fueron ciertas. Pero al establishment
quilmeño eso poco le importa. Para esos periodistas, o "abogados" o
buscavidas consuetudinarios los corruptos y los delincuentes, si les pagan, se
convierten inmediatamente en carmelitas descalzas. Esta apretada síntesis de
la investigación que llevamos a cabo más de dos años me hace sentir con
derecho de opinar. Y no hago periodismo de periodistas, pues no me referiré a
colegas sino a usurpadores de mi profesión. Antes de ser periodista...quien
suscribe fue eso: periodista. No fui pastor, ni acomodador de cine ni remisero.
Periodista. Siempre y a toda hora, y trabajo en mi oficio desde los 15 años.
Tengo casi 44.
Luego de concluir mi tarea profesional que en esa ciudad inicié en 1993 hasta
aquel 2001 en que levantaron mi programa radial por presiones del poder, pocas
veces volví a Quilmes. Y las veces que visité la ciudad en los últimos años
post-Geronés la encontré diametralmente opuesta a la que dejé. Una ciudad
en movimiento. Rara vez un periodista elogia a una administración. Es que
nuestro oficio se basa precisamente en el espíritu crítico. Y en verdad no
es necesario que un profesional de la prensa elogie a funcionarios públicos.
A ellos los juzga la gente, no la prensa. La petulancia y las ostentaciones de
poder es uno de los karmas que corroen los cimientos del verdadero sentido del
periodismo: ser un servicio público.
Pero solo un delincuente con pluma o micrófono acepta formar parte de
operaciones preelectorales destructivas y -reitero- sin escrúpulo alguno.
Hasta ofendiendo la memoria de los muertos. Quiero trasmitir este mensaje,
pues desearía poder recuperar el deseo de trabajar en mi ciudad frente al
micrófono que me arrebataron injustamente. Pero -hasta hoy- no quiero
pertenecer a eso que llaman la prensa de Quilmes y que se identifica
lamentablemente con esos personajes siniestros y no con tantos y tan decentes
y sensatos profesionales que Quilmes también posee. Y que seguramente son
mayoría. Y digo seguramente porque no los conté. Y los últimos
acontecimientos me alejan aún más de esa escoria. Solo la Justicia, la opinión
pública y los políticos que los financian pueden arrebatar este tumor
maligno que padece la prensa quilmeña. Y por honestidad intelectual debo
reconocer que el munici pio de Quilmes no los está financiando. ¿Por eso
denuncian al intendente y llegan a nuestra redacción infinidad de e-mails
ofensivos contra Villordo utilizando un lenguaje propio de mafiosos sin
trabajo...o sin pauta?.
Ahora le tocó el turno de recibir un golpe bajo -decíamos- al intendente
Sergio Villordo. En plena campaña electoral y con la única prueba de un
testimonio, se se montó un escenario plagado de golpes bajos e hirientes para
él y su familia. Comparemos con el trabajo que realizamos desde el Periódico
EL VIGÍA hasta el 2001, donde ante cada denuncia presentábamos documentación
y pruebas fehacientes, que la Justicia tuvo en cuenta para exculparme y para
elevar a juicio oral a Geronés, entre otras cosas. Hoy, como ayer, los móviles
profesionales de esos supuestos colegas parecen ser los cheques o las
posesiones o carencias de pautas oficiales. Ayer, para callar y dejar a un
compañero luchando en soledad. Hoy, para montar un escenario que enrarezca el
clima electoral y confunda a los electores. De los casi 8 años que trabajé
en Quilmes, solo tuve pauta oficial uno o dos. Y muy b aja, por cierto. Y
denuncié a Geronés aún teniendo pauta oficial, la cual obviamente se me
arrebató junto con mi programa radial luego de haber osado mencionar la
compra de su mansión en Barrio Parque Bernal, cuando hasta el día anterior a
su asunción no tenía donde caerse muerto. Vaya herejía de mi parte.
Si bien es cierto que la última palabra siempre la tendrá la Justicia, al
conocer los nombres de los actuales denunciantes del intendente Villordo, no
puedo traicionar mis propias convicciones y dejar de afirmar que estamos ante
una nueva prueba de la miseria humana que encarnan ciertos personajes quilmeños.
Esos mismos denunciantes que hoy acusan, son casualmente los mismos que recibían
jugosos sobres de dinero a través de pautas publicitarias durante la gestión
(o mejor dicho...indigestión) Geronés. A cambio de tanto dinero (y a veces a
cambio de moneditas), mantuvieron un silencio cómplice que al menos ameritaría
que al momento de mi sobreseimiento ya firme y de la condena que estoy seguro
caerá sobre Geronés, se los juzgue penalmente al menos por encubrimiento.
Callaron cuando probé que los vecinos del barrio Iapi se alimentaban con
carne de sapos, ratas y caballos. Callaron cuando probé que la mansión de
Geronés no fue pagada con un crédito bancario. Callaron cuando probé que
desaparecía el dinero que la Provincia le enviaba al municipio para comprar
guardapolvos para niños indigentes. Callaron cuando probé que Geronés vivía
en la opulencia mientras el país del 2001 se desangraba. Callaron cuando
denunciamos en exclusiva la contratación de empresas fantasma. Pero ahora,
justamente y casualmente los medios que no poseen pautas publicitarias de la
administración comunal, son los mismos que denuncian destructivamente. Se
convirtieron mágicamente de cómplices en justicieros. Por el bien de este
oficio que tanto amo espero que el peso de la ley caiga sobre ellos y que ya
no existan espacios radiales, televisivos o escritos para tanto crápula que
se autodefine como independiente y no es más que un insecto al servicio del
cheque de turno. Di rán que este artículo obedece a que la Municipalidad de
Quilmes es anunciante de Agenci@ EL VIGÍA. Me anticiparé a responder: éste
es el primer artículo de opinión con mi firma que se ocupa de temas
exclusivamente locales desde la asunción de Sergio Villordo. Desde EL VIGÍA
prestamos un servicio profesional de difusión de temas municipales, sin opinión
editorial. Este artículo no fue escrito para defender a Villordo, ya que
considero que su mejor defensa es su gestión y la condición moral de sus
denunciantes. Y la Justicia es la encargada de decir la última palabra.
Este artículo fue escrito para decirles a quienes fueron cómplices del
delito en el pasado, que los quilmeños tienen memoria. Y este quilmeño
respecto de ellos, mucha más. Y para refrescársela a los que la perdieron. Y
que la guerra clave de mi oficio es la de decentes contra indecentes. En este
caso Usted juzgará -querido lector- de qué lado está cada quién.