El pecarí de collar
Chancho autóctono de La Pampa


De acuerdo a los testimonios de diversos viajeros y naturalistas antiguos, el pecarí de collar era un habitante no raro de nuestra provincia y de buena parte de la Patagonia. Pero esto terminó a fines del siglo XIX, con la llegada del hombre blanco y su cultura productiva, que produjo un cambio profundo en el equilibrio ecológico regional. Para la primera década del siglo XX, y como consecuencia de tales modificaciones, una decena de grandes mamíferos, entre los que se encuentra el yaguareté, el aguará-guazú y el venado de las pampas, desaparecieron súbitamente de nuestra provincia.

    Uno de estos desterrados era el pecarí, que por ser fundamentalmente herbívoro, constituía parte del primer eslabón de las cadenas alimentarias locales. Su ausencia, por lo tanto, debió acarrear serias consecuencias para sus depredadores y los de sus crías.
    En nuestra provincia, su nicho vacío, tanto cultural como también, probablemente, ecológico, fue rápidamente llenado por el jabalí, originario de Eurasia e introducido, como es bien sabido, por Pedro Luro, en el año 1906. Tan nuestro lo sentimos que, a pesar de que en 1953 fue declarado especie dañina por ley nacional, tenemos el extraño orgullo de dedicar una de las reservas cercadas más grandes del mundo, el Parque Luro, para su cuidado y protección, junto con el de otro intruso, el ciervo colorado. Semejante aberración ecológica da idea de nuestra escasa cultura conservacionista y de la ineficacia de los organismos gubernamentales, que deberían tomar cartas en el asunto para proteger al pecarí y a muchos otros animales autóctonos, y no al jabalí y demás especies foráneas.

Pecaríes pampeanos

    Como argumento de la presencia del pecarí (Pecari tajacu) en La Pampa contamos con diversos indicios y pruebas. Los primeros no los consideramos definitivos porque permiten abrigar cierta sospecha de confusión con el cerdo cimarrón, que en aquellos tiempos convivía con la especie nativa. Por cierto, poblaciones de estos animales asilvestrados, de largas patas, grandes colmillos y cola recta en relación con el cerdo doméstico, habitan actualmente en nuestra provincia, Buenos Aires y Río Negro.
    Los primeros en sospechar que el pecarí se habría distribuido en el pasado mucho más al sur de su área de dispersión actual, que va de la provincia de Tucumán y Corrientes hacia el Norte, fueron Cabrera y Yepes (1940). Apoyándose en uno de estos "indicios" comentan que a mediados del siglo XVIII la especie llegaba hasta el actual partido de Balcarce, en la provincia de Buenos Aires, según lo escrito por el jesuita J. Cardiel: "Hállase grande abundancia de puercos, que a cada paso se ven en grandes piaras o tropas, y mucho más si hay alguna laguna, o bañado inmediato. Susténtanse de las raíces, que sacan hocicando la tierra. En cuanto al origen de estos puercos discurren variadamente los españoles. Dicen comúnmente que saldrían de las haciendas o estancias de Buenos Aires, donde años pasados no se hacía uso de su carne; y habiéndose por eso multiplicado, se metieron hacia el sud, llenando las campañas. Mucho más se multiplicaron si no tuvieran otros animales por enemigos. Los tigres, los leones americanos y los perros los persiguen de continuo (...). Yo juzgo que estos son naturales de la América, pues se hallan en todo su continente por los campos y selvas. Los indios Guaraníes, antes que entraran los españoles, los conocían y cazaban; llámanlos en su idioma, Tayazu." (En Furlong, 1938)
    Hacia el oeste y a similares latitudes, descripciones precisas hechas por jesuitas en el año 1767 identifican al pecarí como un habitante común en las actuales provincias de Mendoza y San Luis (Roig, 1991).
    Pero su límite austral de dispersión parece haberse ubicado mucho más al sur. Los tehuelches meridionales tenían un vocablo específico para nombrarlo, Olasiq, no proveniente de préstamo idiomático alguno, lo cual demuestra la existencia del pecarí, o lo que sería menos probable, de cerdos salvajes, en el área donde vivían estos aborígenes, que se extendía aproximadamente desde el río Chubut hacia el sur.
    De acuerdo a un dato rescatado de Entraigas, (1960), Villarino, en 1780, "salía con dos soldados y un esclavo para explorar las bocas del Colorado". Uno de ellos, Cardoso, "mata un jabalí". En la misma zona, algunos días después, "los marineros cazan 24 jabalíes".
J. Fernández ha llamado la atención sobre una nota de G. Morales, que transcribe en 1786 el interrogatorio al que fuera sometido un cautivo escapado de los indios al sur de San Luis. Dice este que se disponían a la caza de jabalíes cuando fueron sorprendidos por los indios. También Edmundo Day (en Olascoaga, 1881) observó "chanchos jabalíes" en varias oportunidades en su viaje de 1853 desde San Rafael por el río Atuel y el Chadileuvú.
    Francisco P. Moreno (1999) sospechaba en su viaje de 1875, haber tratado de cerca al pecarí: "un solo paquidermo, el Quetré-quetré de los mapuches, jabalí de regular tamaño, vive entre los bosques del oeste, en Nahuel Huapí, río Limay y río Negro, hasta más al oeste de Choelechoel, donde se lo encuentra entre los sauzales. Aunque muchas veces oí el ruido que en el citado lago hacían al huir en tropel, y los vi a la distancia, entre los árboles, no pude examinar de cerca ninguno, ni ver su cuero, consolándome con haber probado su rica carne, y con la adquisición de dos cráneos. Faltando el cuero, es imposible decir a qué especie representa este animal, cuya existencia en esos parajes no había sido aún señalada, pero me inclino a creer que es el "taytetú" o "chancho del monte que describe Azara. La semejanza entre la fauna y la flora de las provincias de Cuyo con la de la Patagonia septentrional, ha llamado la atención de quienes se han ocupado de esas regiones, y bien puede ser que el Dicotyles torquatus, que es el citado animal, extienda su área de dispersión hasta las poco frecuentadas tierras del Chubut occidental." (El nombre científico citado es sinónimo de Pecari tajacu).

Citas y pruebas

    Tanto en la cita de Cardiel, que discute la autoctonía del animal, como en las de los demás viajeros referidos, se deja ver algún grado de confusión entre cerdos alzados, jabalíes y pecaríes. Cuando los autores hablan de jabalíes, por ejemplo, no pueden estar aludiendo al jabalí (Sus scrofa) propiamente dicho puesto que estos fueron introducidos en nuestro país, como ya dijimos, recién en el año 1906, e incurren en un error al hacerlo. Las referencias a este animal en los textos transcriptos o bien corresponden a los cerdos cimarrones, o bien a los pecaríes. Por cierto, las diferencias entre una y otra forma, a pesar de ser bastante conspicuas para un naturalista, pueden pasar desapercibidas para un inexperto o para aquel que no tiene término de comparación con la otra especie. Como prueba de ello podemos citar a Azara (1998) uno de los primeros naturalistas sudamericanos, quien decía que "los Tayazús (otro nombre aborigen del pecarí) difieren apenas del puerco o cochino ordinario". Esto nos obliga a ser indulgentes con los españoles que lo confundieron y llamáronle igual que a los de su tierra natal.
    Por lo tanto, para determinar los límites australes de dispersión del pecarí es conveniente dejar de lado la mayor parte de los testimonios de viajeros y cronistas que pueden haber confundido su identidad específica, y remitirse a los naturalistas y otros conocedores de la fauna que distinguían acertadamente entre los dos animales en cuestión.
    En este sentido es muy esclarecedora la cita de Williams H. Hudson (1998), el gran naturalista del Plata, que entre 1870 y 1871 recorrió el valle del río Negro, encontrando "depósitos de huesos de animales que habían sido utilizados como alimento. Eran huesos de avestruz, guanaco, venado, pecarí," entre otros. El cráneo de esta especie se distingue del de los cerdos cimarrones por los caninos superiores relativamente cortos, carácter en el que pudo haberse fundado Hudson para realizar la asignación.
    Otro registro que no deja dudas sobre la identidad del animal en cuestión es el de Estanislao Zeballos (1934), correspondiente al año 1874, quien resumidamente expresa: "el paquidermo del género Dicotyles no vive en los terrenos altos que he recorrido y se guarece únicamente entre el denso matorral del valle del río Colorado." Más adelante agrega "Mi distinguido amigo el doctor Creveaux ha publicado en su Viaje al interior de las Guayanas, el dibujo y la descripción del pecarí, que es el mismo paquidermo del Colorado".
    Otra mención con respaldo científico es la que corresponde a Doering, Berg y Holmberg, miembros de la distinguida comisión científica que acompañó a Roca en la "conquista del desierto" (1879). Estos lo citan para el norte de la actual provincia de Río Negro.
Roig (1991) ha colectado un especimen en el departamento Lavalle de la provincia de Mendoza, que aunque pobremente preservado, es posible identificar como un pecarí. Este material hallado en la ribera del río Mendoza, que forma parte de la cuenca del Desaguadero, al igual que el Chadileuvú donde de la Cruz vio sus "cerdos alzados" y la existencia de registros concretos en el río Colorado y más al sur aún, dejan en claro que la provincia de La Pampa quedaba dentro del área de distribución del pecarí. 
    Es llamativo que la totalidad de los registros fuera de su área de dispersión actual estén vinculados a ambientes ribereños, los mismos que habitaba el yaguareté, su princiapl depredador. Seguramente esos lugares fueron escenarios de espectaculares enfrentamientos que tenían a ambas especies por protagonistas y que, lamentablemente, ya no volverán a repetirse, ni podremos volver a ver.

Mariano Martín Fernández


Azara, F. de. 1998. Viajes por la América meridional. I. Bs. As.
Cabrera, A. y J. Yepes.1940. Mamíferos sud-americanos. Bs As.
Doering, A. 1881. Informe oficial de la comisión científica... I: Zoología. Bs As.
Entraigas, R. 1960. El fuerte del Río Negro. Bs. As.
Fernández, J. 1974-1976. Modificaciones recientes en el hábitat de algunos mamíferos pampásico patagónicos. Anal. Arq. y Etnol. Univ. Nac de Cuyo
Furlong, G. 1938. Entre los pampas de Buenos Aires. Bs. As.
Greslebin, H. 1961. Interrogatorios ranquelinos. Cuadernos del Inst. Nac. de Invest. Folklóricas. Bs. As. 
Hudson, 1998. Días de ocio en la Patagonia. Bs. As.
Moreno, F.1999. Viaje a la Patagonia austral. Bs. As.
Olascoaga, M. 1881. Estudio topográfico de La Pampa y Río Negro. Bs As.
Roig, V. 1991. Desertification and distribution of mammals in the southern cone of South America. En Mares y Schmidly (Ed.) Latin American Mammalogy. Univ. of Oklahoma.
Zeballos, E. 1934. Viaje al país de los araucanos. Bs. As.


Fuente: http://orbita.starmedia.com/~faunapampeana/ma/pecari.htm 

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