El Origen de los Naipes
El Origen
El origen de los naipes o cartas de jugar aún no ha sido establecido con
precisión, a pesar de los grandes esfuerzos empleados en ello por los
investigadores. Determinar la forma y el momento histórico que definen el
origen de los naipes se ha revelado como una tarea enormemente compleja. Sin
embargo, parece que encontrar al inventor de los naipes y explicar cómo se
extendieron de un país a otro por todo el mundo debería ser una tarea más fácil.
Después de todo, los naipes cuentan con poco más de 600 años de existencia
en Europa: los primeros testimonios de naipes europeos son de finales del
siglo XIV. A lo largo del siglo siguiente se extendieron por Europa con una
enorme celeridad y, sorprendentemente, es posible conocer esta expansión no
por los mismos naipes, sino por las numerosas prohibiciones de que fueron
objeto los juegos de naipes en todo el continente.
Aunque no se ha podido conocer con precisión cómo se produjo esta rápida
expansión, sí se conocen algunos de sus hitos, por medio de los cuales se
han aventurado diversas teorías que descubrimientos posteriores han
confirmado o desmentido.
Oriente y los primeros naipes
Los naipes llegaron a Europa procedentes de Oriente, pero no como un objeto
tangible, sino en forma de descripción en los relatos y textos de distintos
viajeros. De este modo se expandió por Europa la idea de los naipes, que
generó posteriormente los diversos modelos de barajas «nacionales».
Afirmar
que los naipes llegaron de Oriente es sólo una primera y poco exacta;
aproximación a su origen, ya que esta evidencia sólo sirve como indicación
de que no son una creación europea. A lo largo de la historia de la humanidad
puede observarse que cada grupo humano, más o menos amplio, ha acuñado algún
término para calificar a los otros grupos humanos distintos del propio. Para
los romanos, por ejemplo, todas las tribus situadas al norte y el este de sus
fronteras eran bárbaros, es decir, extranjeros. Lo mismo sucede con la
denominación «Oriente»: en esa época (finales del siglo XIV, principios
del XV), Oriente comprendía el norte de África, el sur de la península Ibérica
ocupado por los árabes, el este europeo y los países asiáticos comprendidos
entre los mares Mediterráneo y Rojo y el golfo Pérsico. También eran una
parte de Oriente, como sucede en la actualidad, los países situados al este
del Himalaya (Lejano Oriente). Por ello es obvio que señalar que los naipes
procedían de Oriente no aporta demasiada precisión a la incógnita sobre su
origen.
En cuanto a las vías por las cuales los naipes llegaron a Europa, también se
han aventurado múltiples teorías. En un principio se adjudicó su introducción
a los árabes, que tantas cosas trajeron a Occidente, pero los árabes no tenían
cartas, ni su religión les permitía reproducir imágenes antropomorfas. En
realidad, el único juego de cartas «árabe» conservado es turco. También
se ha mencionado a los gitanos y sus barajas adivinatorias, pero cuando las
grandes migraciones gitanas llegaron a Occidente hacía tiempo ya que las
cartas eran sobradamente conocidas en Europa. Los naipes o cartas para jugar
se han atribuido asimismo, a Marco Polo, quien los habría traído de China,
pero parece que Marco Polo no llegó a China y que todas las historias que de
allí contó las había oído en Oriente Medio. Otras teorías atribuyen la
expansión de las cartas en Occidente a las Cruzadas, e incluso, durante mucho
tiempo circularon historias atribuyendo la invención de las cartas a ciertos
personajes (Vilhán, Nicolás Papin...) que en muchos casos resultaron
ficticios.
El pretendido origen europeo de los naipes
Tradicionalmente
ha existido un gran interés en demostrar el origen europeo de las cartas de
juego. Se trata sin duda de un esfuerzo algo paradójico, cuando, como parece
generalmente admitido, la idea de los naipes procede de Oriente. La respuesta
a este enigma es sin embargo muy sencilla. La mayoría de las cartas
utilizadas actualmente en todo el mundo son, en su concepción y características
-cuatro palos, una serie de cartas numerales y tres figuras- de estilo
europeo, así como la mayoría de los juegos de cartas (considerando que la
mayoría de los juegos americanos y australianos también son de origen
europeo). Las cartas llegadas de Oriente evolucionaron en Europa y desde este
continente se expandieron hasta el último rincón del mundo, principalmente
por medio de las barajas española e inglesa. Una muestra de esta influencia
puede observarse en Japón, donde las misiones luso-españolas del siglo XVI
-en esa época Portugal y el resto de los reinos de la península Ibérica
estaban gobernados por un mismo rey: Felipe II; esta unión se prolongó hasta
mediados del siglo XVII cuando, bajo el reinado de Felipe IV, Portugal volvió
a separarse del imperio español- introdujeron, entre otras costumbres, el
juego con las cartas de la baraja española, en especial la variante
portuguesa. Así, «carta» se convirtió en karuta, «copas» en koppu, «oros»
en oru y «caballo» en uma (literalmente, «caballo»). En Indonesia, la
palabra «carta» se convirtió en kertu.
Fueran
una creación europea o procedieran originalmente de Oriente, lo que sí
parece claro es que las cartas iniciaron su expansión a través del
continente europeo desde Italia. Por lo menos de ese país proceden los
ejemplares y testimonios más antiguos. De Italia pasaron rápidamente a través
del sur de Francia -o directamente a través del reino de Nápoles, entonces
perteneciente a la corona aragonesa- a Cataluña y el resto de la península
Ibérica. Las cartas de juego se extendieron hacia el norte hasta Francia y
Alemania, dando origen a las barajas nacionales de ambos países. Desde
Francia los naipes pasaron a Inglaterra, donde el modelo francés adoptaría
la forma de la que actualmente se conoce como baraja inglesa. Excepto en el
caso de esta última baraja, que fue llevada físicamente desde Francia hasta
Inglaterra por los impresores y grabadores franceses, parece que las cartas de
juego se transmitieron a través de las noticias y descripciones de los
viajeros que cruzaban Europa. Ello explica el surgimiento de los diversos
modelos de baraja europeos.