El Mecánico de Máquinas de Escribir
 

"En el tronco de un árbol en la esquina de Avilés y Zapiola
un viejo cartelito de chapa somete a las inclemencias
del clima porteño
una leyenda pintada con letras de molde
"Se reparan Máquinas de escribir".
Quizás el último testimonio
de un noble oficio condenado por la ciencia y el progreso
en una época en que los amantes se besan a la distancia
en el mundo extraño y glacial de la Internet..."

Esteban Moore. "Memorias del Barrio".

Clementi y Paoli, desde su taller de la calle Olleros 2990 durante muchos años se dedicaron a las reparaciones y reconstrucciones de máquinas de escribir. Lo mismo hicieron Atilio Bersano, Marcelo Moraut, o las casas "La Meca" de Avenida de Mayo 769 o "Diana", en la calle, entonces, Tellier (hoy Lisandro de la Torre), en el barrio de Liniers.

Hoy en día lo primero que le preguntan a alguien que busca trabajo es si entiende de computación, si además de la PC sabe sobre el manejo de Mac.
¿Dónde quedaron las máquinas de escribir? Las Blickensderfer, Everest; las Royal Quiet de Luxe; las Remigton, las Underwood; y las legendarias Olivetti, ya fueran Lettera 22, Lexicon o Praxis 48 eléctrica, verdaderos ejemplos de buen diseño.

Orlando Ortiz, está en el oficio desde hace más de cincuenta años. Llegó a Buenos Aires desde su Lobos natal, allá por el año 1944, tuvo varios trabajos, entre ellos vendió heladeras, hasta que finalmente comenzó con las máquinas de escribir, primero como aprendiz en un taller grande. Poco a poco fue conociendo todos los secretos del metier. Reconoce que los buenos tiempos ya pasaron, "la informática arrasó con nosotros".

Por su lado, el chileno Jaime Arancibia llegó a la reparación de máquinas de escribir por necesidad. Hoy se considera un sobreviviente de una actividad en franco retroceso. Pese a las dificultades, Arancibia pone un poco de humor ante la inquietante situación: "Lo bueno del oficio es que cada vez hay menos competencia. Además de lidiar tanto con máquinas mecánicas como eléctricas, aprendió sobre telefonía, fax e impresoras. Entre sus recuerdos profesionales destaca dos: " uno fue cuando me di el gusto de reparar una máquina inglesa Briton del año 1875, y el otro, podríamos decir que cómico, fue la vez que me llamaron de una oficina, porque el carro de una de las máquinas no avanzaba, al ver el problema, les dije que era más grave de lo que pensaba, porque la solución era construir de nuevo el edificio, lo que pasaba era que el carro chocaba contra la pared, y nadie se había dado cuenta".

Fuente: http://www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar/display.php?page=izq_inta/patrim_oficio.htm#1

Fotografía: http://www.jornadas-tdn.org/2005/img/torneos/mascara.jpg 

Agenci@ EL VIGÍA