MARCHE PRESO
Por Dante López Foresi
Siendo las 18.45 del miércoles 7 de junio recibí un inesperado regalo en el Día del Periodista. Circulando con mi automóvil por Leandro N Alem hacia el norte, llegué a un embotellamiento atroz a raíz del corte de tránsito en la Avda.Córdoba por la manifestación de estudiantes universitarios. Al llegar a la bocacalle de Corrientes, y teniendo luz verde, el tránsito se detiene precisamente por el caos imperante. Y de repente, cambia el semáforo a luz roja, como es de esperarse cada determinada cantidad de minutos. Fue allí cuando un policía federal con su pecherita anaranjada comenzó a anotar varios números de patentes (al menos 8...o 10) para multarnos por “cruzar con semáforo en rojo”. Obvia es la pregunta. Se cruza cuando el auto está en movimiento, pero en ese caso estábamos atrapados. La multa injusta tendré que enfrentarla perdiendo una mañana en un juzgado de faltas. Será la segunda multa de tránsito en 26 años desde que fui habilitado para conducir. Pero el episodio grotesco ocurrió cuando bajé la ventanilla para preguntarle al cana porqué semejante injusticia. Miró la placa de PRENSA que los periodistas llevamos en el parabrisas y cuya única función es la de brindarnos paso cuando el tránsito está cortado, siempre y cuando estemos cumpliendo nuestras funciones profesionales, y me dijo con odio visceral:
“ESA CHAPA DE PERIODISTA TE LA VAS A METER EN EL CULO CUANDO TE LLEGUE ESTA
MULTA”. Le pedí su nombre y placa, y literalmente escapó. Quedamos 10 o 12 automovilistas calientes, pero en mi caso me preocupé cuando comenzaron a derretirse mis dedos. Una vez en casa, llamé a dos seccionales policiales buscando a la cual perteneciera ese sujeto indeseable. Llegué a la comisaría 22. La que está emplazada sobre Ingeniero Huergo. Cuando relaté el episodio al oficial de turno que me atendió, me sorprendió su primera reacción:
“estaba usted en todo su derecho de arrancarle la cabeza” (¿?). Claro...el custodio del orden público no tuvo en cuenta que después yo iría preso y que no es así como se resuelven las cosas entre gente civilizada. Pero recordé que estaba hablando con un policía argentino y seguimos el diálogo. Me pidió que lo describiera. A esta altura él sabía de quién se trataba. Y se lo dije.
“¿Cuál fue el único policía que fue puteado por 20 automovilistas en una de las bocacalles más caóticas de Buenos Aires hoy?....es ese, macho. No lo
dudes”. Igual, se lo describí. Morocho. Un metro 65, unos 30 años...-¿Era pelado?.
– Tenía gorra, respondí. Y el oficial me dijo lo siguiente:
“Si vas a hacer un reclamo ante el Ministerio del Interior (que es lo que haré y sobre lo cual
informaremos oportunamente porque estas “pequeñas” injusticias no deben quedar impunes)
van a tener que echar a varios porque aquí somos todos petisos, pelados, medio gorditos y morochos”
(SIC). “Mejor esperá la multa, y lo identificás por el número de legajo que aparece abajo a la
izquierda”. Es decir...jodete.
Terminado el relato desopilante que a mí me provocó taquicardia y a Usted-lógicamente- alguna sonrisa, sigo pensando en que “los problemas de la gente” de los que siempre hablan los funcionarios, no son otra cosa que la misma gente a la cual pagamos un sueldo para que descargue sus frustraciones cotidianas contra el prójimo. Ese insulto gratuito y esa multa injusta existieron. Y existió la injusticia. Y todos sabemos que no hay nada más ofensivo e irritante que la injusticia en sí misma. No quiero reflexionar más sobre el caso porque sencillamente no puedo hacerlo objetivamente. No pasaron 3 horas desde que ocurrió este episodio y estoy escribiendo este relato. Solo puedo decir que aún hay quienes piensan que un uniforme los hace superiores, y son tan cobardes que aplastan al débil porque jamás se animarán a enfrentarse al verdaderamente poderoso. Y que la escuela de Ramón Camps y Suárez Mason caló hondo en la formación de estos hombres. No olvidemos que en la mismísima Juan Vucetich, hace unos 5 años, robaron las carteras de madres de sus compañeros cadetes en la fiesta de egresados. En hogares humildes argentinos, un hermano se hace policía y el otro ladrón. Llegan a ponerse “al servicio de la comunidad”, con un alto grado de resentimiento contra la gente y sin formación intelectual ni profesional alguna.
Gracias a Dios este episodio me ocurrió el Día del Periodista pero de 2006. Si hubiera ocurrido hace 30 años, no hubiese podido volver a casa para contárselo a Usted. Gracias por el “regalito”...oficial.