LOS TOBAS Y EL TABÚ DE LA PALABRA
Todos los integrantes de la comunidad Toba se comprometían en tabúes generales.  "Ralogo" era una enfermedad rápida y mortal que superaba los conocimientos de los hombres sabios: Pi Oxonaq. No debía pronunciarse porque la voz humana atraía la dolencia. Los más pequeños eran castigados si osaban decirla en voz alta.

El cuidado de la palabra era un valor difundido como virtud. ; comunicar lo necesario o permanecer en silencio, comportamientos muy apreciados. Los ancianos y los jefes se transformaron en portadores de la sabiduría y, por lo tanto, se les reservaba el derecho de pronunciar discursos. Aquel que interrumpía o elevaba el tono de voz ante la presencia de los sabios era severamente castigado. Por lo mismo fueron rechazados quienes hablaban en demasía.

El tabú del silencio se extendía hasta la pronunciación de una persona muerta. Desde niños, se les transmitía la prohibición de nombrar a los seres fallecidos y al rol familiar que los relacionaba: tío, abuelo, etc. Sin embargo, cuando un niño recibía el nombre de un muerto, la veda se suspendía. Mediante una ceremonia de iniciación, se destinaba la identidad adulta  al que compartía semejanzas físicas o espirituales con el familiar desaparecido. De esta manera, el nombre infantil quedaba reemplazado por el nombre adulto definitivo.

Más allá de su función comunicativa entendían que la representación acústica de la palabra era capaz de generar situaciones peligrosas para el parlante o su grupo. El valor del significado se complementaba con un nuevo sentido provocado por el poder del acto de pronunciación.

Fuente: Del libro "Leyendas Indígenas de la Argentina"- Lautaro Parodi- Ediciones Libertador