LOS PISABROTES
Por Dante López Foresi
Una pugna cotidiana se desarrolla en sordina, mientras cada uno de nosotros
trata de habituarse a sobrevivir en la superficie. Me refiero a la poco ingenua
guerra entre el talento y la desesperación sobreviniente del mediocre. Nuestra
lengua, como tantas otras o como todas, resulta insuficiente a la hora de
definir ciertas situaciones o personajes vernáculos. ¿Cómo llamar entonces a
aquel que no le alcanza con ser feliz, sino que precisa imperiosamente que los
demás sean desgraciados?. ¿Y cómo denominamos a aquellos que no bien
descubren algún talento ajeno, dedican su energía más residual en tratar de
anular al portador del don?. Proponemos que de ahora en adelante, lo llamemos LOS
PISABROTES. ¿Le parece?.
Sabido es que durante la década del 90 el pisabrotismo más rancio se convirtió
en una cultura de masas en Argentina. Cualquier intento por apelar al corazón o
a principios, era invalidado inmediatamente, en honor a una supuesta
competitividad, calificando al descarriado como débil o nostálgico setentista.
Sería ya reiterativo brindar ejemplos del nivel de talento que poseían
nuestros dirigentes en aquellas épocas del Todo 2 y de la calculadora científica
y el Tetris en ranchos globalizados. Ser exitosos consistía en ser competitivo,
y para semejantes especimenes ser competitivo se traducía lisa y llanamente en
ser un excelentísimo traidor a cuanto principio e idea subsistieran en nuestro
inconsciente. Era la época del fin de las ideologías y de un japonés
sin trabajo y con tiempo para pensar en como ser el mejor PISABROTES del mundo
(me refiero a Fukuyama...ese Piñon Fijo de la filosofía), a quién como la
filosofía oriental lo rechazaba, intentó con escaso éxito re-evangelizar a
los sudacas y latinoamericanos, con ideas fatalistas y plagadas de verdades
absolutas, como suelen sostener a menudo los ignorantes. Y si por casualidad uno
descubría algún talento propio, lo aconsejado era hacer sonar en el mini
componente caro comprado en 48 cuotas, un buen tema de Rodrigo que nos impida
pensar a fondo. No sea cosa que dejemos de ser competitivos por culpa de nuestra
peligrosa tendencia a sentir y valorar. Sin embargo, las sociedades
latinoamericanas (entre ellas la nuestra) han comenzado una de las guerras que
suelen ser las más sangrientas pero a la vez más efectivas, es decir, una
guerra no declarada formal y concientemente: LA GUERRA A LOS PISABROTES.
Lo que ya no nos parece fashion es escuchar a opinólogos, politólogos,
periodistólogos y cuanto "ólogo" deambula por el éter, lanzar
sentencias tremendistas y superficiales. Ya no nos bancamos los libros de
marketing, porque sabemos lo difícil que es venderle un buzón a alguien que no
está con la guardia baja. Se acabó la era de los economistas en televisión:
ya no dan Rating.
Pero a no confiarse: la lucha anti-pisabrotes no debe ser una estrategia, sino
una consecuencia. Nadie se planteó hace un par de años volver a ser sensible.
Simplemente, hoy descubrimos como la sensibilidad, los deseos de identidad
nacional y la revalorización de la palabra se vuelven a imponer, aún habiendo
tenido obstáculos tan enormes como nosotros mismos. El pisabrotismo solo
puede nacer, crecer, desarrollarse y reproducirse entre mediocres. Pero
solamente puede morir sumergiéndolo en un caldo espeso preparado con fibra,
corazón y sensibilidad. Coloque a un pisabrotes entre poetas y lo verá
desintegrarse. Llegará la hora en que los sindicatos hagan huelgas protestando
porque los patrones no dejan leer ni recapacitarse a los trabajadores. No se ría.
¿O no se enteró que desde hoy van a distribuirse libros en los estadios de fútbol?.
Y que a ningún barrabrava de la opinión publicada se le ocurra resucitar la
degradante frase es para educar al soberano. Lo bueno del soberano
(entendiéndose por tal a usted y a mi) es que no necesitamos de más educadores
que nuestro propio corazón y nuestro instinto. ¿Se dio cuenta que ahora -de
tanto en tanto- nos damos un permiso para llorar ante una película, una canción
o los ojos de un hijo?. ¿Se acuerda que en los 90 llorar era de retrógados
poco competitivos no globalizados y pro soviéticos?. Y que no se preocupen los
PISABROTES. En esta guerra no hay descalificaciones ni otra muerte que la de
nuestras propias miasmas. Ellos también llegarán a comprender tarde o temprano
la inmoralidad de ser felices en la opulencia del Poder, mientras el resto de la
sociedad vivía la trampa del Primer Mundo. La cura de un pisabrotes es una
caricia a tiempo y un premio a su propio esfuerzo. El pisabrotes verá l a luz
solo cuando descubra que ya nadie cree en su lucha competitiva. Así como no hay
persona más cruel que un capataz, que ejerce el poder humillando a quién
hasta ayer fue su compañero albañil, no hay peor pisabrotes que nuestro
intelecto, cuando no camina de la mano de un corazón noble. Pero hay una buena
noticia. Ahora podemos tener corazón. Extirpamos finalmente nuestra víscera
que lo censuraba. Y pensar que ese QUE SE VAYAN TODOS no era ni mas ni menos que
una súplica para que se vayan todos...nuestros miedos. Permitámonos ser quien
realmente somos...o solo seremos un mediocre y digno de lástima....PISABROTES.