Jorge Pedraza Arpasi
El aymara altiplánico, ó simplemente aymara, es un lenguaje andino hablado por un millón y seiscientos mil personas, en las proximidades del lago Titicaca. Más precisamente, según los últimos censos de Bolivia y Chile (1992) y del Perú (1993) existen 1.237.658 aymaristas bolivianos, 296.465 aymaristas peruanos y 48.477 aymaristas chilenos. También existen varias comunidades de las provincias argentinas de Salta y Jujuy que se autoproclaman aymaristas aunque no hablen esta lengua. El aymara altiplánico tiene dos lenguas hermanas: el Kawki y el Jaqaru, ambos hablados, todavía, en algunas provincias serranas de Lima. Desde el siglo XIX algunos estudiosos como Antonio Raymondi, Sebastian Barranca y Julio C. Tello sospecharon de un parentesco entre estas tres lenguas. Fueron los trabajos lingüísticos de Marta J. Hardman, durante los años 60 del siglo XX, que confirmaron plenamente esta conjetura. Hardman mostró que el aymara altiplánico, el jaqaru y el kawki son miembros de una misma familia lingüística a la que ella denomina de familia jaqi. Por otro lado, Alfredo Torero denomina a esta familia de aru. Recientemente, Rodolfo Cerron-Palomino propone que la denominación de esta familia sea aimara. El argumento de Cerrón-Palomino es la necesidad de nomenclatura simétrica con respecto a la familia lingüística quechua, donde nombres como simi no fueron aceptados. En estos primeros años del siglo XXI, de acuerdo a la información que poseemos y con mucha aflicción, podemos decir que el kawki puede estar extinto; mientras que el jaqaru, con base en Tupe (Yauyos), se debate en la lastimante agonía de ser hablado por unas pocas millares de personas tupinas, casi todos ellos viviendo en la ciudad de Lima. Esto hace prever que en una o dos generaciones el jaqaru, segundo miembro de la familia aymara, también pase a pertenecer a la clase de las lenguas extintas.Por otro lado, la teoría de un posible origen común, una misma lengua madre, del aymara y el quechua parece estar quedando sin validez. R. Cerrón-Palomino, M. J. Hardman, entre otros, señalan que el error fundamental de los partidarios del quechumara (Orr y Longacre), como es denominada esa supuesta lengua madre común, es que sus argumentos están basados solamente en la comparación del aymara altiplánico y la variedad del quechua cuzqueño-boliviano y no de todas las familias de ambos lenguajes. Es plausible que conjeturar alguna teoría a este respecto tiene que ser un resultado de considerar las familias lingüísticas, con la mayor completitud posible, de ambos lenguajes como son el Quechua I (Huayhuash) y Quechua II(Huampuy) y todas sus sub-familias diseminadas en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina así como a la familia jaqi ó aru ó aimara y sus lenguajes/dialectos aymara(altiplánico), kawki y jaqaru. Esto llevaría a la reconstrucción hipotética del proto-quechua y del proto-aymara que, según parece, están a buena distancia de un origen común. El primer estudio gramatical y lexical del lenguaje aymara fue hecho por el jesuita italiano Ludovico Bertonio, a finales del siglo XVI, mientras cumplía su misión en Juli(Chucuito, Puno). Bertonio estudió al aymara usando como referencia a la gramática latina. Durante los cuatro siglos siguientes a Bertonio los otros estudios del aymara continuaron a tener como marco de referencia a los modelos gramaticales indoeuropeos. Se considera al trabajo de Ellen Ross, en 1963, como el primer estudio del aymara usando conceptos de la lingüística moderna, sacudida de los defectos de los anteriores estudios. Posterior a Ross aparece el equipo de lingüistas de la escuela de Florida bajo la dirección de M. J. Hardman. Todos los estudiosos de la lengua aymara reconocen que los resultados de esta escuela son de los más importantes hasta ahora conocidos.
De acuerdo a la categorización clásica de las lenguas; inflexivas, aglutinantes y aisladoras, el aymara es una lengua aglutinante. Mientras que de acuerdo a la clasificación moderna que tiene una escala contínua desde lenguajes analíticos hasta los lenguajes sintéticos, el aymara está en la zona de los lenguajes sintéticos. Una otra característica del aymara es su sistema de cuatro personas gramaticales. El carácter aglutinante aymara se debe a las propiedades de sus dos clases morfológicas fundamentales: raíces (verbos, sustantivos, adjetivos) y sufijos. Las raíces verbales y los sufijos son elementos morfológicos sin ningún significado por si mismos. Mientras que combinando adecuadamente estos elementos morfológicos se puede expresar cualquier tipo de ideas. Para el profesor boliviano Iván Guzmán de Rojas, atrás de las reglas de esta combinación de sufijos existe dos estructuras independientes; una estructura lógica y una estructura algebraica. La estructura lógica sería la trivalente propuesta por J. Lukasiewicz durante las primeras décadas del siglo XX. Mientras que la estructura algebraica sería específicamente la de los anillos de enteros módulo-3 (Z3). Comprobadamente el aymara posee más de 200 sufijos propios y prestados. M. J. Hardman calcula que combinando adecuadamente sufijos y raíces verbales se puede alcanzar hasta 363.394.720 formas verbales diferentes. Como la educación oficial en Bolivia, Perú y Chile es en español y considerando que esta educación monolingüe no es de las mejores, mal se puede esperar una educación bilingüe castellano/aymara ó castellano/quechua. Sin embargo existen instituciones y ONGs que vienen difundiendo el lenguaje aymara oral y escrito por fuera de medios oficiales. En ésta labor se destaca radio San Gabriel de La Paz perteneciente del arzobispado de Bolivia y que cuenta con apoyo financiero español. Su programación diaria de 15 horas es integralmente en aymara y contiene programas de alfabetización y difusión de la cultura aymara. Todo esto junto con la edición y publicación de textos básicos escritos en aymara. Otro centro destacado, y con mayor rigor académico, es el Instituto de la Lengua y Cultura Aymara (ILCA), también ubicado en La Paz, es dirigido por el renombrado profesor y lingüista aymara Juan de Dios Yapita. Posee importantes publicaciones sobre gramática y sociología aymara. Finalmente debemos mencionar el brote de diccionarios aymara en Internet, siendo el mas importante la publicación del Vocabulario completo de Bertonio en lenguandina.org.
Por "pueblo aymara" entendemos al conjunto de individuos que tienen como lengua materna al aymara y también a las personas y grupos que claman para sí su identificación como aymaras. No existe un subgrupo étnico exclusivo del aymara y recíprocamente el lenguaje aymara no puede ser considerado una exclusividad de ningún subgrupo étnico. Esto porque diferentes subgrupos étnicos tales como los Qullas, Lupaqas, Qanchis, Carangas, Lucanas, Chocorvos, Chichas, etc. hablaron aymara desde tiempos pre-incaicos hasta siglos post-incaicos. Geográficamente estos grupos estaban asentados en diferentes lugares de los actuales departamentos de Lima, Ica, Huancavelica, Ayacucho, Arequipa, Apurimac, Cuzco y norte de Puno, zonas de Cochabamba y Potosí localidades, hoy, de habla quechua. Los apellidos Mamani y Quispe, linguísticamente son de indiscutido orígen aymara y son de los más numerosos en diferentes regiones andinas e inclusive urbes del Perú, Bolivia, y Chile. Sin embargo por el proceso histórico de avance del quechua y castellano sobre el aymara muchas personas con estos apellidos claman por una identidad quechua antes que aymara. Otros ni siquiera eso, planean, si no lo han hecho antes, cambiar Mamani ó Quispe por un apellido europeo.
Después de la decadencia de Tiwanaku surgieron otras sociedades aymaras, políticamente organizadas, siendo los más importantes los reynos Lupaqa, y Qulla. Los Incas sin ninguna distinción denominaron por Qullas a todos los aymaristas y también todo este territorio junto con las tierras mas australes pasó a ser el Qullasuyo. Pedro Cieza de Leon acentúa estas denominaciones denotando por meseta del Collao a la meseta del Titicaca y, también, denotando por Collas a todos los aymaristas (Cap. XCIX de Crónica del Perú). La conquista española del imperio de los Incas se inicia cuando 150 aventureros españoles supuestamente invitados del Inca Atawallpa lo engañan y lo toman rehén. Como la sociedad teocrática de los incas atribuía a su gobernante poderes divinos, los otros líderes del imperio tardaron a comprender la crítica situación de su monarca. Esta inconsciencia es la única causa que puede explicar razonablemente el porque no fue movilizado de manera rápida, como correspondía, el poderoso y numeroso ejército imperial en aras del rescate de Atawallpa. En ese entretiempo de varios meses, entre la captura y la muerte del Inca, estos pocos españoles fueron capaces de comprender las pugnas entre la diversidad de pueblos que estaban bajo el dominio incaico y de esa manera ganar aliados entre éstas naciones que veían a los españoles como sus liberadores del imperio. Después de matar al Inca, los españoles contando con el respaldo militar y logístico de millares de nativos, rebeldes al dominio inca, fueron practicamente invencibles en los momentos decisivos de esta guerra de la conquista. Bastarían pocos años para que éstos aliados nativos se arrepientan de su fatal error. Pero ya era muy tarde, el imperio estaba destruido y todos sus pobladores, inclusive estos aliados, reducidos a condiciones subhumanas. Después de la batalla de Ayacucho en 1824, que fue la última de la guerra de independencia, todos los territorios habitados por los aymaras estaban en el seno del territorio peruano. Pero un año después, en 1825, líderes de la región del Alto Perú, motivados por intereses personales y el centralismo limeño, deciden que esta ex-audiencia se convierta en la nueva república de Bolivia. El lago Titicaca y los aymaristas fueron separados en dos partes perteneciendo cada una a diferentes países. Años más tarde estalla la guerra del Pacífico que enfrentó Chile contra Perú y Bolivia. Como las batallas decisivas de esta guerra estuvieron geográficamente enmarcadas en los antiguos territorios de los Lupaqas y Qollas se puede deducir la alta cuota de sangre aymara derramada en esta guerra que ha carecido de cualquier sentido para el pueblo aymara. Chile ganó esta guerra y con eso conquistó importantes territorios salitrero/cupríferos de Bolivia y Perú que mayoritariamente eran poblados por aymaristas. De esta manera intereses ajenos fueron los que los separaron a los aymaristas en los senos de tres repúblicas diferentes. La independencia de España, de los países sudamericanos, en poco o nada mejoraron la condición de los aymaristas y otros nativos. Es más, algunos historiadores sostienen que su situación empeoró. Hasta recientemente la práctica del pongaje era una forma sutil de esclavitud en las casas de los ricos gamonales de Bolivia y Perú. Estimativas actuales sostienen que el 80% de los 1.6 millones de aymaristas estén viviendo en las ciudades desempeñando actividades económicas informales y periféricas. El 20% restante vivirían en el medio rural laborando en la pequeña agricultura y pastoreo en las peores condiciones de miseria. Como los castellano hablantes de las urbes son intolerantes con las lenguas nativas, un aymarista es forzado a aprender el español y consecuentemente ocultar su idioma materno hasta a sus propios hijos que por lo general solo hablan español. Esto resulta en la alta tasa de decrecimiento de los aymara hablantes que amenaza con la extinción del aymara como lengua viva.
Las antiguas sociedades aymaras eran necroteístas, es decir cada muerto se convertía en un Dios que tenía que tener su chullpa. El acabamiento de la chullpa era conforme la jerarquía del difunto, a mayor jerarquía mejor elaborada la chullpa. Los conjunto de Sillustani y Cutimbo son ejemplos de sepulcros de la antigua élite de los Collas y los Lupaqas. Estos vestigios de Sillustani y Cutimbo permiten establecer que los antiguos aymaras desarrollaron de manera independiente la gran arquitectura de la piedra, con finos acabamientos y tamaños colosales. Como la construcción de la chullpas, de la élite, exigía gran precisión, es fácil deducir que instrumentos de metales mezclados como el bronce eran del dominio pleno de los antiguos Collas y Lupaqas. Además, claro está, de otros puros como el cobre, oro, etc. Obviamente en los andes siempre se ha cultivado la música. Pero recientemente se conoce como música andina a la música cuyo núcleo ejecutor es compuesto por 4 instrumentos: siqu(siku), charango, bombo y quena. El siqu es de origen aymara y al grupo de músicos que lo tocan/danzan se les conoce como siquris. Esto porque en aymara -iri es un sufijo que denota actor/ejecutor, de manera que siquri, en aymara, significa el tocador/ejecutor de siqu. El charango es de creación posterior a la conquista española, pues originalmente los instrumentos de cuerda fueron desconocidos en los andes. Antiguamente eran hechos con la caparazón del armadillo que en aymara es conocido como khirkhinchu. la mayoría de historiadores sostienen que el khirkhinchu fue creado en la zona aymara en el siglo XVII. Hasta los años 60 estos instrumentos fueron rechazados por los pobladores de la urbes y solo eran tocados por los indígenas en zonas rurales y remotas. A partir de la segunda mitad de los años 60 la juventud chilena inicia un movimiento político-cultural de carácter contestatario. Esta actitud toma como símbolo un movimiento musical denominado de nueva canción o también canción protesta que es exclusivamente ejecutado por los 4 instrumentos musicales indígenas. Los primeros exponentes de esta nueva canción son Víctor Jara, Inti Illimani, Kollawara e Quilapayun. Posteriormente esta música es difundida y aceptado por estudiantes de los otros países andinos, especialmente de Bolivia y Perú, que en la época estaban bajo gobiernos militar/dictatoriales. A comienzos de los años 80 la nueva canción deja a un lado su mensaje político y es aceptada comercialmente transformándose en música andina. Ahora existen cientos de grupos practicantes de esta música tratando de alcanzar algún éxito comercial. En este empeño, es muy frecuente verlos actuando en las plazas y estaciones de los metros de ciudades europeas y de EEUU. Solo pocos de ellos ven estos esfuerzos coronados.
Los distintos pueblos aymaras de la antigüedad han tenido diferentes Dioses locales y por tanto variadas formas de religiosidad. Sin embargo esta variedades locales estaban basadas en los dos pilares de la religiosidad Pan-Andina como son: la religiosidad agrícola y la adoración a los ancestrales ( muertos).
Los Dioses locales son los cerros protectores (Awki, Achachila), Esta forma de manifestación de fe continúa vigente hasta hoy día en que cada cerro local tiene un nombre y es siempre invocado como el protector local. Los Dioses del mal eran los subterráneos conocidos por Anchanchu ó Saxra. Dioses menores residen en las nacientes de agua (Phuju). Otro aspecto importante relacionado a la espiritualidad aymara es la medicina ritual y naturista cuya práctica es realizada por los yatiris (sabios). Los yatiris de mayor prestigio y eficacia desde tiempos inmemoriales, hasta el presente siglo XXI, son originarios de pueblo Kallawaya en la cordillera del Charazani en Bolivia. b) Religiosidad Moderna[Cristiana](1550-actualidad) Las autoridades políticas y eclesiásticas españolas trataron, sin éxito, de destruir la religiosidad nativa aymara. Ellos destruyeron los iconos, las chullpas, etc. Es de ingrata recordación la manera brutal en que fue impuesta la nueva religión. Pero las fuerzas de la naturaleza, los cerros, los lagos, la tierra estaban ahí incólumes alentando, aunque clandestinamente, la tradición religiosa de los aymaras. Sin embargo, es justo señalar que hubieron muchas voces, al interior de la Iglesia Católica, que se opusieron a esta forma equivocada de "evangelización". Dentro de estos sectores moderados de la Iglesia estaban las órdenes religiosas de los jesuitas y fransiscanos que optaron por cristianizar o acomodar los antiguos Dioses aymaras. De esta manera el poderoso Dios Thunupa es transformado en Apu Qullana Awki, identificación útil para fines de explicación religiosa de la creación del mundo. Sin embargo, una característica importante del Dios Thunupa era su identificación con los rayos y truenos; así Thunupa puede ser simultáneamente Apu Qullana Awki(creador del mundo) y San Bartolomé (el patrón de los rayos). Otra acomodación sincrética importante es la identificación de la Pachamama con la Virgen María. Esta mixtura es reflejada en las costumbres (fiestas patronales), en el arte del siglo XVIII (Escuelas Cuzqueña y Potosina de Pintura) llamado de mestizo barroco. Un otro ejemplo de este sincretismo es el santuario de Nuestra Señora de Copacabana, el lugar a orillas del Titicaca es puerto natural hacia la isla del sol y Quta Qhawaña (Copacabana) ya era sagrado antes del arribo del cristianismo. Durante los primigenios e intolerantes años de las actuales repúblicas andinas este sincretismo fue practicado de manera clandestina. Desde la segunda mitad del siglo XX este sincretismo es practicado abiertamente, contando incluso con la anuencia de la Iglesia Católica. Las Iglesias Protestantes ( evangélicas) continúan intolerantes, prohibiendo incluso la práctica de la medicina ritual tradicional que ha generado una enorme discusión, pues es sabido que mucha de esta medicina tradicional tiene resultados prácticos positivos, especialmente con los renombrados Kallawayas. Un yatiri convertido/adepto de alguna iglesia protestante es prohibido de continuar a ejercer sus conocimientos curativos. Por otro lado, El ritual aymara de la ch'alla que es el agradecimiento a lo tierra ( pachamama) coexiste pacíficamente con las fiestas patronales católicas. Un aspecto interesante de este sincretismo es que la fiesta más importante del cristianismo como es la Navidad, nunca tuvo ese carácter de importancia entre los cristianos campesinos aymaras. Para el el campesino aymara es mucho más importante las fiestas de carnavales (mara anata), época de florecimiento de los campos de labor y por tanto época propicia para efectuar la ch'alla para que las flores se conviertan en buenos frutos. Es claro que en los últimos años con la inmigración masiva de los aymaras a las los centros urbanos, se calcula en un 70-80%, las lucecitas (de Taiwan) de Navidad, las caretas de Papa Noel han hecho que éstos aymaras urbanos asimilen esta fiesta, pero en este caso su celebración no es distinguible de los demás, por lo que carece de algún sentido hablar de una tradición de Navidad aymara, como algunos piensan puede existir. Fuente: http://www.aymara.org/histo.php
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EL LENGUAJE DE WIRACOCHA Umberto Eco en su libro "En búsqueda de la lengua perfecta, 1994 ed. Grijalbo" Pag 156- 157 " El jesuita Ludovico Bertonio publicó en 1603 un Arte de lengua aymara y en 1612 un Vocabulario de la lengua aymara (una lengua que se habla todavía en la actualidad entre Bolivia y Perú), y se dio cuenta de que era una lengua de una extraordinaria flexibilidad, dotada de una increíble vitalidad para crear neologismos, especialmente adecuada para expresar abstracciones, hasta el punto de infundir la sospecha de que se tratase del efecto de un «artificio». Dos siglos más tarde, Emeterio Villamil de Rada hablaba de ella definiéndola como una lengua adánica, expresión de «una idea anterior a la formación de la lengua», basada en «ideas necesarias e inmutables» y, por lo tanto, lengua filosófica, si es que alguna vez las hubo (La lengua de Adán, 1860).Estudios más recientes han demostrado que el aymara, más que en la lógica bivalente (verdadero/falso) en la que se basa el pensamiento occidental, se basa en una lógica trivalente y, por lo tanto, es capaz de expresar sutilezas modales que nuestras lenguas sólo consiguen a base de engorrosas perífrasis. Para acabar, hay quien propone ahora el estudio del aymara para resolver problemas de traducción por ordenador (para estas informaciones y amplia bibliografía, cf. Guzmán de Rojas, s.d.). El inconveniente es que «debido a su naturaleza algorítmica, la sintaxis del aymara facilita extraordinariamente la traducción de cualquier otro idioma a sus propios términos (pero no al contrario)» (L. Ramiro Beltrán, en Guzmán de Rojas, s.d., III). Gracias a su perfección, el aymara podría enunciar cualquier pensamiento expresado en otras lenguas mutuamente intraducibles, pero el precio que habría que pagar sería que todo lo que la lengua perfecta resuelve en sus propios términos no podría ser de nuevo traducido a nuestras lenguas naturales.
Fue el sabio investigador Boliviano Emeterio Villamil de Rada quien publicó en 1888 ( La lengua de Adán), describiendo uno de sus más importantes hallazgos, la lengua original de todas las lenguas: el Aymara.
Muchos años después (2003), el grupo de investigadores amauticos fuimos en una expedición a la parte trasera del Jacha Apu Illampu, específicamente a una zona que se encuentra a dos días descendiendo de su nevado Jancko Uma (aguas blancas) hasta llegar al pico menor llamado Khanauiri (Él que trae el amanecer), en esta majestuosa zona descendimos desde 5300 msm hasta el Turini (el que tiene torre) a unos 1600 msm una zona casi tropical.
Un lugar casi indescriptible por su biodiversidad única en el mundo, allí fuimos recibidos por el cuidante Don Santiago un Yatiri de la zona, quién fue nuestro guía en el ascenso al Turini, en esta travesía encontramos estructuras arqueológicas que denotaban el uso de calendarios y ojos de agua (astroposicionamientos) en una pieza lítica inmensa que tiene la forma de sapo (jampatu) en su espalda tiene esos huecos (hoyos) que sirven para la observación astronómica.
En la parte trasera hay un farallón inmenso con una pieza lítica incrustada a modo de puerta sepultura (Amaya uta) pudimos ingresar a ese recinto por un pequeño orificio que realizaron algunos saqueadores de chulpas (momias) durante la colonia.
Al ingresar con linternas pudimos encontrar piezas óseas de tamaño descomunal (gigantes) por ejemplo un fémur del tamaño de un miembro superior actual (80 cm.) lo que presume que el individuo tenía unos 3 metros de altura. Su cráneo era grande y alargado terminando en punta roma donde se observa un orificio circular cicatrizado en la región occipital (nuca).
Las manos son muy largas y los dedos son del doble del tamaño de una mano normal (20 cm.) es decir aproximadamente 40 cm., lo más impresionante fue encontrar al lado de esta gigante un niño gigante, suponemos que ambos murieron en la cueva, las paredes tiene arte rupestre y una de las figuras más sorprendentes es la rosa de cuatro pétalos o Capac Ñan.
Nos retiramos del lugar realizando una challa ceremonial en memoria de esos ancestros, comenzamos la subida al Turini, no existía ninguna senda y la abrimos a machetazos, lo empinado del farallón dificulta el ascenso, la tierra esta suelta o sobrepuesta a la parte rocosa, es decir, cuando uno pisa se hunde y resbala, debíamos ayudarnos a escalar agarrando las matas y los bejucos (enredaderas) el piso esta plagado de hormigas rojas y negras (carnívoras), alacranes, serpientes, etc.
Después de unas horas llegamos a la cima y pudimos ver una s construcciones, no sabemos cómo llevaron esas piedras hasta allí, existen andenes agrícolas, el farallón es escalable por un solo lado, lo demás es acantilado filoso desee allí hasta el río hay unos 600 metros de caida.
Por eso se llama Turini, es una torre natural que permite ver ambos lados desde la punta del illampu hasta la cabecera del valle del Mapiri unos 100 Km. a cada lado increíble vista, en el suelo existen unas fosas cuadradas por donde sale un aire caliente, existe una vertiente de agua de la cual no sabemos cómo sube 600 metros desde el nivel del río, en una de las paredes esta la pared del coricancha aún visible en detalles, fue allí donde realizamos el rito (licencia del turini).
Al descender, más que todo al resbalar, casi cayendo en picada, tardamos una cuarta parte en bajar que en subir, en uno de esos momentos una liana se enrosco en el pie izquierdo de mi compañero y este cayó golpeándose con un arbolito, el cual se destrozo, no sirvió de cuña mas bien de deslizador, yo me lance y logre agarrar una de sus piernas, nos deslizamos unos 50 metros hasta detenernos por nuestro propio peso, al levantarnos nos dimos cuenta que todo nuestro cuerpo estaba lleno de tierra negra invadida por miles de hormigas que nos picaban, dejamos nuestras mochilas y corrimos al río inmediatamente, allí abajo nos desnudamos y nos sumergimos en esas aguas heladas del nevado sagrado.
Las picaduras y el agua fueron fuego y hielo, una experiencia muy rica e inolvidable, cuando nos recuperamos sufrimos un poco de fiebre e hinchazón en nuestro cuerpo mordido y magullado por la caída, dormimos en la casa de nuestro guía y amigo.
Al día siguiente comenzamos la subida hacia jancko uma, nuestras mochilas las llevaron sus hijos en caballos que nos facilitaron, los caballos no llevan jinetes, sólo carga, la subida es terrible a medida que vas hacia arriba, tu cansancio aumenta y el oxigeno disminuye, provocando una sensación de asfixia y desorientación.
En la tarde reposamos por un momento en la casa de un lugareño, quien nos invitó una taza de avena con leche, más tarde nos dimos cuenta que esa avena estaba pasada y con gorgojo, vomitamos todo y nos pusimos muy enfermos, debilitados por la intoxicación, teníamos la premura de llegar al pueblo antes de la caída del frío 8 de la noche, momento en que se congela todo, sin carpa, ni cobijas (pues estaban en los caballos) si nos llegaba la noche moriríamos congelados.
Caminamos a todo pulmón para salvar nuestra vidas, desorientados y enfermos, la neblina aumento el caos, nos amarramos una cuerda uno a otro para no perdernos teníamos aiun una sola linterna con pilas muy debíl para la neblina, y a cada paso el acantilado era más peligroso y estrecho.
En un momento de esos me di cuenta que cruzaba un puente de piedra una de mis piernas estaba en el suelo y la otra sobre el abismo, fue el hijo del guía quién me jalo para atrás, salvo mi vida y la de mis compañeros, al caer hubiera jalado a los demás a una muerte terrible.
Llegamos a las 9:00 de la noche al pueblo, casi congelados con hipotermia, nos dieron mates calientes y mascamos coca toda la noche para no morir de frío, pedimos al gran Achachila Illampu que nos permita terminar nuestro viaje humildemente.
Al llegar la madrugada nos trajeron a Sorata (la perla andina) donde nos embarcamos hacia la ciudad de La Paz.
Esta experiencia me enseño, a respetar el poder de la naturaleza, a conocer nuestra diminuta existencia frente a la grandiosidad del universo.
Este pueblo habla la lengua originaria, esa lengua que traduce a la naturaleza y es expresión de ella misma Onomatopeya eso es el AYMARA la lengua de la naturaleza. Enviado por elconfidente@gmail.com a la Lista Chamanes |