LAS OCURRENCIAS DEL
ABUELO
Por Dante López Foresi
Toda vez que un pueblo está sometido a la presión
de una crisis, sobre todo en materia de seguridad, suelen aparecer los peores
rasgos de cada uno a la hora de buscar soluciones. Y ciertos sectores
desplazados del poder, aprovechan la oportunidad para arremeter contra las
instituciones y aparecer como los artífices de soluciones mágicas de problemas
que ellos mismos generaron. Estamos hablando de la propuesta de hombres como Carlos
Menem, Mariano Grondona o Mauricio Macri quienes, unidos por el espanto de
sus propios pasados y presentes, reclamaron que las fuerzas armadas ganen las
calles para protegernos de la delincuencia común. Es curioso que los
destinatarios centrales del clamor popular para que se v ayan todos del
2001, no sólo pretendan volver a través de esta propuesta ilegal e
inconstitucional, sino que además quieran traer consigo a los generadores del
mayor clima de inseguridad, terror y violencia de la historia argentina.
Un ex presidente (y ex presidiario) que fue
capaz de sostener el gesto histórico de abrazar al hombre que fusiló a sus
propios compañeros en Plaza de Mayo, que dejó sola a su ex esposa en la
investigación por el crimen de su hijo y que no conforme con la impunidad
consumada en este acto aberrante, fue cómplice (según la reciente sentencia
judicial en la causa) de la creación otro manto de impunidad que avergüenza a
los argentinos, como es la voladura de la sede de AMIA. Ni que hablar de la
venta ilegal de armas a nuestro hermano Ecuador cuando protagonizaba un
conflicto bélico con nuestro otro hermano Perú. Es decir, un hombre
especializado en la generación de violencia social y política, capaz de dejar
impune hasta el crimen de su propio hijo, viene a sugerirnos que armar las
calles con militares es un camino para encontrar la paz.
Pero aunque indignante- no es lo que Menem diga o deje de decir lo que lastima y
preocupa, sino la reaparición de un discurso reaccionario hasta lo desopilante
por parte de ciudadanos que se autodenominan "comunes" y "apolíticos"
de la sociedad argentina. Frases como con la dictadura estábamos mejor o hay
que sacar a los milicos a la calle están proliferando por medios de comunicación
que consiguieron sus dudosas licencias de la mano de la ilegalidad y a través
de algunos de los mencionados referentes del pasado. Parece ser un instrumento más
de esta sinfonía fúnebre. Pero no es casual. Los destinatarios del que se
vayan todos quieren regresar una y otra vez. Y el camino se les estrecha a
medida que pasa el tiempo. El voto popular es un mecanismo inviable para que
ellos logren sus fines. Qué mejor entonces que una alianza de derecha que pueda
imponer sus ideas a través de lo que sugieren comb atir usando (en todas sus
definiciones) a las fuerzas armadas argentinas: el terror y la violencia.
Sin embargo, las voces que mencionan esas frases
dignas de Edgar Allan Poe, suelen pertenecer mayoritariamente a hombres y
mujeres que colaboraron por acción u omisión en dejar a nuestro bendito país
en el estado calamitoso que conocemos. Varias décadas de desigualdad social,
inequidad, falta de premios y castigos, ausencia de oportunidades, desintegración
cultural y corrupción a mansalva no podían concluir en otra cosa que en al
menos- inseguridad social. Y recordemos quienes la parieron desde el poder. Son
nombres y apellidos coincidentes con los de los "salvadores" del
presente.
Para finalizar y cómo parábola siniestra de
este discurso, imaginemos una mesa familiar, donde el abuelo comienza a hacer
catarsis por su dolor reumático y sus vida plagada de frustraciones,
proponiendo mano dura, muerte y violencia. Todos pensamos que el abuelo desvaría.
Lo escuchamos en silencio, pero sabemos que nosotros tenemos la responsabilidad
de reconstruir el país que destruyó -precisamente- la generación del abuelo.
No queremos ni merecemos que nos distraigan en la tarea. Pero el abuelo necesita
gritar su frustración. Dejémoslo. Pero no olvidemos que tenemos un trabajo
enorme por hacer, si pretendemos que nuestros hijos vivan en un país y una
sociedad mejores. Nosotros debemos trabajar en serio para combatir la raíz de
la injusticia. El abuelo aún es nostálgico de las botas y las patillas del
pasado. Cree que con balas y palos de golf podemos terminar de enmendar sus
errores. Pobre abuelo. Pobre Argentina.