| LAS BRASAS DE SAN JUAN |
Desde el siglo XVII, los viajeros comenzaron a relatar hechos increíbles que habían visto en lejanos países. El jesuita Pablo Lejeune, a su regreso del Nuevo Mundo, relató sus aventuras con los indios hurones en 1637: "Ustedes deben creerme pues hablo de cosas que he visto con mis propios ojos" escribió antes de contar a sus contemporáneos que los hurones frotaban a los enfermos con brasas ardientes y que, en ningún caso, la piel se quemaba.
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Carshalton el 9 de abril de 1937. Ante los ojos de numerosos observadores occidentales, el indio Ahmed Hussein atraviesa un foso lleno de carbones ardientes. |
El caso más antiguo de resistencia al fuego que ha sido relatado aparece en la Biblia, en el Libro Tercero de Daniel: tres intendentes del rey Nabucodonosor fueron condenados a la hoguera, pero las llamas no parecían tener efecto sobre ellos: "Se reunieron los sátrapas, los magistrados, los gobernadores y las personas más cercanas al rey para ver a estos hombres y el fuego no tenía ningún poder sobre sus cuerpos, los cabellos de su cabeza no habían sido consumidos, sus vestidos no se habían alterado y ningún olor a quemado salía de ellos". Como caso aislado, este relato podría ser incluido entre los milagros que aparecen en la Biblia. Sin embargo, algunos siglos más tarde, Platón y Virgilio se refirieron a unos hombres que caminaban sobre carbones encendidos sin quemarse. Y, en el siglo III, Porfirio y su alumno Jamblico de Chalcis escribieron un estudio sobre este fenómeno. |
El
9 de abril de 1937, unos investigadores de la Universidad de Londres
quisieron aclarar el asunto de una vez por todas y reconstituyeron el
experimento en una forma científica. En la campiña de Surrey, en
Carshalton, abrieron una fosa de siete metros y la llenaron de brasas. Los
termómetros registraron una temperatura de 430° C sobre la superficie.
Un joven hindú aceptó servir de conejillo de Indias. Se comprobó que no
podía haber ningún fraude, ya que la piel de la planta de los pies del
joven era fina y suave, y enseguida éste cruzó por cuatro veces
consecutivas la fosa frente a los ojos de los científicos, quienes
examinaron la piel inmediatamente después y luego al día siguiente. El
resultado fue indiscutible, ya que no había ninguna huella de quemaduras.
Las Pruebas de San Juan
Se deja caer una gota de tinta en un papel, el que guardado convenientemente doblado en la noche del 23 de junio, se espera que el santo trabaje y deje el mensaje de quién será el futuro novio o marido de la niña que dejó el papel.
Se
colocan varias agujas de acero sobre la superficie del agua contenida en
un vaso. Una de ellas representa a la niña y las otras a los
admiradores de la ésta que además coloca sus preferencias. La tensión
superficial del agua mantiene a las agujas flotando en constante
movimiento, hasta que casualmente algunas se unen. Como cada aguja tiene
asignado un nombre, es la forma que San Juan le avisa quien ser
su marido o novio.
Las casamenteras deben arrojar un balde de agua a la entrada de su rancho, en las últimas horas de la noche del 23 de junio (antes de las 24). Como en los barrios suburbanos es clásico el cerco de palos a pique o costaneras, o el simple alambrado, el agua se arroja cerca del portón. Al día siguiente el primer hombre que pisa la mancha de humedad será el novio o marido. A veces suelen llevarse decepciones, sobre todo si el hombre que pisa es un anciano o el propio hermano que regresa de una juerga.
La
moza que pretenda ser una hábil bailarina debe ofrecer su
primer danza a San Juan. Por este motivo, la noche del 23 de junio a la
hora cero, debe bailar sola detrás del rancho. Luego nadie la
supera en la habilidad para bailar, lo que le asegura la posibilidad de
conseguir novio.
Las mozas que pretendían conocer el nombre de su futuro novio o marido, solían encerrar un gallo en una jaula, varios días antes de la festividad de San Juan. No se daba de comer al pobre animal que acumulaba una hambruna de varios días. La noche de San Juan se colocaban delante de la jaula una fila de casamenteras portando el nombre de su amor, luego tiraban un puñado de maíz delante de sus pies y se soltaba el gallo. La voracidad del animal sometido al hambre extremo hace que se abalance sobre el cereal para comer. La mujer a cuyos pies comía primero el gallo era la que primero conseguiría novio o se casaría con hombre cuyo nombre portaba. Estas prácticas van desapareciendo, lentamente debido a la fuerte influencia de otros estímulos culturales llegados de mano de la televisión que invadió hasta el más humilde de los hogares. Además la sociedad de consumo le ofrece más atractivos entretenimientos o tentaciones.
Al
filo de la medianoche del 23 de junio, víspera del natalicio del profeta
de la Iglesia Católica Romana, Juan El Bautista, en nuestra región
guaranítica especialmente, se realizan fiestas populares de características
especiales y además la imaginería del pueblo con fuerte tradición
religiosa, ha creado toda una batería de creencias, donde los devotos del
Santo le hacen ofrendas de fe y además le piden
favores especiales, sobre todo las solteras que tienen urgencias por el
casamiento y aquellas hechiceras que adquieren sus poderes por traspaso de
otra más vieja a la medianoche en vísperas de San Juan.
La
antigua tradición de las fogatas, que solía observarse en la vieja
Europa (con otro significado) se tomó en esta parte de América
y es habitual observar en la noche de víspera de San Juan, en los barrios
de casi toda la parte de nuestra Provincia que tiene influencia guaranítica,
las enormes "fogatas de San Juan", que se alimentan
especialmente con ramas secas y cubiertas de automotores sin uso.
La
recordación de Juan el Bautista comienza a extenderse por la vieja
Europa, luego de la llegada del Cristianismo. La expansión del Dogma Católico,
cambió muchas tradiciones del folclore europeo. En los
comienzos el culto oficial se asociaba con el agua, por el perfil
recordado (Bautizó a Jesús en el Río Jordán) La deformación que suele
verificarse en costumbres y prácticas cuando se popularizan y se
ejecutan sin la tutoría de especialistas. Es decir que por ejemplo
en la organización de la iglesia el sacerdote guía la liturgia
manteniendo los procedimientos que dicta la institución, lo cual asegura
la permanencia de los ritos tal cual indica la normativa. Al hacerse una
adquisición folclórica, colectiva, donde cada uno pone su característica
comienzan las deformaciones, que en realidad son adaptaciones
a las idiosincrasias regionales. Cuando llega el Cristianismo a
Alemania, coincidía la festividad de San Juan con la práctica de hacer
fogatas en las zonas rurales, que pretendían ayudar al sol en sus
periplos cósmicos. Es decir obedecía la costumbre a otra creencia. Pero
el sincretismo cultural producido por la predominancia alcanzada por
el Cristianismo deformó (a conveniencia) la costumbre y se terminó
asociando a las fogatas con el culto popular a San Juan. Los españoles
llegados a América, no solo trajeron la religión
oficial, que era socia en la
La
iglesia católica interesada principal en mantener el rito pagano, porque
afirma la fe en sectores no beneficiados por el estudio que ayuda a una
interpretación doctrinaria, afirma que se debe a la fe. El
antecedente más antiguo que esgrime es el de la ciudad española de San
Pedro Manrique. Cuando los árabes invadieron España, los soldados se
dedicaban a secuestrar doncellas, para sus harenes y calmar el apetito
sexual de la soldadesca. Un natural de la ciudad soriana hizo
promesa a San Juan, para que su hermana no fuese secuestrada. Como
esto no ocurrió, en demostración pública de su fe cruzó descalzo
sobre un manto de brasas de 3 metros de largo por 10 cm de espesor sin
sufrir quemaduras. Se comienza desde entonces con la costumbre en Europa.
Se citan además pasajes bíblicos, como el de Isaías que afirma "Si
pasas por el fuego, las llamas no te quemarán, porque yo soy Yavé
tu Salvador".
Fuente: http://www.guiadelchaco.com.ar/mitosyleyendas/lasbrasasdesanjuan.asp