LAS BARATIJAS DEL PERIODISMO

Por Dante López Foresi

Aclarando desde el comienzo que quien firma este artículo asume que el oficio de periodista implica necesaria y obligatoriamente un espíritu crítico permanente y la sospecha como necesidad para alcanzar la verdad y pidiendo disculpas por lo inevitable de generalizar y no mencionar por cuestiones de espacio a las excepciones, nos llama la atención esta nueva actitud de la llamada “prensa canalla” que es oficialista u opositora según las conveniencias económicas (léase “pautas publicitarias oficiales” o cualquier método de acceso al dinero oficial) y no por principios. Ante actos de gobierno protagonizados por el actual Presidente de la Nación, como su firme política en materia de derechos humanos o su ejercicio del poder ante las fuerzas armadas o su decisión tenaz por quebrar la Corte Suprema menemista, muchos periodistas nos sentimos algo extraños, pues se nos presentaba un nuevo paisaje en el horizonte de nuestra profesión. De tanto ejercer el espíritu crítico, sencillamente no sabíamos cómo hacer para comunicar nuestra coincidencia con el gobierno sin sentirnos alfombras oficialistas. Convengamos que es una tarea difícil que aún no hemos aprendido del todo. Ni tampoco cómo hacer para cuestionar decisiones de gobierno, sin desmerecer aquellos actos verdaderamente revolucionarios en el ejercicio del poder. Este que mencionamos es un dilema pura y exclusivamente intelectual y profesional, que merece un debate urgente y exámenes de autoconciencia cotidianos.

Pero existen otros “periodistas” que aún mantienen y sostienen la vieja práctica de vender sus silencios u opiniones, según el monto que se les pague o deje de pagar desde las arcas oficiales. De la noche a la mañana se transforman de oficialistas en opositores por el solo hecho de perder una cuota parte de “poder”. A nosotros mismos se nos levantó injustamente un programa en Radio Nacional, pero no por ello comenzamos a denostar a cuanto funcionario K se cruzara por el camino. Pero así como aún hay políticos atados a viejas prácticas clientelistas, hay periodistas que opinan al solo efecto de ejercer presión sobre los funcionarios pretendiendo ser “temidos” y que de esta manera alguien desde el poder los convoque para preguntarles su “precio” para convertirse en aliado espontáneo. Nauseabundo.

EL VIGÍA tiene una larga experiencia como víctima en la materia en –por ejemplo-  la ciudad de Quilmes. A lo largo de la gestión del anterior intendente radical Fernando Geronés, llevamos a cabo una profundísima investigación periodística sobre toda la administración, que personalmente me costó no solamente la pérdida de la pauta oficial, sino que además ese vergonzante intendente presionaba a comerciantes y empresarios de Quilmes para que no me apoyaran financieramente. EL VIGÍA no debía poseer financiamiento de ningún tipo, para que nuestras investigaciones no prosperaran. Como esa estrategia no le resultó, utilizó la del apriete judicial: me inició una querella por calumnias e injurias. Se la gané y quedó demostrado en sede judicial que nuestras investigaciones documentadas eran serias. Ese hombre, que era intendente y quería ser senador nacional, terminó instalando una rotisería y hoy es un verdadero “desaparecido en acción” en Quilmes. A lo largo de todo este “calvario” de más de dos años, solo unos pocos, pero muy pocos periodistas me acompañaron. Casi ningún medio local reproducía nuestras investigaciones. Al contrario. Elogiaban la gestión del peor gobierno de la historia de Quilmes, a cambio de fortunas que percibían en concepto de pautas publicitarias. Bastaba que EL VIGÍA denunciara a un funcionario, para que al día siguiente el establishment periodístico local se encolumnara en su defensa. El día del debate en el juicio que gané, no había ninguno de ellos. Solo mi gente más cercana afectivamente. Nobleza obliga, nuestro “triunfo” periodístico se lo debemos a nuestras convicciones pero además a los principales medios nacionales y periodistas más prestigiosos de Argentina que se hicieron eco de nuestras denuncias al comprobar la seriedad de las publicaciones. Mi agradecimiento eterno para ellos.

Hoy, muchos de aquellos rastreros de barrio que hasta llegaron a enviar un único ejemplar editado, publicando que yo tenía una presunta amante y se lo enviaron a quien hoy es mi ex esposa (hasta tal punto llegó la mugre), son algunos de los principales detractores y críticos del gobierno local, encabezado por Sergio Villordo. Claro. Al parecer no poseen pautas publicitarias. Sii yo aún tuviera el programa radial en Quilmes que mis “colegas” permitieron con sus silencios cómplices que me levanten de la noche a la mañana por denunciar al ex intendente radical, seguramente esbozaría críticas contra Villordo. Siempre y cuando esté convencido que la crítica es razonable y no un medio para conseguir dinero. Pero decidí alejarme del ejercicio del periodismo local, y solo opino sobre lo que me consta. Por ello no puedo criticar. Porque desconozco. Agenci@ EL VIGÍA posee actualmente una pauta publicitaria de la Municipalidad de Quilmes, convenida para difundir los comunicados de prensa oficiales y prestar servicios a los vecinos desde nuestro sitio web. Es decir, para lo que debe ser una pauta oficial. Sin involucrar opiniones o silencios a cambio. Sabido es -además- que hemos hecho un paréntesis desde hace 3 años en lo que a investigación periodística se refiere. Exactamente desde el día que personalmente gané el juicio que me inició el ex intendente Geronés. Pelear en tanta soledad tuvo sus consecuencias. Una de ellas es no querer pertenecer a la llamada “prensa quilmeña” así...generalizando.

Con los años el intendente es otro. Pero hete aquí que la prensa sigue siendo casi la misma. Y los mismos que antes estaban escondidos y en silencio mientras denunciábamos que niños de Villa Iapi comían carne de ratas y sapos, o se hacían negociados con empresas fantasma, ahora vociferan cínicamente defendiendo su repentino amor por el arte. No los menciono porque ya publiqué en el recordado Periódico EL VIGÍA (listo para reaparecer cuando lo creamos necesario) sus nombres, apellidos y las sumas siderales que cobraban mes a mes de manos de la gestión municipal de la Alianza. No podemos menos que preguntarnos quién les paga ahora para que utilicen sus cuerdas vocales y teclados en gritos estridentes, pero en sordina. Jamás tuvieron otra opinión formada que la que es mensurable en dinero. Pero no seamos injustos. No carguemos las tintas únicamente en esos semianalfabetos que corrompen al periodismo. Porque también existen críticos que lo hacen de buena fe y convencidos, a quienes aplaudimos hasta en el disenso. Pero vale recordar que en un acto de corrupción hay dos corruptos: quien paga y quien cobra. Estos francotiradores que desprestigian este oficio que tanto amo, solo pueden existir porque son paridos por políticos que los utilizan. Quizás llegue el día en que el sistema cambie en serio, y los financistas de los canallas comprendan que, como decía Friedrich Nietzsche, detrás de cada obsecuente se esconde un traidor.