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EL IMBUNCHE |
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El extraño Imbunche, una de las más singulares creaciones de la imaginación indígena patagónica (Ilustración de Ure, en Nuevo diccionario Mapuche-Español, de Editorial Siringa, Neuquén, Argentina). |
El Imbunche o Machucho de la Cueva es un personaje antropomorfo contrahecho.
Criado completamente desnutrido y mal alimentado. Tiene la pierna derecha
quebrada y pegada a la espalda. De este modo se imposibilita su huida
cuando pequeño, y más tarde se impide su alejamiento de la Cueva, de la cual
es guardián.
Se trata de un niño regalado a la Mayoría por su padre brujo, o
bien raptado del seno de alguna familia para destinarlo a la custodia de la
Cueva. En su crianza se le suministra leche de "gata" (nodriza india);
más tarde, carne de "cabrito" (párvulo) y, en su edad adulta, de
"chivo" (individuo adulto).
El Imbunche no habla, sólo emite sonidos guturales, ásperos, muy
desagradables. Su alimentación corre a cargo de los brujos. Unicamente en caso
de escasear demasiado,
se le permite salir en tres pies a buscarla en las inmediaciones. Durante estas
pequeñas salidas va profiriendo sus alaridos, aterrorizando a cuantos lo oyen.
De esta manera, nadie se atreve a mirarlo. Los únicos que pueden verlo sin
peligro son precisamente los brujos.
Hay ocasiones en que el Imbunche debe salir a otros distritos. Esto
sucede en los casos en que la Mayoría celebra reunión en una localidad
distinta a su aquelarre habitual, o bien cuando debe indicar el domicilio de
alguien a quien debe "tirársele un mal malo". Para cumplir tal misión
se hace transportar en el aire entre dos brujos expertos en esta clase de vuelos
tripulados.
La creencia en el Imbunche es una manera de explicar el
desaparecimiento de muchachitos de sus hogares o de justificar la presencia de
niños mal conformados, contrahechos algunos de ellos, por desgracia, verdaderos
fenómenos congénitos, a quienes a veces se los mantiene semiocultos y a los
cuales la jerga popular designa con el nombre de "naciones", es decir,
fenómenos de nacimiento.
Es digna de hacer notar la evidente concordancia del papel
encomendado al Imbunche, debido a su extraña con formación anormal, con las prácticas
establecidas en la jerarquía de la religión incásica. Esta prefería, por
ejemplo, para guardias de sus santuarios o templos, a individuos con alguna
anomalía física visible.
"Entraban al servicio de los templos -dice Louis Baudin- todos los
individuos que presentaban carácter singular, sea en su persona (epilépticos),
sea en razón de circunstancias particulares de su nacimiento o de su vida (niños
que habían sacado primero los pies al nacer o que habían sido paridos durante
una tormenta; gemelos, estropeados de nacimiento; indios tocados por el rayo sin
haber sido muertos). Se encuentra en esto la concepción que forma la base del
culto a los huaca de que hemos hablado: la divinización de las anomalías"...
En la actualidad aún perdura, en cierto sentido, la creencia en el
valor sobrenatural de las anormalidades, como puede apreciarse en la fe en el trébol
de cuatro hojas; en la suerte atribuida al encuentro con jorobados, a las
propiedades especiales de las hijas "huemas" (primogénitas) para
fletas, a las bondades curativas de las piedras encontradas en el estómago de
algunos animales, al poder milagrero de las animitas de personas fallecidas trágicamente,
al augurio del gato negro, etc. Todavía es frecuente el dicho: "nació de
pies".
Es muy probable que también este mismo principio haya influido en la
veneración de las vacas
sagradas de India, y del buey Apis, en Egipto. Como asimismo puede existir
alguna relación con el viejo ritual etrusco, según el cual Rómulo trazó los
contornos sagrados de Roma con cual iban uncidos un buey enteramente blanco y de
igual color. ¿Qué de extraño tendría que el Imbunche fuese también una
creación debida a este mismo principio de divinización de las anomalías en
que está basada la fe en los "huaca"?
La superstición en torno a los seres anormales puede apreciarse en
la reacción instintiva de miedo experimentada por los niños ante la presencia
de individuos baldados. Lo mismo se observa ante una persona vestida en forma
estrafalaria.
La Cueva, lugar secreto reservado a los Butas, para quienes la impunidad es imprescindible, a más de ser sitios estratégicos, necesita de un guardián más que un cancerbero. De ahí el aspecto terrorífico del Imbunche, privado del uso de la palabra y condenado a andar sólo en tres pies. (*)
(*) Fuente: Narciso García Barría, "El Imbunche", en Tesoro mitológico del archipiélago de Chiloé, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1989, pp.109-112.
Fuente: Temakel http://www.temakel.com/mitopivunche.htm