Los orígenes de una danza de representación (forma esencial del arte del ballet), deben remontarse a los tiempos de la dominación hispánica y con mayor precisión al establecimiento de las Misiones de los Padres de la Compañía de Jesús*. En 1607, se creó la Provincia Jesuítica del Paraguay que comprendía, entre otros territorios, la actual Argentina. Desde esta fecha hasta 1767, año de la expulsión de los padres, se observa la representación de espectáculos de carácter, en general, religioso y evangelizador, donde la participación armoniosa del teatro de prosa, la música, la danza y elementos de escenificación, cumplió con su doble finalidad didáctica y artística en clara relación con la obra general trazada por los misioneros. Por su parte, la práctica de la danza española resultó habitual en nuestros territorios. La danza de Escuela Bolera*, o sea la disciplina clásica española, fue una presencia regular y habitual que se extendió hasta bien entrado el siglo XIX. No sólo bailarines, sino los mismos comediantes, participaban de su ejecución en el contexto del espectáculo teatral. En el primer cuarto del siglo XIX se presentaron las primeras figuras de formación profesional y académica: los Touissant*, los Cañete* y los Catón*. El divertissement, solos, danzas de carácter, dúos (e inclusive mimodramas como los practicados por los Catón con sus ballets napoleónicos), ocuparon nuestros teatros. En 1867 se ofrecieron los primeros espectáculos coreográficos con ballets integrales. En el primer Teatro Colón debutó la Compañía Rousset*, que llevó a escena los grandes ballets románticos: Giselle, La Sylphide, Catarina y otros, junto a obras de Escuela Bolera. En 1860 y 1861, la Compañía Thierry* con Celestina y Oscar Bernardelli, se constituyó en la más importante agrupación llegada hasta ese momento a Buenos Aires. Almea, La Sylphide, Esmeralda y muchos otros trabajos, conformaron el repertorio que contó con la participación de los italianos Virginia Ferrari y Celestino De Martino. Un gran suceso rodeó a esta Compañía; igual éxito coronaría, en 1883, a la Compañía Coreográfica Italiana que puso en escena el célebre Excelsior de Mansotti*, bajo la dirección coreográfica de Raffaelle Grassi y con la admirada Emma Bessone (bailarina de gran reputación en Italia y en Rusia). Brahma de Montplasisir y Messalina de Luigi Danessi, se conocieron en años siguientes ratificando el éxito y popularidad extraordinarias del ballo grande y de los artistas italianos. En 1903, la Compañía de Ludovico Saracco ofreció el estreno local de Coppelia de Delibes con Ida Ronzio, la serie de coreógrafos y bailarines de Italia continuó en el nuevo Teatro Colón (inaugurado en 1908). Los coreógrafos Francioli, Cammerano, Coppini, Vitulli y bailarinas como Mazzucchelli, Fornarolli, Battaggi y Zucchi, intervinieron en los baillabili de las óperas y, en 1916, en la reposición de Excelsior, puesto por Francioli.
En 1913 y 1917, hicieron su aparición los Balletes Russes de Diaghilev* con Nijinsky, Karsavina, Bolm, Lopokva, Tchernicheva, Cecchetti, etc. Argentina conoció entonces la estética del ballet moderno de Michel Fokin, El fauno de Nijinsky y los primeros ballets de Massine, lo que se constituyó en una experiencia notable para la elite cultural de Argentina. La troupe de Anna Pavlova (1917, 18, 19 y 28)* e Isadora Duncan (1916)* también trabajaron en Buenos Aires. Hacia 1922 comenzaron las tareas de preparación de las escuelas del Teatro Colón (aunque ya en 1918 actuó en el Teatro un grupo pequeño de bailarinas argentinas preparadas por el maestro Vitulli). Los trabajos de Pierre Michailowsky, Olenewa, Jakovleff, Galantha y otros artistas fueron conformando los elementos nacionales que en 1925 actuarían bajo las órdenes de Adolf Bolm en el primer espectáculo asumido por el Cuerpo de Baile del Teatro Colón: El Gallo de oro de Rimsky-Korsakov. | | |  | | El Lago de los Cisnes. | | | | Durante sus primeros diez o quince años, el Cuerpo de Baile (la más antigua agrupación académica de Sudamérica), estuvo identificado con los artistas de Diaghilev: Nijinska,Romanov, Smirnova, Dubrovska, Wiltzac, Schollar, Fokin, Spessiva y Lifar (1934)*. Las primeras solistas argentinas fueron: Dora del Grande, Leticia de la Vega y Blanca Zirmaya; luego se sumarían María Ruanova (de brillante trayectoria internacional) y Lide Martinoli (formada en la Scala de Milán). |
Antonia Mercé puso su Amor Brujo para el Colón; en tanto, el repertorio ya sumaba trabajos como Las Sílfides, Carnaval, El espectro de la rosa, El pájaro de fuego, Thamar, La consagración de la primavera y el Prometeo de Lifar, entre otras piezas. Margarita Wallman* tomó la dirección coreográfica del Ballet desde fines de la década del '30 hasta fines del '40. Formada en la Escuela de Mary Wigmann, Wallmann desarrolló el ballet de gran espectáculo, recordándose en especial, su producción del oratorio Juana de Arco en la hoguera de Honegger. Balanchine* trabajó para nuestro Ballet en 1942. Los Ballets de Monte-Carlo con Massine y el original Ballet Russe del Cnel. de Basil* también actuaron en los primeros años de la década del '40
| | |  | | La Sylphide. | | | | El Original Ballet se integró al Ballet del Colón en 1943, bajo la dirección de Basil. Varias de sus figuras se radicaron en América, como: Grigorieva, Irman, Verchinina, Leskova, etc. Argentina recibió el arte de Los Sakharoff, Los poetas de la danza portadores de una nueva estética, y de los Ballets Joos de Essen. | | |  | | Izquierda: Esmeralda Agoglia. Derecha: José Neglia y Gustavo Mallojoli. | | | | Durante la década del '50 se destacaron nuestros bailarines Ruanova, Ferri, Ferrari, Agoglia, Lommi, Truyol, Neglia, Adamowa, Borovska y Moreno, entre otros. El repertorio del Colón se enriqueció con producciones de Massine, Milloss y Gsovsky. El Ballet de la Opera de París con Lifar y Toumanova al frente, trajo en 1950 las obras maestras lifarianas. Nos visitaron Alicia Markova y Alicia Alonso, esta última comienzó una actividad importante con Argentina que se extendería hasta su última aparición en 1987 con el Ballet N. de Cuba. En aquel entonces pasaron por el país, el Ballet del Marqués de Cuevas, el American Ballet Theater y agrupaciones del Ballet Soviético. El movimiento de la danza moderna tomó impulso con figuras como Schottelius, Fux, Ossona, Grinberg, Werberg y otros; junto a los notables Kreutberg y Dore Hoyer. |
Desde la década del ´60 el Ballet del Colón comenzó a presentar las grandes producciones clásicas puestas por Carter, Nureyev, Prebil, Belfiore, Galizzi y Makarova, junto a La Silphide de Lacotte, Copelia de Martínez y los ballets de Prokofiev.
Hacia 1985, el triunfo de dos jóvenes figuras: Julio Bocca* y Maximiliano Guerra* (ganadores de Moscú y Varna) le daría al ballet una popularidad excepcional. Las trayectorias internacionales de ambos bailarines confirmaron el suceso local.
|  | Izquierda: Julio Bocca y Raquel Rosetti. Derecha: Eduardo Caamaño y Cristina Delmagro. | | Por su parte, artistas como Candal, Bazilis, Delmagro, Caamaño, Quadri y Escobar* asumieron con notable relieve los espectáculos del Colón, que ya suman, junto a clásicos, románticos y obras maestras contemporáneas, creaciones de los coreógrafos argentinos: Araiz (director del Ballet Contemporáneo del T.M.G. San Martín), López, Lastra, Zartmann y Baldonedo, Cervera y Wainrot*, entre otros, manifestando la madurez de nuestros creadores y su proyección internacional. |  | | Izquierda: Cristina Delmagro y Rubén Chayán. Derecha: Silvia Bazilis y Raúl Candal. | | | | En las últimas temporadas, el Colón ha dado un importante lugar al ballet d'action contemporáneo con producciones firmadas por Kenneth Mac Millan y John Cranko: Romeo y Julieta, La fierecilla domada y Onegin. |
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