El Fotógrafo de Plaza
 

"-¿Te acuerdas aquella tarde que no quisiste que nos hiciésemos una fotografía en el Rosedal? 
-¡Vaya si me acuerdo!
-Pues aquella tarde no volverá.
-Por supuesto-
-Pero faltará siempre en nuestra colección de tardes salvadas."
"Los fotógrafos callejeros son los cronistas de las generaciones que corresponden a una época, los que están fuera de los acontecimientos inaugurales o postumales, los que han tenido un día de turismo puro por la ciudad.
Esos que aparecen en la cartulina son ellos, que no lo duden. Han salido en la placa, luego existen. Que se den por satisfechos con esa constatación ultrafilosófica".

Ramón Gómez de la Serna. "Fotografías callejeras".

El lugar de trabajo de los "chasiretes" (nombre derivado del chasis, donde iban las dos placas de negativo) o "minuteros" (debido a que fotografiar era cuestión de un minuto), como solía llamarse a los fotógrafos callejeros, podía ser tanto en el Balneario, o en Plaza de Mayo como en Plaza Congreso; en Plaza San Martín como en Plaza Italia; en Caminito como en el Zoológico; en Plaza Lavalle como en el Rosedal, en el Parque Lezama o en otros lugares más. Al ir de paseo a Luján, los encontrábamos frente a la Basílica, como a don José D´Elía, que toma placas desde hace cuarenta años con su vieja cámara de cajón montada sobre un trípode de madera.. En Mar del Plata los fotógrafos se ubicaban en la rambla, entre las esculturas de los lobos marinos, mientras que otros buscaban clientes en Plaza Colón o en el Puerto.

Una vez tomada la foto, el fotógrafo aconsejaba al conscripto del interior que lucía orgulloso su uniforme en Plaza Italia, o a la pareja de novios retratada en el Rosedal, que llevaran la copia en la mano hasta que a secara bien. Y así se alejaban, tomando la foto por una punta y agitándola suavemente.

Durante su estadía, de 27 años, en nuestra ciudad, el escritor Ramón Gómez de la Serna; el creador de las famosas greguerías (metáfora + humor), escribió: "Eran tantos en la fotografía que no se veía a ninguno". Ramón fue siempre muy afecto a hacerse retratar en distintos lugares, junto a su esposa Luisa, por los "fotógrafos transhumantes". Al respecto consideraba: "En Buenos Aires la fotografía callejera tiene muchos cultores y se diferencian los fotógrafos de barrio a barrio. No es lo mismo la fotografía que nos pueden hacer en la Plaza de Mayo que la que nos hagan en la Plaza Retiro o en Palermo. Nunca he visto más diametral diversidad. En la Plaza Retiro, bajo la Torre de Londres saldrá uno siempre un poco inmigrántico y en la Costanera estará respaldado por despedidas y nostalgias de barcos, estabilizándose y estando en lo firme cuando uno se retrata en los jardines de la Recoleta..." 

Algunos fotógrafos de plaza iluminaban las fotos pintándolas con colores rosados, celestes, verdes, tierras o amarillos. Otros estaban acompañados por un caballito, o con muñecos de personajes conocidos, intentado atraer el interés de los más chicos.

A partir del año 1918 don José Loureiro, un simpático gallego, trabajó en la Costanera Sur, con la fuente de Lola Mora como fondo. "Los domingos con buen tiempo hacía hasta cincuenta fotos a cuarenta centavos, las tres postales con la misma pose, las coloreadas a mano, cincuenta.
Otro minutero, como a él le gustaba que lo llamaran, fue el napolitano don Luis Anselmo, quien durante muchos años retrató infinidad de parejas y conscriptos en Plaza Italia. 

El costo fue aumentando con el correr del tiempo, como sostiene Mario Tesler en su trabajo "Un personaje porteño: el fotógrafo de plaza": "Al precio de un peso las ofrecían en el año 1946, en 1969 una foto costaba 200 pesos y tres 300 pesos (de los viejos se entiende); por colorearlas el adicional era de 50 pesos por cada foto".

Todavía quedan viejos y simpáticos "chasiretes" en los paseos porteños, con sus guardapolvos y sus lustrosas cámaras, ofreciendo detener el tiempo en un instante de felicidad.

Fuente: http://www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar/display.php?page=izq_inta/patrim_oficio.htm#1

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