Un
poeta y dramaturgo ruso llamado Bernardo Graiver,
fue uno de los tantos inmigrantes que se afincó en
Argentina en la primera mitad de este siglo. Con el
tiempo se interesó tanto en la historia y
tradiciones de los pueblos nativos de América que
devino en arqueólogo aficionado. Publicó un libro
llamado "Argentina Biblónica"
(proveniente de Biblos, Fenicia) basándose en una
serie de objetos hallados en el norte de nuestro país
y en sus investigaciones personales, y llegó a
plantear la inquietante idea de que una de las míticas
tribus perdidas de Israel haya llegado a las costas
de Sudamérica. Desde ya que no podemos considerar
su estudio como científico en toda la extensión
del término, pero debemos aceptar que pese a la
opinión que podamos tener, Graiver se basa en una
serie de piezas arqueológicas que están a
disposición de aquel que desee estudiarlas con
mayor detenimiento.
Todo
comenzó cuando visitó el Museo Arqueológico de
Santiago del Estero junto al escritor Joaquín Neyra.
Allí observó una serie de piezas de arcilla que
presentaban escrituras y símbolos que reconoció de
inmediato. Graiver era de ascendencia hebrea,
y se sorprendió al ver cabecitas y torteros de
terracota grabados con la estrella de David y varias
palabras que reconoció como pertenecientes al
idioma arameo. En estas piezas podía leerse Ab
(padre), Pesaj (Pascua), y una frase que decía
"Faltan tres días para Pascua..."
Este
descubrimiento accidental hizo que por casi veinte años
se dedicara a estudiar diferentes objetos extraídos
de excavaciones realizadas en la provincia de
Santiago del Estero. Así fue como descubrió muchas
piezas con inscripciones en arameo o hebreo antiguo,
lo que lo llevó a pensar en el origen semítico de
algunos pueblos americanos. Uno de los objetos más
curiosos es una pieza de cerámica que presenta una
insignia con un gran barco de remos (Santiago es una
provincia muy alejada del mar) y una inscripción
que habla de una tribu llamada "Zevulun".
En el museo de Santiago del Estero también pudo
estudiar una serie de cuchillos rituales que, a su
criterio, presentan las mismas características
que los usados antiguamente para realizar
circuncisiones. Todo esto lo llevó a sostener que
una tribu navegante de Israel había llegado a
tierras americanas como parte de una intensa
corriente migratoria que en esa época existiría
entre Fenicia, Palestina y las costas americanas.
Otro
personaje curioso es el sacerdote italiano Miguel Ángel
Mossi (1819-1895) quien vivió en nuestro país
desde 1843, asentándose en la norteña provincia
del Chaco para estudiar las lenguas indígenas.
Publicó un diccionario de lengua quechua, y afirmó
que las tribus de Atamiski hablaban una variante de
hebreo antiguo. Incluso descubrió que algunos
pueblos de la zona respetaban una serie de
mandamientos, como por ejemplo ama sua (no robarás),
ama kella (no holgazanearás), ama llulla (no mentirás),
ama vanuchi (no matarás) y ama konkawankichu (no
olvidarás).
Todo
esto puede parecer muy extraño, pero no olvidemos
que los primeros descubridores europeos que se
adentraron en las tierras de Sudamérica, muchas
veces encontraron "indios" blancos en
Brasil, Argentina y Paraguay, que no presentaban las
características físicas que generalmente se
atribuyen a los nativos sudamericanos. Además se
han encontrado extraños objetos que no se
corresponden con su época y ubicación, como los de
Santiago del Estero y la piedra con escrituras
fenicias de Parahyba, Brasil .