EN PRIMERA PERSONA
Por Dante López Foresi

Hoy debo hablar en primera persona. Sé que no es muy profesional. Que según dicen un periodista jamás debe ser autoreferencial. Quizás no sea buen periodista entonces. Pero -sencillamente -no puedo evitarlo.
Hace casi 30 años (cuando yo tenía solamente 11) mi hermana me acercó una cassette con canciones m grabadas de un tal Silvio Rodríguez. Ella me hacía escuchar cada canción, que a su turno cantábamos juntos. Recuerdo que, luego de cada canción, Lili me repetía "lo amo". Yo no entendía del todo porqué. Tenía 11 años. Luego la comprendí. Desde aquel día en que lo escuché dentro de un auto en mi casa familiar de Bernal , este poeta viene escribiendo “para mí”. Tengo casi 41. Es tan difícil explicar que cada vez que algo me sucedía, una melodía de este cubano ornamentaba el momento. Lo definía. Lo hacía recuerdo. Lo coronaba. La primera vez que vi las miradas de mis hijas, se me cruzó por el alma un “lo que más me ha estremecido son tus ojitos mi hija, son tus ojitos divinos”. Cerca de los 20 años recuerdo haber asumido una deuda que Silvio me hizo conocer: “le debo una canción a los pecados que no gasté...los que no pude”. Luego de cada dolor obsesivo de esos que todos alguna vez padecimos, no dejaba de resonar en mi ese “ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora,...un disparo de nieve...ojalá por lo menos que me lleve la muerte para no verte tanto”. En fin...Esta tarde se unieron varias casualidades para que un cronista de Radio Nacional llamado Gerardo Mazocchi, genere la oportunidad de recibir el regalo más bello que me brindó este oficio mágico. De un momento a otro, luego de improvisar dos chistes, escuchar tres micro-programas dentro del mío y hablar sobre cosas tan triviales como el presente de María Julia Alsogaray, me encontré...sin buscarlo casi, diciendo: “Hola Silvio”. Dialogamos unos minutos. No sé cuántos. Ni me importa. No sé qué pregunté...solo recuerdo que esa voz que había dibujado en el aire de mi propia historia cada paso, cada risa, cada dolor, cada frustración o cada amor...esa voz me estaba contestando. Me hablaba. Sonreía. Si él supiera que para mi no es un hombre, ni se llama Silvio Rodríguez ni nació en Cuba, recuerdo que pensé durante el ..¿reportaje?. No. Silvio no nació en Cuba, sino en el auto de mi hermana cuando yo tenía solamente 11 años. Y volvió a nacer toda vez que mi alma se angustiaba, pugnando por decir algo sin encontrar el modo de hacerlo. Gabriel García Márquez dijo alguna vez que lo injusto del trabajo de un periodista, es que en su mundo interno su obra muere en el momento de nacer. Pues bien. Esta tarde murió la obra soñada. Dialogar con el único entrevistado que podía quitarme el control. Porque, es obvio...¿quién puede controlar su propio destino y su alma totalmente?. Sé que para el resto de la ínfima parte del planeta que esta tarde estaba escuchando mi programa de radio, fue un reportaje más a un entrevistado que hablaba con acento cubano. Todos los días escuchamos minutos y más minutos de diálogos que nos parecen abrumadoramente obscenos, densos, sin sentido para lo profundo de nuestras vidas. Cada día notamos como decenas de periodistas preguntan sin pasión y no escuchan las respuestas sencillamente porque no respetan a entrevistados no respetables. Este mensaje solamente intenta compartir con Usted, que desde hace largo tiempo “dialoga” conmigo, una experiencia distinta: no crea en la objetividad mi amigo. Descrea del periodista que no pregunta desde el alma. ¿Cuántas veces habré preguntado sobre el hambre en el mundo luego de cenar?. ¿Con cuánto sujeto con rango de funcionario me habré peleado mostrando una convicción que flotaba dentro mío sin encontrar el entrevistado adecuado para confrontarla?. Dios mío. Que escasas fueron las veces en que realmente “me regalé” un placer profesional. Solo una...esta tarde...y fue por casualidad. Hoy, después de escuchar que la voz de Silvio Rodríguez respondía a mis preguntas que brotaban desprolijas y temblorosas (consciente de que estaba hablando con mi propio espejo del alma) puedo decirlo claramente. Tuve que soportar reportajes con Menem, con sindicalistas de poca monta, con diputados y senadores corruptos. Tuve que tolerar ese espantoso vacío de preguntar sin que nada se mueva dentro mío, como precio para alcanzar a los 41 años el máximo placer que me regaló mi oficio: preguntarle a alguien porqué funde en una única definición los conceptos de amor y de revolución. Pedirle que explique a mis oyentes lo que a mi me lo explicó desde pequeño: que un bloqueo es posible superarlo, pero hay que tener la dignidad suficiente como para enfrentarlo. Que la única canción que sintetiza y define a Silvio Rodríguez...es la próxima. En este preciso instante siento que “Debo Partirme en Dos”, invitando a que “se queden sentados los intelectuales”. Aquellos congéneres que ejercen el mismo oficio que yo y que -escandalizados- no se explican como un reportaje puede generar tanto dentro del periodista, que "debe ser objetivo". Dentro de un rato usted recibirá nuestro ÚNICO INFORME DIARIO donde no habrá una sola palabra sobre este reportaje. Me parece que dentro mío es hasta irreverente llamarlo “exclusivo”. Es “exclusivamente mío” en todo caso. Pero este mensaje que llega a Usted, seguramente eliminado antes de ser leído o -en el mejor de los casos- de leerlo vertiginosamente, es para comunicarle que ya no “le debo una canción a la sonrisa de manantial...esa que salta”, y que ya sé desde esta tarde “adonde van las palabras que no se quedaron o las miradas que un día partieron”. Él cree que “acaso nunca vuelven a ser algo...acaso se van”. Una obra que muere en el momento de nacer.