El Platero
 
El Padre Guillermo Furlong, en su libro "El trasplante social", de la serie "Historia Social y Cultural del Río de la Plata" (1536-1810) describe, e ilustra con un grabado de John Miers, el "Artificio grande de Plateros indios", donde se observa la manufactura de utensilios de plata, asimismo se reproduce la moneda conmemorativa de la jura de plateros de Buenos Aires a Carlos IV realizada en 1790.

Pasó el tiempo y con él muchos plateros. Entre ellos recordamos a: Tomás Adaglio, Luis J. Alvarez, Enrique de Aurteneche, Abelardo Badaro, Agustín Bafico, Lino Barbosa, Angel Bari, Francisco Basso, Alpinolo Bianchi, Luis Costa, Antonio Daneri, Ernesto Di Tullio, Paulino Esperati, Manuel, Antonio y Juan Manuel Fernández, Agustín Ferrari, Félix Galasso, Luis Gamboa, F. Giaccio, Facundo Giménez, Eugenio Mattaldi, Gregorio Merlo, Nicolás Pietre, Podestá Hnos., Antonio y Angel Podestá, Casimiro Silva, Eusebio Subiría, José María Troncoso, José Varela y G. Weil y Cía.

En 1804 llegó a Buenos Aires el primer Pallarols, procedente de su Barcelona natal, ciudad donde desde 1750 la familia, generación tras otra, se dedicó a la platería.

En la actualidad, Juan Carlos Pallarols, en su local de Defensa donde antes funcionó una de las panaderías tradicionales del barrio de San Telmo, dirige el equipo de trabajo integrado por sus hijos Carlos Daniel y Adrián (séptima generación de plateros), y por Omar Ojeda, Luis Alonso, Alejandro Micheli, Angel Domínguez y Carlos Dijer. Meritxell, su nieta de cinco años, ya está aprendiendo a golpear.

Ingresar en este taller es como descubrir un maravilloso mundo lleno de magia. Los artesanos trabajando, cada uno dejando su impronta personal en las piezas; las herramientas; el repiquetear de la fragua más el tañido de cinceles y martillos y el brillo cambiante de los metales generan un ambiente especial, resultando fácil imaginar que estamos en medio de una cofradía de artesanos medievales.

La plata llega al taller en estado puro. El proceso se inicia en el crisol de fragua (la aleación con el cobre le dará ductilidad y maleabilidad). A continuación se funden lingotes de un kilo, que Pallarols transforma en planchas o en alambres para permitir realizar las piezas deseadas. A partir de allí y luego de horas de cincelado, de batido a martillo y de una gran energía creadora, se llegará a lo buscado, un objeto único. Si bien los plateros trabajan generalmente por encargo, suelen dejar de todas maneras su estilo personal en los diseños. En el caso de Pallarols el barroco rioplatense está siempre presente.

Entre algunas de las piezas realizadas por este artesano recordamos al mate que el presidente Raúl Alfonsín le encargó para obsequiarle a Felipe González, al que Pallarols le grabó el nombre Isidoro, como llamaban al estadista español de chico, y como se hacía llamar ya más grande, para esconderse de las persecuciones franquistas. También se destaca el cáliz realizado a pedido del presidente De la Rúa, para obsequiárselo al Papa Juan Pablo II. Hojas de malvón, y flores de cardo, "la verdadera flor nacional", una pluma realizada por su abuelo, un ángel tocando la trompeta, y las lunas, que para Pallarols tienen un interés que va más allá de la estética, al emparentarla con la alquimia y la magia que siempre tienen lugar a la luz de la luna. No debemos olvidar que la familia realizó muchos de los bastones presidenciales.

Junto a los elementos de trabajo de los plateros y de sus obras, el taller de la calle Defensa deja ver, además, una hermosa colección de máscaras que perteneció a Guilermo Magrassi, junto a instrumentos de música, cuadros y otros objetos.

Otro orfebre que se destaca en el noble arte de trabajar la plata es Emilio Patarca. Sus obras, ya sean candelabros, facones, mates, bombillas, portarretratos o sahumadores, están expuestas en el Fondo Nacional de las Artes, en el Museo Nacional de Arte Decorativo y en otras instituciones. Desde hace varios años Patarca viene realizando exposiciones, con el objeto de hacer conocer la platería criolla en el mundo, entre ellas recordamos las realizadas en el consulado argentino de Nueva York y en la Casa Argentina en Roma durante 1996.

En su taller del quinto piso de San José 762, se ordenan calentadores, crisoles, moldes, sopletes, tases (yunques), cinceles en gran número, y martillos de diferentes tipos. Patarca desde 1981 es platero exclusivo del tradicional Bazar Inglés "Wright" de Avenida de Mayo.

Otro orfebre, del barrio de San Telmo, es Marcelo Toledo que tiene su taller en la calle Humberto I° 462.

Por último recordamos a Francisco Condurso, quien a los diez años se inició en el taller de los Corsini, especialistas en forjar bombillas de oro y plata, en el barrio de Boedo. Su aprendizaje continuó con el platero Julio Orellano. Hoy, en el taller de Francisco Condurso, también trabajan sus hijos: Marcela, Pablo, Francisco y Gabriel. La tradición continúa con orfebres como Pallarols, Patarca, Toledo y Condurso el oficio de platero tiene su mejor brillo.

Fuente: http://www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar/display.php?page=izq_inta/patrim_oficio.htm#1

Agenci@ EL VIGÍA