PLANTAS Y FLORES
EL GIRASOL

Esta flor ha sabido atrapar la imaginación de artistas y de muchas personas. Los patrones con girasoles abundan y son un motivo muy favorecido para la decoración del hogar.

Su hermosura ha sido inmortalizada por pintores como Vincent Van Gogh o Pablo Picasso, entre otros, y sus obras tienen un valor de millones de dólares. Una de las razones que puede explicar esta fascinación de los artistas es que el girasol tiene proporciones casi humanas. Quizás por esto ha logrado vencer la prueba del tiempo y sigue siendo un elemento decorativo tan popular.

Con un color que le hace competencia al sol y un enorme tamaño. Es una de las flores más grandes que existen, el girasol no es sólo una planta ornamental que le dará vida a cualquier rincón de la casa, sino que su semilla es un alimento que tiene un gran valor nutritivo. La próxima vez que tengas esta singular flor frente a ti sabrás el porqué de su nombre y su fabulosa historia y te sentirás aún más atraído por su singular belleza.

Y en cuanto a su altura, la más grande que se conoce midió 5 pies y 4 pulgadas, según el récord Guinness del 2004.

Un tesoro para la salud

Ya sea que seas fanático de las semillas de girasol o utilices el aceite, encontrarás en estos alimentos una gran riqueza nutricional. Las semillas de confección tienen un color negro con rayas blancas y son más grandes que las que se usan para extraer el aceite. No sólo sirven para una rica merienda o para hacer postres o añadirle sabor a las ensaladas, también son un excelente alimento para aves.

Las pequeñas semillas, que se venden con o sin cáscara, son una excelente fuente de vitaminas E y B.

El aceite, por otro lado, es comparable al de oliva y es alto en vitamina E y ácidos grasos que ayudan a reducir el riesgo de sufrir problemas circulatorios, infartos y otro tipo de problemas cardiovasculares. Es, además, muy efectivo para regular el metabolismo de colesterol y los niveles de triglicéridos.

Leyenda del Girasol

Cuenta una leyenda guaraní que la vida de esta planta comenzó en un lugar a orillas del río Paraná, donde vivían dos tribus vecinas. Los caciques de ambas tribus, Pirayú y Mandió, eran muy buenos amigos, y sus pueblos intercambiaban pacíficamente artesanías y alimentos. Un día, a Mandió se le ocurrió unir las dos tribus, y para ello pidió en matrimonio a la hija de Pirayú. Pero éste le dijo que eso era algo imposible, y le contó que su hija no se casaría con ningún hombre porque había ofrecido su vida al Dios Sol.

Mandió se encolerizó, y Pirayú trató de explicarle, de la mejor manera posible, que la joven Carandaí pasaba horas al Sol desde muy pequeña y vivía únicamente para él, y que los días nublados la ponían muy triste.

- ¡Esto es peor que un desprecio! -grito Mandió, y se alejó prometiendo venganza.

Pirayú se quedó muy triste y preocupado, porque pensaba que su amigo castigaría a su pueblo. Y por desgracia, al cabo de varios días, sucedió lo tan temido. Carandaí se desplazaba en su canoa por el río, contemplando la caída del sol, cuando de pronto vio resplandores de fuego sobre su aldea. Llena de angustia remó con todas sus fuerzas hacia la orilla pero, al saltar a tierra, una trampa hecha con gruesas barras de madera cayó sobre ella y la inmovilizó.

Ahora tendrás: que pedirle a tu dios que te libere de mi venganza -dijo Mandió, riendo con expresión cruel.

¡Oh, Kuarahí, mi querido Sol -susurró Carandaí. -¡No permitas que Mandió acabe conmigo y con mi pueblo! ¡No lo permitas!

Casi no había terminado de hablar cuando Kuarahí envió a la joven un remolino de potentes rayos, que la envolvieron haciéndola desaparecer de la vista de Mandió. Y en el lugar donde había estado Carandaí brotó una planta esbelta, con una flor dorada que, al igual que la princesa, se mantiene siempre con su cara al cielo, siguiendo los derroteros del Sol.

Fuente: http://www.rimith.com/web/vivero/content.aspx?Articulo=38