Con la espada, la pluma y la
palabra
Por
Dante López Foresi
El concepto "máquina de impedir" fue creado en Argentina. Y no es
casual. La manera más simple de concebir los valores de una sociedad y de
una Nación, es ejerciendo los propios valores morales que nos fueron
transmitidos desde el seno familiar y juzgar la realidad a
través de ese cristal. Aunque parezca lo contrario, la labor no resulta
demasiado complicada. A menudo, y muy a menudo, ninguno sabe a ciencia
cierta qué es lo que quiere. Vivimos en un estado de adolescencia eterna en
varios sentidos. Pregúntese a sí mismo "¿qué es lo que quiero de la vida?",
y notará que enseguida comienzan a aflorar generalidades o frases hechas
como "ser feliz", "sentirme realizado" o cosas por el estilo. Pero una
verdadera escala de valores se construye desde la pregunta "¿qué es lo que
NO quiero?".
Así es como construimos desde pequeños nuestra propia filosofía de vida;
sabiendo íntimamente qué cosas jamás aceptaríamos ser o hacer. Los hombres y
mujeres que acceden a puestos de poder esgrimiendo como emblemas sus
decencias y al poco tiempo se corrompen, parecen ser almas débiles que jamás
se hicieron aquella pregunta fundacional. Jamás lograron "hacer carne" la
convicción de que nunca aceptarían una coima. Por eso, ante el primer sobre
con dinero, sucumben. Y el estilo argentino de vida social, convengamos, no
ayuda demasiado a la decencia. Cuando alguien se enriquece con dinero mal
habido, los argentinos solemos exclamar ¡¡qué bien la hizo!! Sí, definimos
al robo con un elogio. Todo lo dicho parece destinado sólo al ámbito
individual. Pero de individualidades vinculadas se compone una sociedad.
Para construir una Nación digna, hay momentos históricos en los cuales
debemos preguntarnos y respondernos inequívocamente qué cosas NO queremos.
El actual, es uno de ellos.
Como pueblo, no aceptamos bajo ningún punto de vista el autoritarismo, pues
ya debimos padecerlo dolorosamente. Y en el afán por rechazarlo, confundimos
autoritarismo con soberbia, cuando ocupan dos territorios distintos; uno el
público y la segunda el personal. Confundiendo. Es así como el discurso
mediático monopólico logró destruir imágenes de políticos (y de Presidentes)
a lo largo de nuestra historia. Somos, como sociedad, una presa fácil para
operaciones de prensa o campañas sucias de cualquier índole. Por eso nos
cuesta una enormidad reconocer el verdadero poder que se esconde detrás de
un estilo de titular noticias y aceptamos como “independientes” a quienes
sólo dicen serlo y gesticulan adustamente. Quizás porque nos faltó la
convicción fundacional que se definiría con una frase más o menos así: “ NO
quiero que me mientan
descaradamente y me tomen por imbécil”. Somos una sociedad ideal para actuar
como cobayos y que nos lleven de las narices donde los intereses monopólicos
y privilegiados estén a salvo.
Lo invito a hacer un ejercicio simple bajo el razonamiento eje de lo que
definitivamente NO queremos, a ver si de esta manera nos resulta más
sencillo comprender la realidad (NUESTRA realidad, porque la realidad es
nuestra y no del gobierno, del Indec o de Clarín) y tomar partido sin temor
a equivocarnos. Planteemos entonces el ejercicio propuesto: ¿Queremos que
los medios que nos informan estén en manos de unas pocas personas? ¿Queremos
que el 76,6% de las licencias de radio y TV estén en esas mismas pocas
manos? ¿Queremos que a nuestros Presidentes los elijan y los destituyan esos
mismos privilegiados? ¿Queremos que nos hagan comenzar el día angustiados y
terminarlo tratándonos como idiotas? ¿Queremos ser parte de un procedimiento
tras otro de manipulación de nuestras sensaciones y opiniones, vengan de
donde provengan? Si Usted no es sado masoquista o su autoestima no está bajo
el nivel del mar, seguramente la respuesta a estas preguntas siempre habrá
sido la misma: NO. Si es así, vale preguntarse ¿por qué hay quienes están en
contra de debatir una nueva Ley de Medios que acabe con el poder real de los
monopolios que somete y condiciona al poder popular de las urnas desde hace
décadas? Personalmente tengo mis reparos en varios puntos del proyecto
presentado por el gobierno, como la participación de las telefónicas en el
negocio de las comunicaciones y algunos otros. Pero son temas que merecen
ser debatidos.
Dicen que el gobierno quiere aprobar la Ley de inmediato porque Néstor
Kirchner, después de privilegiarlos por temor durante su mandato, ahora está
enojado con Clarín ¿Y por ese detalle hasta anecdótico vamos a privarnos de
una Ley que merecemos? ¿Es tan importante el enojo de Néstor Kirchner como
para obnubilarnos? Kirchner pasará. Pero las nuevas reglas de juego para una
comunicación abierta y democrática serán permanentes ¿Realmente es necesario
aclarar esta obviedad?
También dicen que la Ley es para controlar medios y no para
democratizar la comunicación. Saber quién lo dice, define la verosimilitud o
no de la frase. Eso lo dice…Clarín. Otros argumentan que esta ley debiera
tratarla el nuevo Congreso que quedará conformado el 10 de diciembre
¿Cerramos el Congreso hasta esa fecha entonces porque cualquier cosa que
allí se apruebe no es legítima? Y, en todo caso, luego de esa fecha
emblemática se podrán introducir las modificaciones que a la oposición se le
antojen, si es que obtiene la mayoría en cada caso. Entonces, ¿por qué vamos
a privarnos como sociedad de modificar NUESTRA realidad de inmediato
incinerando un decreto ley de la dictadura y reemplazándolo por una ley
votada por hombres y mujeres electos por nosotros y no por un contubernio
entre la señora de Noble y cuatro o cinco militares de turno?
No queremos llegar a sospechar que los monopolios tienen compradas las
voluntades de los que serán nuevos legisladores, a cambio de los favores
recibidos en la última campaña electoral. Deseamos pensar de manera
positiva, pero por no ser imbéciles, nos cuesta un poco. Uno entiende a la
otra parte. Es de buena gente hacerlo. Si cuando en nuestra propia casa se
nos abalanzan gastos crecientes y los ingresos son cada vez menores entramos
en estado de desesperación, imagínese al pobre Grupo Clarín, que le debe 130
millones de pesos a la AFIP (otra vez se prueba que quienes pagan sus
impuestos siempre son los que menos tienen), le quitaron el monopolio del
fútbol causándole una pérdida multimillonaria en dólares y ahora le están
por aprobar una Ley de Servicios Audiovisuales que lo privaría del 76,6% de
las licencias que posee actualmente. Una enormidad.
Es por eso que hoy Crónica TV parece Discovery Channel al lado de TN, cuando
de sensacionalismo hablamos. Y una revista de chimentos de barrio parece Don
Quijote de la Mancha en comparación con las tapas
del “gran diario argentino” de los últimos días. Políticos opositores
aprovechan la ocasión para poblar cada semana los estudios de televisión a
los cuáles nunca habían sido invitados y atienden gustosos los llamados que
los despiertan a las seis de la mañana desde una radio que jamás los había
entrevistado. Y esa alianza de mezquindades mediocres de unos y lucha por el
privilegio de otros, amenaza con hacernos perder otra oportunidad de
terminar con esta ley obsoleta y leonina de la dictadura. Antes, fue por el
pánico de los políticos a las represalias del poder mediático monopólico.
Ahora, para conseguir un rato más de cámara y que Clarín ocupe el lugar
opositor que la mayoría de los dirigentes no sabe ejercer por falta de
ideas. A esos políticos les decimos que no se preocupen. Cuando existan
nuevas reglas de juego, desde EL VIGÍA nos comprometemos a darles espacio. Y
como nosotros, miles de nuevos medios y periodistas que hoy están fuera de
juego por culpa del monopolio y del decreto ley y los ex presidentes que lo
parieron y alimentaron. Nosotros somos ecuánimes. No somos como Clarín.
Simplemente porque alguna vez, cuando abrazamos este oficio, no sabíamos a
ciencia cierta lo que queríamos, pero estábamos convencidos de lo que no
queríamos ser. Y nos gusta decirlo en voz alta: jamás seremos mercenarios de
la pluma y la palabra..