LEY DE MEDIOS
El camino hacia la Libertad recién comienza
Por Dante López Foresi @DanteForesi. Publicado el 1º de Octubre de 2009 en Periódico El Vigía, cerrado en Diciembre de 2012 por ausencia de vigencia plena de la Ley de Medios y monopolio de Papel Prensa en manos de Clarín y La Nación, como principales causas.

(Periódico
EL VIGÍA)- No existe Poder sobre el planeta al cual le simpatice
la prensa libre. Ni tampoco existe prensa libre donde no hay
periodistas filosóficamente libres y dispuestos a perder su
trabajo por convicciones. El debate sobre la Ley de Servicios
Audiovisuales dejó clara y nítidamente expuestas las
sistemáticas y planificadas mentiras de aquellos “comunicadores”
que asumieron posiciones en defensa de las empresas que les
pagan y no en favor de una ley mejor.
También fue evidente la gravedad que significa la censura previa
privada, de la cual fuimos víctimas todos los argentinos durante
décadas, ya que los medios privados son los más consumidos desde
siempre. Luego de observar las posiciones crispantes, tanto como
la actitud soberbia adjudicada al gobierno, que asumieron los
profesionales visibles de TN, La Nación, Clarín, Canal 26 o
Canal 13, sólo para citar algunos ejemplos, pudimos
comprobar hasta qué punto la “libertad de prensa” que
proclamaban esas mismas voces no eran más que una quimera.
A muchos de ellos los entendemos, pero jamás los justificaremos.
No nos preocupan los discursos de los dirigentes políticos
opositores, pues sólo se dedicaron a jugar su juego, intentando
horadar el poder el oficialismo, aprovechando los minutos y ríos
de tinta que los monopolios les regalaron. Pero desde empresas
supuestamente “periodísticas”, se encararon campañas abiertas e
inéditamente agresivas contra un proyecto de ley de la
democracia, se entrelazaban las publicidades engañosas y
tendenciosas (cosas incompatibles con la ecuanimidad
imprescindible en cualquier profesional serio y bien
intencionado), con periodistas que “funcionaban” abiertamente
como dirigentes opositores, reemplazando a la dirigencia
política no oficialista y hasta “retando” públicamente a los
legisladores que apoyaron el proyecto de Ley.
Los verdaderos dirigentes opositores asumieron gustosos el papel
de “alfombras” al cual los sometieron los jefes de redacción
mientras los oficialistas aceptaban ingenua y torpemente las
invitaciones de esos mismos periodistas, para justificar así su
supuesta ecuanimidad. Todo muy lamentable ante los ojos y el
buen criterio de la sociedad.
Ahora, llegó el momento de poner las cosas en su sitio. La
oposición política no periodística (aunque extremadamente
mediática) debe volver a ocupar su espacio imprescindible en
cualquier democracia moderna, aportando ideas para el pueblo y
no títulos para las redacciones. Tales dirigentes, la mayoría
electos por la gente para ocupar cargos públicos, delegaron sus
propias funciones en periodistas de dudosa formación intelectual
y pésima dicción.
Los medios de comunicación –en tanto- y al amparo del nuevo
marco legal, deben construir un nuevo mapa de medios donde la
concentración no sea insoportable (ver el actual en página 7).
Debemos apuntalar, y no sólo desde el Estado o las empresas
privadas sino desde nuestro propio paradigma para entender la
comunicación social, las radios, diarios, periódicos, canales y
cualquier medio de difusión barrial, imponiendo a nuestros
representantes la agenda de prioridades desde bien abajo, y no
desde las oficinas de las corporaciones mediáticas.
Cada uno de nosotros debe hacer carne que la libertad no es una
concesión que gentilmente nos brinda el poder de turno o las
empresas privadas, sino un derecho personalísimo que no debemos
permitir nunca más que se nos arrebate. En cuanto a los
periodistas, mientras la libertad anide en almas nobles y con
convicciones, nadie podrá imponerles una obediencia debida que
los convierta en seres indignos, como se mostraron y firmaron
casi todos los profesionales que militaron activamente desde los
medios contra la Ley. Cuando impera la dignidad, siempre existe
la posibilidad de renunciar cuando las órdenes impartidas se dan
de bruces con nuestras convicciones. No hace falta una
cláusula de conciencia que me obligue a ser digno. También
se trata de una cualidad personalísima. Debemos suponer,
entonces, que los aludidos periodistas actuaron convencidos de
sus posiciones, o bien fueron indignos y, en el mejor de los
casos, torpemente evidentes.
Ya tenemos la Ley que muchos quisimos. Es perfectible, pero
impide claramente la concentración de medios en pocas manos.
También sabemos quien es quien. Ya conocemos los rostros
desenmascarados de quiénes consideran que los intereses
económicos de quienes les pagan son valores superiores a la
libertad de información de todos. Ahora, no seamos ingenuos
suponiendo que una Ley nos permitirá mágicamente ser libres.
Seamos cada uno de nosotros, y hablo de todos, vigías celosos
del cumplimiento y la concreción del real espíritu de la Ley de
Servicios Audiovisuales. Justamente por lo dicho al principio:
quienes ejercen o ambicionan poder político o económico jamás
simpatizarán no ya con la prensa libre, sino con las almas
libres y con convicciones. La comunicación debe construirse
desde abajo. Crecer desde el pie, como decía el extrañado
Alfredo Zitarrosa. Y la libertad, debe nacer desde adentro de
cada uno de nosotros. Como los presos, que soportan años de
encierro liberándose desde su interior.
La sociedad argentina estuvo literalmente presa de una
concentración mediática permitida por los poderes
institucionales de turno. Nunca más deleguemos la
responsabilidad de ser libres y debidamente informados en
quienes hicieron del Poder su razón de existir. Llámense Néstor,
Eduardo, Carlos, Mauricio, Francisco…o Ernestina y Bartolomé.
Los argentinos queremos que nos gobierne la política y no los
supra poderes. Y los periodistas exigimos que no nos condicionen
desde el Estado, pero tampoco desde empresas privadas.
Desde EL VIGÍA, queremos agradecer a la Coalición para una
Radiodifusión Democrática por haber creído que una utopía
era posible. También a la Presidente de la Nación por
haberle dado carácter institucional a esta utopía, enviando el
proyecto al Congreso Nacional. A los políticos que votaron en
contra porque querían una ley mejor y por convicción,
también nuestra gratitud. Pero a los que desde la política y el
periodismo sirvieron intereses espurios, sepan que habemos
muchos que aprendimos a no olvidar. Y que la lucha por una
sociedad verdaderamente libre, recién comienza. Y desde abajo.
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