Deidad
masculina guaraní, muy conocida en Corrientes y Misiones.
Carece de una representación unívoca. Por sus caracteres
dionisíacos Ambrosetti lo relaciona con el Yasí Yateré.
Es un personaje fortachón y de baja estatura, de cara
overa cortada por grandes bigotes, que anda por el monte
casi siempre a la hora de la siesta. Otra versión dice
que camina a cuatro pies, arrastrando un exagerado miembro
viril con el que enlaza a sus víctimas. La persona
enlazada puede salvarse cortándoselo con un cuchillo,
pues así dejará al Curupí inofensivo, Persigue
preferentemente a las mujeres, sorprendiéndolas cuando
van a la selva en busca de leña. Con sólo verlo éstas
se vuelven locas.
Ayala
Gauna lo describe como un enano cobrizo, robusto, capaz de
estrangular con sus poderosas manos, pero con un cuerpo
torpe, de una sola pieza (es decir, carente de coyunturas)
y los pies dirigidos hacia atrás. Es fácil burlarlo trepándose
a un árbol, pues no puede subir. Tampoco puede nadar, o
lo hace con mucha dificultad. En esta versión es antropófago,
prefiriendo la carne de los niños y las mujeres.
Fariña Núñez
sospecha que con este mito los guaraníes quisieron alejar
a las mujeres de los peligros de la selva, y especialmente
del rapto.