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treinta y ocho kilómetros de la ciudad de San Luis, camino de
Nogolí, se levanta la población de la Quebrada. En ese lugar
emerge un modesto templo donde se venera una imagen tallada en
madera que recibe el nombre de Milagroso Señor de la Quebrada. Su
fiesta se inicia el 19 de Mayo y culmina el día 3 de Junio,
coincidiendo así con el Día de la Cruz, de celebración casi
universal.
De todas
partes de la provincia se inicia desde el día 19 de mayo por la
noche, la marcha hacia el valle de la Quebrada. Una gran parte
recorre el camino a pie y desde la capital provincial parte el
contingente más numeroso, compuesto de hombres y mujeres que
cubren el largo recorrido soportando las inclemencias del frío,
que para esa época se acentúa por la mediterraneidad geográfica
de la provincia. El día 2 ya están concentrados prácticamente
todos los fieles (entre veinticinco y treinta mil alma), que
durante la jornada recorren con honda contrición el largo y
empinado Vía Crucis, monumental y hermosa obra hecha en cada
una de sus estaciones, con albo mármol de Carrara, verdadera
joya del arte escultórico religioso.
El día 3
las misas se suceden en el templo, aunque sólo la procesión
puede abarcar a todos los que sueñan con el milagro y la
comprensión infinita del Señor de la Quebrada, erigido en juez
inapelable de la dicha, el amor, la salud y la riqueza de cada
uno de los que llegan hasta él.
Las
gracias acordadas son testimoniadas por placas y exvotos que
cubren los muros exteriores del templo.
El día 3 por
la noche parten los devotos hacia sus poblados y ciudades,
pasando frente al cementerio cuyas cruces se han decorado desde
el primer día del mes con flores de papel de todos colores,
como ofrenda a la paz eterna de los sepulcros.
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