Clínica de Muñecas

"Hay oficios vagos, remotos, incomprensibles. Trabajos que no se conciben y que, sin embargo existen y dan honra y provecho a quienes lo ejercen.
Una de estas menestralías es la de componedor de muñecas.
Porque yo no sabía que las muñecas se compusieran. Creía que una vez rotas se tiraban o se regalaban, pero jamás me imaginé que hubiera cristianos que se dedicaran a tan levantada tarea
Llegué a levantar la vista, y entonces leí en el frente del ventanal, este letrero: Se refaccionan muñecas. Precios módicos.
Estaba en presencia de uno de los oficios más raros que se puedan ejercer en nuestra ciudad..."


Roberto Arlt. "Aguafuertes Porteñas" (Taller de composturas de muñecas).

"...Ahora está la bella durmiente con las mejillas
color cera
y ya no tiene los colores
de la silvestre rosa irlandesa.
Ahora está blanca la yacente
adolescente en su cajita
Y sobre ella la tristeza lanza su breve
transparente lluvia sutil..."

Raúl González Tuñón. "Clínica de Muñecas".

Algunos memoriosos se acordarán de la Clínica y Hogar de Muñecas "Don Andrés", que atendió por los años 50 en su local de la calle Tacuarí 465; o de "Bebefix Famosa Clínica", en Rivadavia al 5100; de la "Clínica Argentina de Muñecas" de Triunvirato al 4900, o del "Sanatorio de Muñecas" de Montevideo 673. Hoy ya no están.

Recorriendo el Buenos Aires de principios del nuevo milenio, a más de 65 años que Roberto Arlt escribiera sus "Aguafuertes Porteñas", encontramos dos clínicas de muñecas, tal vez haya algunas más. Recuerdo una que hubo en el primer piso de Rosario y Centenera, con entrada por esta última, sobre el café de la esquina, el "Puerta del Sol".

Hubo otra en la calle Agrelo al 3600, que luego se mudó a la avenida Belgrano, se llamaba "Alfa". Su "cirujano" y dueño era Julio Roldán. En la clínica, Julio desarrolló su trabajo, ya sea haciendo restauraciones, cambiando ropas, ojos o pelucas, o bien realizando a la manera de la "haute couture", diseños exclusivos. Los estantes mostraban a las muñecas internadas a la espera de tratamiento, o convalecientes de la intervención: antiguas, modernas; de pasta, de porcelana, de celuloide; bebotes, "niñitos de Dios"; con ojos de cristal o de vidrio; musicales y con discos para hablar, llorar o reír. Uno de los trabajos más interesantes que recordaba su dueño lo tuvo que hacer cuando le llevaron para restaurar una muñeca de 120 años, autómata alemana de porcelana, con manos y pies de madera, y música a manivela.

"Todo lo que traen - sostenía Julio por el año 1994 - posee un valor afectivo grande y mi responsabilidad es doble: hacer bien el trabajo como artesano, y ser fiel al modelo original, porque los chicos no quieren que les cambie nada." Hoy "Alfa" no existe.
Ahora pasamos a las clínicas que todavía trabajan; una de ellas está en la avenida Santa Fe al 1300, es la prestigiosa "Antigua Clínica de Muñecas", que desde el año 1929 presta sus reconocidos servicios.
La otra clínica es en la calle Salta al 800, barrio de Constitución justo en su límite con Montserrat.

Alejandra Correa, en una bella nota publicada en la revista del diario "Clarín" del 26 de septiembre de 1993 decía: "Hasta el viejo hospital de las muñecas, llegó Shirley Temple mal herida... A diferencia de aquella canción popular que tenía como protagonista a Pinocho, aquí el 'hada protectora´ es un mago que lleva el nombre de Antonio Caro.

Shirley Temple, una de aquellas antiguas muñecas importadas, de pasta, que fueron el desvelo infantil de las niñas de antaño, ha sobrevivido a la marea del tiempo, las mudanzas y los juegos, y hoy deja curar sus heridas por las expertas manos de este cirujano de muñecas: don Antonio, el poseedor de los secretos de un oficio que se encuentra en vías de extinción".

Antonio Caro, está al frente de la clínica desde 1941, él mismo nació en una casa de muñecas, en un negocio fundado en 1896 por su padre; don Francisco, un escultor catalán, nacido en Tortosa; que quedaba en Lima e Independencia. Los Caro tuvieron dos negocios más, uno en Talcahuano al 800 y otro en Gaona al 3600, a cargo de la esposa de Francisco y mamá de Antonio, doña Herminia Dolz, también catalana. En el año 1968 Antonio se instaló en el local que aún ocupa, a menos de dos cuadras del de Lima, siempre alrededor de la Casa de Ejercicios Espirituales.

Al referirse a su tarea, don Antonio dice: "Una cosa es arreglar una muñeca de porcelana y otra muy distinta, una de plástico, mecánica. Tuve que ir perfeccionando el trabajo, hacer un poco de mecánico, de electricista, para poder arreglar este tipo de muñecas.. La época de oro de esta actividad fue en los años 30 y 40, imagínese que en la calle Tucumán, en una misma cuadra, al 1000, había dos clínicas de muñecas".

Caro tiene en la trastienda todos los elementos y piezas para poder realizar con éxito su intervención. En esta suerte de depósito de cuerpecitos mutilados de goma, paño, porcelana, cerámica, yeso o papel maché, las numerosas cabezas de pasta alineadas en los estantes, parecen observar sonrientes nuestros movimientos, sin despegarnos la mirada, pese a algún que otro párpado caído.
En una pequeña mesa de madera, Caro renueva ojos, cose cuerpos de género, hace implantes de cabello, maquilla, laquea las piezas y confecciona pelucas, que en muchos casos son de pelo natural que le llevan los clientes.
Don Antonio, un verdadero cirujano plástico de "Gracielitas", "Marilús", "Pierangelis", "Peponas" y "Mal criados", recibe encargos desde Italia, Australia y Estados Unidos.

Al salir desde la vidriera nos despide un busto de Florencio Parravicini, obra de don Francisco. "Para mí esta escultura de papá es un tesoro, - confiesa Antonio- pese a varias ofertas que recibí nunca lo vendí, jamás me desprendería de ella".

Fuente: http://www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar/display.php?page=izq_inta/patrim_oficio.htm#1

Ilustración: http://www.gracielabello.com.ar/images/clinicamunecas.JPG 

Agenci@ EL VIGÍA