Material
publicado en el libro "Cuentan los Mapuches",
Biblioteca de la Cultura Argentina.
LA
CIUDADDELLAGOHUECHULAFQUÉN
- ELLAGOLOLOG
Recopilado
por Berta E. Vidal de Battini, 1984. Narrado por Sabino Cárdenas,
1960, Junín de los Andes (Neuquén). Peón de campo con
escolaridad primaria completa.
Pedro
Novoa contaba que en el fondo del lago Huechulafquen había
una población, que según decía él, aparecía y desaparecía.
Que cuando había tempestad aparecía y se veían casas, galerías
y la torre de una iglesia. Y cuando alguien se acercaba
desaparecía. También decían que de diciembre a enero, a las
doce del día aparecía la ciudad y que se podía ver muy bien
todo. Cuando alguien se quería acercar desaparecía. Él decía
que la veía siempre con toda claridad.
En
ese tiempo fue mucha gente a ver la población. Hasta el
comisario fue a verla. Unos dicen que la vieron, otros no la
pudieron ver. La población aparecía y desaparecía.
Dicen
que en el fondo hay unos cerros, donde se forman los baños,
en donde puede haber desaparecido esa población.
Hay
muchos misterios en los cerros y en los lagos de estas partes.
En el lago Lolog, todos dicen que aparecen animales. Que sale
una vaca, y cuando la corren se hunde en el lago. Dicen también
que en el fondo hay una población.
También
hay un misterio en la Cordillera. Se enoja la Cordillera
cuando pasa la gente. En todo tiempo, en pleno verano, cuando
van a cruzar, se declara el temporal de nieve o de lluvia.
Ahora, por ejemplo, ya están pasando hacienda y comienza el
tiempo feo. A veces se descubren por eso los contrabandos.
Por
eso yo creo que tiene que haber una ciudad perdida, ahí en el
lago Huechulafquen. Puede ser hasta el fin del mundo.
LA
CIUDADENCANTADADELLANÍN
Recopilado
por Berta E. Vidal de Battini, 1984. Narrado por José Kilapán.
Catán Lil (Neuquén), 1950.
Dicen
que hay una ciudad encantada en ese cerro, en el Lanín `.
Dicen que se ha visto gente. Había un ingeniero que porfiaba
por subir al Lanín.
José
Pérez, paisano viejo, le dijo a un muchacho:
-Vamos
a ver, compañero, ¿va a subir a ese tapado de nieve, ése
que nunca seca? Compañero, no va a aparecer más si va. Hay
un pueblo adentro. Te dan calabozo si vas. La gente paisana
decía así, los viejos paisanos, los abuelos nuestros, todos
contaban así. ¿Va a ser capaz de subir ese gringo?
Y el
gringo porfiaba por subir. Y dicen que los dos y otro compañero
fueron a subir. Ahí dicen que se enojó el cerro y que venía
un viento fuerte y nevaba. Y caían. Andaban un paso y venía
un soplido y caían otra vez. No los dejaba subir. Se
resbalaban, se revolcaban y se perdían en la nieve. Se
golpeaban por todas partes. Se cansaron, no se podían
sujetar. De un soplido los mandó rodando y llegaron abajo.
Entonces se les antoja recorrer toda la orilla. Ya había un
puente. El gringo andaba como loco. Y entró, pasó ese
puente. Se abrió como una boca y quedó ahí adentro. Y el
muchacho decía:
-Casi
me tocó a mí también. Casi quedé adentro no más.
Se
perdió el compañero. Y el viento siempre enojado los perseguía.
Los dos que quedaban oyeron todo. Dicen que hablaba gente,
toreaban los perros, bramaban como vacas y toros, relinchaban
caballos. De todo se oía.
Dicen
que ahí se ha perdido gente. Entran a ese pueblo y no vuelven
más.
Dicen
que a los años apareció el gringo. A los dos años se
aparece la gente que ahí se ha quedado. Lo reconocieron, pero
no habló nada. Todo blanquito, chupada la sangre. Los compañeros
lo vieron al gringo. El les volvió la espalda y no se lo vio
más.
Dicen
que el Lanín se tragó a ese pueblo y que no va a aparecer más.
Nota:
El narrador es mapuche y originario de la región.
LA
CIUDADENCANTADADELACORDILLERA
Recopilado
por Berta E. Vidal de Battini, 1984. Narrado por Gervasio
Paila Cura, 62 años. Catán Lil (Neuquén), 1950.
Cuando
corre viento fuerte, el viento "puelcho" que es muy
fuerte, hace cuenta que viene arreando una tropilla de
caballos, eso se oye. Muchos paisanos oyen. Eso es un encanto,
de una ciudad que está perdida.
Dicen
así, que hay una ciudad perdida, cuántos años hace ya que
está perdida. Eso es en la cordillera, en el medio. Se ven
gente, pero parece distinto a la gente de ahora, agarrada la
cabeza, a veces como esqueleto. Eso han visto muchos. Antes
dicen que han pasado más cosas.
Dicen
que andaban mujeres juntando piñones. Y han dejado piñones,
montón de piñones. Y han vuelto. Después los piñones no
aparecieron más. Y han dicho:
-Nos
vamos a retirar de acá. Acá nos vamos a quedar sin piñones.
Acá hay un misterio. No quieren que juntemos piñones.
Se
fueron más retirados. A la tardecita chiflaba otra vez. Da
pena oír el chiflido, da miedo.
-¿Oís
el chiflido? -han dicho-. ¿Estará perdido? Es el chiflido de
esa gente que está ahí.
Da
pena sentir el chiflido de esa gente. Y ya se está
oscureciendo y ése es el momento en que hablan las personas,
pero no se entendía. Le han hablado a los otros, a la gente
que andaba por ahí. Hablaron idioma paisano y el otro no
entendía. Entonces hablaron castilla y parece que eso entendían.
Y han tenido miedo las mujeres y se han callado. Entonces
ellas oían a esa gente. Como pueblo era.
Conversaban
ahí la gente. Rechinaban los mulares. Arriaban tropilla y
dicen ¡yegua! ¡yegua! Se oía el cencerro. Cantaban los
gallos. Se oían los perros. Y la gente hablaba y hablaba...
Eso
debe ser un pueblo que está ahí. De día, tranquilo, no se
oye nada. Oscureciendo, ya era lo mismo. Se oían voces y
canto y chiflidos. No vale la pena arrimarse ahí. Para un
peligro nada más sirve. La otra gente puede hacer un gran
mal.
Las
mujeres se fueron y perdieron los piñones. A otra parte de la
cordillera han ido a juntar. Ahí había mucho. Esa gente era
dueña, no sé, pero podía ser eso, por eso asustaban, que se
fueran.
Este
cuento lo contó también un viejo paisano, apenas lo recuerdo
yo, Manuel Cayulef. El ha dicho que ése es un pueblo perdido,
ahí, viejo, viejo, con mucha gente que está perdida ahí,
que no puede salir hasta el fin del mundo. Dicen que habla
castilla, que no hablan paisano esa gente de la Cordillera.