Por Dante López Foresi
(Publicado el 23 de Marzo de 2006)

No tengo nombre. En realidad si lo tuve. Me llamaba
Santiago. Santiago Guevara. Hasta hoy pienso que esos tipos que entraron
y me secuestraron lo hicieron porque no me perdonaban el apellido. Ahora
todos me llaman N.N. Hasta la gente cuando habla sobre mí con buena
leche, menciona esa misma letra por duplicado. Hoy hacen 38 años que yo
estaba en el bar...con los muchachos del barrio. De mi querido Bernal
Oeste. No voy a contar lo que siguió ni como llegué aquí porque ustedes
ya estuvieron 30 años repitiéndolo una y otra vez. Recuerdo que tenía
una novia. Mi compañera. De vez en cuando nos gustaba ir a la ribera de
Quilmes y sentarnos a charlar sobre los Bee Gees o Beatles, sobre Vox
Dei o Arco Iris, sobre Ford o Chevrolet o sobre Marx y Trotszky. Siempre
había un opuesto. Eso nos llamaba la atención. Pero los opuestos
convivían.
Hace 38
años que 30 mil hermanos y yo venimos rezando por
ustedes. Por nuestras madres y abuelas ¿No les parece
que ya están demasiado viejitas para pelear solas?
¿Porqué no les dan una mano? Esos tipos que nos
secuestraron no pueden salir a la calle. Hasta estoy
seguro de que el sargento ese debe recordar mis alaridos
y mis ojos sin brillo más de una vez. Yo sé que él no
duerme en paz desde hace 38 años. Por eso, siento que
les gané. Ganamos. Todos. Ellos ya tienen el castigo que
merecen. Pero, ¿y nosotros? ¿Alguna vez alguien se va a
preocupar por encontrarnos? ¿A alguno le interesa saber
realmente donde estamos? ¿O tienen miedo de que si nos
encuentran los retemos porque mientras a nosotros nos
torturaban ustedes festejaban el mundial 78? No se
preocupen que nosotros también hubiésemos gritado los
goles de Luque y Kempes. Pero estábamos ocupados en otro
tipo de gritos.
Nosotros queremos ser encontrados. Necesitamos que nos
busquen. Y nuestras familias lo necesitan. A veces
charlando entre nosotros, llegamos a pensar que ustedes
están esperando que los criminales que nos hicieron
desaparecer se mueran, para así no tener a quién
preguntarle dónde nos dejaron. Fantasía de olvido
colectivo, la podríamos llamar. Pero quiero que mi vieja
sepa donde dejarme una flor ¿Es mucho pedir?
Nosotros ya estamos jugados. Pasaron 38 años. ¡¡38
años!! ¿Se imaginan ustedes las cosas que proyectábamos
y soñábamos en el 76? Pero ya está. No podemos vivir
lamentándonos. En realidad no podemos vivir. No nos
dejaron. Con mi novia no pudimos tener al hijo que
imaginábamos. Se iba a llamar Francisco, como mi viejo.
Sin embargo eso no es lo que más nos preocupa. Sería muy
egoísta seguir pensando solamente en nosotros. En
realidad nos preocupan ustedes.
¿Ustedes
no creen que también desaparecieron un poco desde 1976?
A ver...cuéntenme qué recuerdan de sus 20 años ¿Qué
hacían? Yo al menos recuerdo que iba a bailar a Kamote y
usaba esos pantalones Oxford que me cosía la vieja. Eran
horribles, pero si no me los ponía la vieja se enojaba.
Y que en la facultad nos juntábamos para salir, o para
hacer política, o para soñar con mejorar al mundo y al
hombre. Crear al “hombre nuevo” Pero..¿ustedes?. ¿Qué
anécdotas les cuentan a sus hijos? ¿No se dan cuenta que
saltean unas 4 décadas cuando hurgan entre sus
recuerdos? ¿En serio que no sienten que los mataron a
ustedes también y les hicieron desaparecer los sueños
igual que a nosotros? ¿No se acuerdan que hacían las
reuniones de amigos a escondidas? ¿O que si entraban a
una librería o encendían el televisor solo encontraban
mierda? Nosotros somos capaces de olvidar que muchos
apoyaron los indultos, que dejaron que se hicieran
millonarios a periodistas, empresarios, políticos y
curas que colaboraron con los criminales y que hoy hasta
algunos de ellos nos van a homenajear. Pero...¿cómo
hacemos para perdonar que nos hayan robado los
sueños? Los proyectos ¡Yo tenía 19 años carajo! ¿Ustedes
pueden perdonar eso? Pero a ver si me entienden. Lo que
más me duele hoy son los sueños de ustedes, porque de
los míos ya no quedan ni cenizas.
Ya no
se los pido por mi, ni por mis 30 mil amigos. Sino por
ustedes. Hagan algo por encontrarnos. Es fácil decir que
los asesinos fueron unos hijos de puta o ponerse una
remera del guerrillero que se llamaba como yo ¿No pueden
hacer algo para que los dictadores que aún viven les
cuenten donde estamos? Hay mucha oscuridad aquí. Y
siento ese olor húmedo desde hace 38 años.
Gracias
por tenernos tan en cuenta desde que no volvimos a casa.
Pero ahora, me parece que es hora de que piensen un
poquito en ustedes mismos. Si nos encuentran a nosotros,
estoy seguro de que hallarán sus propias historias que
les fueron robadas. Búsquennos. Yo sé que ustedes
pueden. Búsquenme. Se los pido por favor.