Por Dante López Foresi
(Publicado el 23 de Marzo de 2006)
No
tengo nombre. En realidad si lo tuve. Me llamaba
Santiago. Santiago Guevara. Hasta hoy pienso que esos
tipos que entraron y me secuestraron lo hicieron porque
no me perdonaban el apellido. Ahora todos me llaman N.N.
Hasta la gente cuando habla sobre mí con buena leche,
menciona esa misma letra por duplicado. Hoy hacen 30
años que yo estaba en el bar...con los muchachos del
barrio. De mi querido Bernal Oeste. No voy a contar lo
que siguió ni como llegué aquí porque ustedes ya
estuvieron 30 años repitiéndolo una y otra vez. Recuerdo
que tenía una novia. Mi compañera. De vez en cuando nos
gustaba ir a la ribera de Quilmes y sentarnos a charlar
sobre los Bee Gees o Beatles, sobre Vox Dei o Arco Iris,
sobre Ford o Chevrolet o sobre Marx y Trotszky. Siempre
había un opuesto. Eso nos llamaba la atención. Pero los
opuestos convivían.
Hace 30 años que 30
mil hermanos y yo venimos rezando por ustedes. Por
nuestras madres y abuelas. ¿No les parece que ya están
demasiado viejitas para pelear solas?. ¿Porqué no les
dan una mano?. Esos tipos que nos secuestraron no pueden
salir a la calle. Hasta estoy seguro de que el sargento
ese debe recordar mis alaridos y mis ojos sin brillo más
de una vez. Yo sé que él no duerme en paz desde hace 30
años. Por eso, siento que les gané. Ganamos. Todos.
Ellos ya tienen el castigo que merecen. Pero, ¿y
nosotros?. ¿Alguna vez alguien se va a preocupar por
encontrarnos?. ¿A alguno le interesa saber realmente
donde estamos?. ¿O tienen miedo de que si nos encuentran
los retemos porque mientras a nosotros nos torturaban
ustedes festejaban el mundial 78?. No se preocupen que
nosotros también hubiésemos gritado los goles de Luque y
Kempes. Pero estábamos ocupados en otro tipo de gritos.
Nosotros queremos ser
encontrados. Necesitamos que nos busquen. Y nuestras
familias lo necesitan. A veces charlando entre nosotros,
llegamos a pensar que ustedes están esperando que los
criminales que nos hicieron desaparecer se mueran, para
así no tener a quién preguntarle dónde nos dejaron.
Fantasía de olvido colectivo, la podríamos llamar. Pero
quiero que mi vieja sepa donde dejarme una flor. ¿Es
mucho pedir?.
Nosotros ya estamos
jugados. Pasaron 30 años. ¡¡30 años!!. ¿Se imaginan
ustedes las cosas que proyectábamos y soñábamos en el
76?. Pero ya está. No podemos vivir lamentándonos. En
realidad no podemos vivir. No nos dejaron. Con mi novia
no pudimos tener al hijo que imaginábamos. Se iba a
llamar Francisco, como mi viejo. Sin embargo eso no es
lo que más nos preocupa. Sería muy egoísta seguir
pensando solamente en nosotros. En realidad nos
preocupan ustedes.
¿Ustedes
no creen que también desaparecieron un poco desde 1976?.
A ver...cuéntenme qué recuerdan de sus 20 años. ¿Qué
hacían?. Yo al menos recuerdo que iba a bailar a Kamote
y usaba esos pantalones Oxford que me cosía la vieja.
Eran horribles, pero si no me los ponía la vieja se
enojaba. Y que en la facultad nos juntábamos para salir,
o para hacer política, o para soñar con mejorar al mundo
y al hombre. Crear al “hombre nuevo”. Pero..¿ustedes?.
¿Qué anécdotas les cuentan a sus hijos?. ¿No se dan
cuenta que saltean unas 3 décadas cuando hurgan entre
sus recuerdos?. ¿En serio que no sienten que los mataron
a ustedes también y les hicieron desaparecer los sueños
igual que a nosotros?. ¿No se acuerdan que hacían las
reuniones de amigos a escondidas?. ¿O que si entraban a
una librería o encendían el televisor solo encontraban
mierda?. Nosotros somos capaces de olvidar que muchos
apoyaron los indultos, que dejaron que se hicieran
millonarios a periodistas, empresarios, políticos y
curas que colaboraron con los criminales y que hoy hasta
algunos de ellos nos van a homenajear. Pero...¿cómo
hacemos para perdonar que nos hayan robado los sueños?.
Los proyectos. ¡Yo tenía 19 años carajo!. ¿Ustedes
pueden perdonar eso?. Pero a ver si me entienden. Lo que
más me duele hoy son los sueños de ustedes, porque de
los míos ya no quedan ni cenizas.
Ya no se los pido por
mi, ni por mis 30 mil amigos. Sino por ustedes. Hagan
algo por encontrarnos. Es fácil decir que los asesinos
fueron unos hijos de puta o ponerse una remera del
guerrillero que se llamaba como yo. ¿No pueden hacer
algo para que los dictadores que aún viven les cuenten
donde estamos?. Hay mucha oscuridad aquí. Y siento ese
olor húmedo desde hace 30 años.
Gracias por tenernos
tan en cuenta desde que no volvimos a casa. Pero ahora,
me parece que es hora de que piensen un poquito en
ustedes mismos. Si nos encuentran a nosotros, estoy
seguro de que hallarán sus propias historias que les
fueron robadas. Búsquennos. Yo sé que ustedes pueden.
Búsquenme. Se los pido por favor.