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- Carta de un desaparecido
- Por Dante López Foresi
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- No tengo nombre. En realidad si lo
tuve. Me llamaba Santiago. Santiago Guevara. Hasta hoy pienso que
esos tipos que entraron y me secuestraron lo hicieron porque no me
perdonaban el apellido. Ahora todos me llaman N.N. Hasta la gente
cuando habla sobre mí con buena leche, menciona esa misma letra por
duplicado. Hoy hacen 30 años que yo estaba en el bar...con los
muchachos del barrio. De mi querido Bernal Oeste. No voy a contar lo
que siguió ni como llegué aquí porque ustedes ya estuvieron 30 años
repitiéndolo una y otra vez. Recuerdo que tenía una novia. Mi
compañera. De vez en cuando nos gustaba ir a la ribera de Quilmes y
sentarnos a charlar sobre los Bee Gees o Beatles, sobre Vox Dei o
Arco Iris, sobre Ford o Chevrolet o sobre Marx y Trotszky. Siempre
había un opuesto. Eso nos llamaba la atención. Pero los opuestos
convivían.
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- Hace 30 años que 30 mil hermanos y
yo venimos rezando por ustedes. Por nuestras madres y abuelas. ¿No
les parece que ya están demasiado viejitas para pelear solas?. ¿Porqué
no les dan una mano?. Esos tipos que nos secuestraron no pueden salir a la calle.
Hasta estoy seguro de que el sargento ese debe recordar mis alaridos
y mis ojos sin brillo más de una vez. Yo sé que él no duerme en
paz desde hace 30 años. Por eso, siento que les gané. Ganamos.
Todos. Ellos ya tienen el castigo que merecen. Pero, ¿y nosotros?.
¿Alguna vez alguien se va a preocupar por encontrarnos?. ¿A alguno
le interesa saber realmente donde estamos?. ¿O tienen miedo de que
si nos encuentran los retemos porque mientras a nosotros nos
torturaban ustedes festejaban el mundial 78?. No se preocupen que
nosotros también hubiésemos gritado los goles de Luque y Kempes.
Pero estábamos ocupados en otro tipo de gritos.
-
- Nosotros queremos ser encontrados.
Necesitamos que nos busquen. Y nuestras familias lo necesitan. A
veces charlando entre nosotros, llegamos a pensar que ustedes están
esperando que los criminales que nos hicieron desaparecer se mueran,
para así no tener a quién preguntarle dónde nos dejaron. Fantasía
de olvido colectivo, la podríamos llamar. Pero quiero que mi vieja
sepa donde dejarme una flor. ¿Es mucho pedir?.
-
- Nosotros ya estamos jugados. Pasaron
30 años. ¡¡30 años!!. ¿Se imaginan ustedes las cosas que
proyectábamos y soñábamos en el 76?. Pero ya está. No podemos
vivir lamentándonos. En realidad no podemos vivir. No nos dejaron.
Con mi novia no pudimos tener al hijo que imaginábamos. Se iba a
llamar Francisco, como mi viejo. Sin embargo eso no es lo que más
nos preocupa. Sería muy egoísta seguir pensando solamente en
nosotros. En realidad nos preocupan ustedes.
-
- ¿Ustedes no creen que también
desaparecieron un poco desde 1976?. A ver...cuéntenme qué
recuerdan de sus 20 años. ¿Qué hacían?. Yo al menos recuerdo que
iba a bailar a Kamote y usaba esos pantalones Oxford que me cosía
la vieja. Eran horribles, pero si no me los ponía la vieja se
enojaba. Y que en la facultad nos juntábamos para salir, o para
hacer política, o para soñar con mejorar al mundo y al hombre.
Crear al “hombre nuevo”. Pero..¿ustedes?. ¿Qué anécdotas les
cuentan a sus hijos?. ¿No se dan cuenta que saltean unas 3 décadas
cuando hurgan entre sus recuerdos?. ¿En serio que no sienten que
los mataron a ustedes también y les hicieron desaparecer los sueños
igual que a nosotros?. ¿No se acuerdan que hacían las reuniones de
amigos a escondidas?. ¿O que si entraban a una librería o encendían
el televisor solo encontraban mierda?. Nosotros somos capaces de
olvidar que muchos apoyaron los indultos, que dejaron que se
hicieran millonarios a periodistas, empresarios, políticos y curas
que colaboraron con los criminales y que hoy hasta algunos de ellos
nos van a homenajear. Pero...¿cómo hacemos para perdonar que nos
hayan robado los sueños?. Los proyectos. ¡Yo tenía 19 años
carajo!. ¿Ustedes pueden perdonar eso?. Pero a ver si me entienden.
Lo que más me duele hoy son los sueños de ustedes, porque de los míos
ya no quedan ni cenizas.
-
- Ya no se los pido por mi, ni por mis
30 mil amigos. Sino por ustedes. Hagan algo por encontrarnos. Es fácil
decir que los asesinos fueron unos hijos de puta o ponerse una
remera del guerrillero que se llamaba como yo. ¿No pueden hacer
algo para que los dictadores que aún viven les cuenten donde
estamos?. Hay mucha oscuridad aquí. Y siento ese olor húmedo desde
hace 30 años.
-
- Gracias
por tenernos tan en cuenta desde que no volvimos a casa. Pero ahora,
me parece que es hora de que piensen un poquito en ustedes mismos.
Si nos encuentran a nosotros, estoy seguro de que hallarán sus
propias historias que les fueron robadas. Búsquennos. Yo sé que
ustedes pueden. Búsquenme. Se los pido por favor.