(Diario EL VIGÍA)-
Estamos ante momentos difíciles en la convivencia política argentina, pero
estamos cayendo en la trampa mediática de magnificar protagonistas y
situaciones. La situación es delicada, pero no tanto si reflexionamos unos
segundos.
Es casi risible intentar argumentar que Argentina no debe pagar su deuda
contraída desde la declaración del "default", como pretender imponerle a un
gobierno legítimamente electo por el pueblo cómo debe hacerlo.
Pero también nos parece equivocado apuntar a la dirigencia política opositora en
su conjunto como los artífices del intento destituyente. Quizás no porque no lo
deseen, sino sencillamente porque no tienen la capacidad fáctica de hacerlo.
En general, los políticos opositores sufren una impotencia que los desequilibra
fácilmente y los hace cada vez más cautivos de los verdaderos íncubos de la
desestabilización: las corporaciones económicas que se sentían tan cómodas
durante los mandatos del actual senador que, por escasos días, recuperó
patéticamente el protagonismo luego de suplicar públicamente lo que su amigo ya
extinto decía cada martes: "no me dejen solo". Ténganme en cuenta. Digno de
lástima, si no fuera por lo perverso y dañino.
La presidente de los argentinos apuntó y señaló claramente a quienes pretenden
eliminar al "zurdaje" que gobierna. Y lo viene diciendo desde marzo de 2008. Son
aquellos que hoy permanecen como espectadores sonrientes de una presunta crisis
institucional que, en los hechos, no es tan grave.
Biolcatti, Grondona (Mariano), los fondos buitres, Magnetto, Herrera de Noble,
Jorge Fontevecchia en su calidad de cadete de todos los mencionados, las
empresas que explotaban a los jubilados "administrándoles" sus recursos a través
de las AFJP, los ex dueños de Aerolíneas y los punteros políticos que perdieron
ascendencia y fichajes de afiliación a raíz de ese maldito plástico que se le
ocurrió a Cristina entregar a los beneficiarios de planes sociales, son algunas
de las caras visibles de la orquesta desestabilizante. No ya de este gobierno,
sino de la política como concepto, pues el ejercicio de la democracia deja en
evidencia, en primer lugar, a los especuladores y sus ganancias. Y recordemos
que la política de excelencia es la única defensa que tienen los pueblos contra
sus opresores.
No pueden perdonar que se haya hecho pública una lista de centenares de empresas
líderes y nombres propios que durante 2008 y 2009 transfirieron al exterior las
suculentas ganancias que obtuvieron en Argentina.
Jamás van a perdonar que les hayan quitado multimillonario negocio del fútbol y
que insistan con poner en vigencia una Ley de Medios que los obligaría a
desinvertir millones de dólares y les impediría seguir trazando la agenda de los
argentinos.
Nadie en su sano juicio puede ignorar que dos aumentos anuales para jubilados,
paritarias para trabajadores, asignación para más de 3 millones y medio de niños
o la intención de desendeudar al país son medidas dignas de elogio. Y sólo no
pueden elogiarla los discapacitados ideológicos excedidos de ambición política y
aquellos que vieron profundamente dañados sus intereses presentes y ganancias
futuras con el diseño del actual modelo de país.
Podemos cuestionar, y de hecho lo hacemos, que la torpeza opositora haga
trastabillar demasiado seguido al gobierno. Ese es un problema que el mismo
gobierno deberá resolver: no caer tan fácilmente en cada zancadilla de
dirigentes de poca monta.
¿Es extraño que ningún monopolio mediático no haya hablado del procesamiento del
diputado radical Oscar Aguad por 60 millones de dólares que administró
sospechosamente cuando era interventor de la provincia de Corrientes durante el
gobierno de Fernando de la Rúa?. No..no lo es. Sigue la lógica del razonamiento
desestabilizante. No ensuciar los pocos soldados carentes de ideas propias y
sumamente obedientes con los que cuentan las corporaciones.
Muestran la hilacha demasiado seguido. Son torpes. Mientras Joaquín Morales Solá
escribe en La Nación (dónde sino) que "la democracia cruje", el "dúo pardepe"
del periodismo vernáculo zezea e histeriquea, alternadamente, sobre el
autoritarismo de los "kircher" (se dice Kirchner, Gato) y buscan hacer méritos
con las mismas corporaciones que los mantienen.
Si nos ponemos a pensar desapasionadamente durante unos segundos, resulta hasta
gracioso. Personajes que en el pasado jugaban golf mientras crecía la indigencia
o se quedaban sin espacio en el helicóptero y por ello aplicaban dos manos más
de polarizado en sus parabrisas para no ser reconocidos por la gente, hoy
pontifican y hasta se lo creen. Lo que no es gracioso es que los instrumentos de
que se sirven los grandes capitales especulativos sigan entorpeciendo la
gobernabilidad y tensen la cuerda hasta límites insospechados.
El Vicepresidente de los indultos Eduardo Duhalde le dijo a Oscar González Oro
(a quién sino, sin que le repregunten y lo pongan en apuros) que "el temor que
tienen los empresarios es al "exprópiese" chavista. Más claro, imposible. Y él
se ofrece como garante de la protección de esos mismos empresarios, eufemismo
con el cual Duhalde se refiere al capital financiero especulativo.
Los empresarios genuinos y nacionales, en tanto, siguen disfrutando de ganancias
permitidas por un dólar competitivo y una política económica que tuvo la
habilidad de ser inclusiva con ellos y con los trabajadores simultáneamente.
Por eso, creemos que es un error que debe ser corregido, colocar en calidad de
"enemigos" a los dirigentes opositores, incluso a aquellos que más ambiciones
profesan y menos ideas expresan.
El prójimo tiene la importancia con la cual uno lo inviste. Si alguien piensa
que Pinedo, Pratt Gay, Fernando Iglesias o la misma Elisa Carrió son
"golpistas", les está brindando una entidad que "per sé" jamás lograrían. Porque
hasta para ser golpista hay que tener ascendencia sobre la sociedad. Y lo cierto
es que el 28 de Junio nadie obtuvo más del 30 por ciento de los votos. Y en unos
comicios de medio término, eso es lógico y razonable. Habrá que ver qué sucede
cuando haya que elegir conductor y administrador del país, con la complejidad y
las convicciones ideológicas que ello presupone.
Si la Jefa de Estado muestra desde hace dos años claramente dónde está el
enemigo y afecta sus intereses con cada decisión, intentemos no confundirnos los
ciudadanos y creer que cualquier dirigente opositor tiene altura política para
ponerse el sayo de desestabilizador. En la Asamblea Legislativa, Cristina (una
mujer), miró a los ojos a varios diputados y senadores (hombres) y se refirió a
los "pequeños". Todo un símbolo de un mundo nuevo. Que no todos los hombres, y
también mujeres, que se dedican a la política, están dispuestos a tolerar. Sólo
hace falta que uno de esos hombres o mujeres sea capaz de sostener un debate de
ideas a la altura de la cuestionada Presidente con carteras Vuitton.
No olvidemos, además, que el actual Congreso Nacional, está repleto de rostros,
nombres y apellidos de los destinatarios directos del "que se vayan todos" de
2001. Pero la sociedad decidió darles una nueva oportunidad, esta vez para
controlar. La sociedad sabe perfectamente quien es capaz de gobernar y quienes
son los responsables de la desintegración social e institucional que vivimos en
un pasado muy reciente.
Por eso, cada espacio periodístico de los grupos monopólicos, portales de
internet y diario de los tradicionalmente afines a cualquier poder que les
permita crecer económicamente, se convirtieron en meros "masturbatorios" donde
desfilan dirigentes impotentes a la hora de diseñar nuestro futuro.
No magnifiquemos. Sigamos viviendo nuestras vidas, sin creer que la realidad es
tan grave como nos cuentan. Hoy más que nunca, debemos repetir que Argentina es
algo demasiado importante como para dejarlo en manos de los dirigentes. Y de
ciertos medios de incomunicación.