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Por Dante López Foresi
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@DanteForesi
Existe
una premisa en el periodismo, que más que un
estilo significa una obviedad, generalmente no
tenida en cuenta por los consumidores de
información y, lo que es más grave, por los
medios de comunicación: toda vez que un
periodista elige y decide qué noticia informar,
profundizar o analizar, está descartando otras
miles de noticias para dedicar espacio, recursos
y energía a la elegida.
Esto, en sí mismo, significa un
acto de absoluta subjetividad y es la
prueba concreta de que la fantasía de la
“objetividad” es de cumplimiento imposible.
En la actualidad, la agenda sobre la cual
debaten los argentinos es impuesta por los
grandes medios y periodistas más notorios. Y
subrayo el término notorios, y no
“notables”, ya que, por definición, lo
notable es lo que se destaca y merece ser
noticia, y nunca un periodista debe serlo, sino
sólo el producto de su trabajo. Lo otro, es puro
“vedettismo”, incompatible con el oficio bien
ejercido.
Los últimos hechos de
violencia contra periodistas no son casualidad.
Además de otros motivos que podrían ser
considerados en otro artículo, son el
producto de una violencia transmitida desde
medios y periodistas que utilizan sus micrófonos
y plumas para destilar sus propios odios y
funcionar como fuerzas políticas, según los
intereses que defiendan las empresas donde
trabajan, en lugar de ejercer el oficio con
rigor profesional. El clima de malestar,
mintiendo sistemáticamente y transmitido desde
medios y periodistas, potencia el odio y genera
violencia.
La ecuación es simple y contundente: si los
diarios de mayor lectura en el país y sus
periodistas satélites baten el record de ser
desmentidos cotidianamente, sumado a que la enorme
mayoría de las producciones de radios eligen los
temas a tratar cada mañana en base a lo que
publican esos diarios y el resto de la prensa
debe consumir enormes espacios y tiempo en
reparar o prevenir los daños causados por las
mentiras publicadas, el problema que afrontamos
no es menor. Miles de temas, los
verdaderamente importantes para la sociedad,
están quedando fuera de tratamiento.
Si
cada mañana Clarín y La Nación mienten
deliberadamente, durante la jornada se
produce una pulsión entre periodistas para
hablar sobre la mentira y por la noche algunos
televidentes eligen al programa “6,7,8”
para encontrar argumentos para seguir
desmintiendo y otros optan por programas
televisivos pertenecientes a canales de los
mismos grupos económicos dueños de los diarios
que originaron la mentira, el resultado es que,
en materia informativa, el día estará perdido.
El circuito de periodistas desmintiendo a otros
periodistas, o medios desmintiendo a otros
medios, deja de lado y casi imperceptible no
sólo a decenas de noticias que merecen ser
informadas, sino que profundiza, aún más, la
desnaturalización del periodismo hasta
niveles que ya resultan alarmantes. Y
convierte en centro de la “noticia” a
periodistas y no a hechos de la realidad.
La desinformación de los argentinos, producto de
esta situación anormal de medios y periodistas,
podemos resumirla con un ejemplo, y sólo a modo
de ejemplo: nuestro Diario Digital EL VIGÍA,
publicó el pasado 12 de Marzo una noticia que, a
nuestro entender, debiera haber sido tapa y tema
central de todos los medios y motivo de análisis
por parte de todos los columnistas, ya que no se
trata de un tema que concierne a sectores o
grupos, sino que alcanza a la totalidad de
los argentinos, es decir, es de sumo
interés público. Y de eso se trata ser
periodista.
Nos referimos al informe de la UNESCO, según en
el cual sólo el uno por ciento de los niños
argentinos no está escolarizado y el cien por
ciento, termina sus estudios primarios. Por
el costado que se la interprete, esa noticia es
de una relevancia “notable”, es decir, es una
noticia ineludible de ser informada (ver la
noticia mencionada
aquí ).
Si tenemos en cuenta que los actuales episodios
de inseguridad que son “tapa” de casi todos los
medios de comunicación, son protagonizados por
jóvenes paridos y excluidos por la década infame
de los noventa y de la crisis de 2001 y que no
existe argentino que no considere que la
educación es la piedra fundacional de una
sociedad mejor en cualquier parte del planeta,
resulta difícil de explicar el ocultamiento en
unos casos y simple omisión, en otros, de
medios, ya sean oficialistas u opositores.
No
es nuestra intención establecer la agenda de
otros medios y compañeros de oficio. Tampoco
podríamos hacerlo, ya que somos un medio
regional, sin alcance masivo en todo el país.
Sólo intentamos llamar la atención sobre el modo
en que el rol del periodismo se está
aniquilando, gracias a mentira tras mentira
publicadas por intereses políticos y de defensa
de grupos económico-mediáticos opuestos al
actual gobierno nacional y la obsesión "casi
asnal", como decía Almafuerte, en la tarea de
desmentir.
El periodismo argentino perdió la brújula.
Dejamos de ser un servicio público para
convertirnos en un circuito cerrado de mentiras
y desmentidas. Ambos sectores de la prensa,
“militamos” cotidianamente en esa tarea.
Y la mentira nos obliga a estar pendientes de
ella, nos consume casi toda nuestra energía y,
sin quererlo algunos y deliberadamente otros,
dañamos a la sociedad en su conjunto con una
desinformación pavorosa sobre temas que tienen
que ver con la construcción de una sociedad
mejor.
Periodista no es el que
informa o que "quiere preguntar".
Periodista es el que informa y pregunta
comprometiéndose con la sociedad y no ocultando
su ideología detrás de una hipócrita
"objetividad". Pero el eje del trabajo del
periodista es la información veraz. La noticia.
El eje no es el periodista y su manera de
trabajar. Pero para que la noticia vuelva a
ser la estrella del oficio, los periodistas
deben dejar de funcionar como meros
representantes de intereses.
Los argentinos somos espectadores de medios o
periodistas, y no consumidores de información.
Debatimos sobre “lo que dijo” tal o cual
periodista y juzgamos periodistas en lugar de
analizar noticias ¿Notó que no existe una tapa
de un diario confeccionada de manera similar a
otra? Ni siquiera los grandes medios coinciden
en qué temas son notables y dignos de ser
informados en tapa. Eso significa, nada menos,
que según el editor que se trate, la realidad
es una u otra. O múltiple.
Si lo que persiguen Clarín, La Nación y sus
medios satélites es dañar al gobierno nacional,
quedó demostrado que la sociedad ya no es
permeable a operaciones de prensa. Los
resultados de las elecciones de 2011 lo
demuestran cabalmente.
Con
el mismo criterio, si los medios oficialistas se
siguen dedicando casi exclusivamente a armar sus
informes y agendas únicamente en base a
las mentiras de los primeros, deben saber que
sólo están haciendo lo que cuestionan: instalar
los temas falaces, convertir en “populares” a
opinólogos y periodistas ignotos, incluso
elevándolos a la categoría de ”intelectuales” y
quitarle espacio y tratamiento a las noticias
que reflejan interpretaciones lo más ecuánimes
posibles y que constituyen la realidad cotidiana
de los ciudadanos.
Como segundo ejemplo, y aunque la opinión de las
minorías deba ser considerada, no nos podemos
dar el lujo de sepultar el debate profundo que
nos debemos sobre la Guerra de Malvinas,
dedicando nuestros espacios mediáticos sólo a
rebatir insistentemente un simple documento
elaborado por escasas 17 personas que se
autodenominan, justamente, intelectuales. Si con
un sólo artículo basta y sobra ¿por qué les
dedicamos programas, páginas y días completos,
magnificando la calidad de sus impulsores?
Para arriesgar una hipótesis, y sólo una
hipótesis, los medios y periodistas que poseen
más del 85% de las licencias y aún concentran el
monopolio de la palabra, quizás necesiten de
programas como “6,7,8” para justificar su propia
existencia. Y, para ser ecuánimes, posiblemente
suceda lo mismo a la inversa.
La Ley de Medios ya fue aprobada hace más de dos
años y la Corte Suprema puso plazo fijo a la
obligación de desinvertir por parte del
principal grupo monopólico argentino. El debate sano y profundo sobre el rol de
la prensa ya fue realizado. Y, aunque ese debate
deba ser permanente, no podemos excluir a las
noticias que son útiles y de interés del
conjunto de la sociedad, sólo para mordernos la
cola como el perro de nuestro vecino.
Desde EL VIGÍA, no dejaremos de desmentir a
quienes, con el único fin de generar climas
adversos y de defender intereses económicos
sectoriales, pretender mediante falacias y
falsas informaciones torcer el rumbo de la
historia. Pero no caemos en la trampa de, por el
afán de reaccionar ante la injusticia que
implica una falsa información, funcionar
ingenuamente como promotores de esas mentiras.
No dedicamos más espacio del que merecen y no
excluimos otras noticias que merecen espacio.
Creemos que es hora de recuperar el rol
primigenio de nuestro oficio: informar y opinar,
cada quién desde su lugar y ejerciendo el acto
de honestidad intelectual para con sus lectores
de no mentir falsas e hipócritas independencias.
Por no informar, abarcando las noticias de real
interés público y obsesionándonos por la
mendacidad del monopolio, nos estamos
convirtiendo en un inmenso océano, pero de sólo
cinco centímetros de profundidad.
Justamente por el espíritu de la Ley de Medios,
creemos firmemente en la necesidad de hacer
escuchar “todas las voces”. No las
mismas pocas voces de siempre, aunque más no sea
para desmentirlas.
No significa únicamente publicar
opiniones de quienes no coinciden con nosotros
sino, y por sobre todas las cosas, hacer
visibles los temas y personas que el monopolio
ocultó deliberadamente durante décadas.
El periodista que no se
indigna ante la mentira es un farsante. Y el que
la reproduce, un canalla.
De todo esto se trata la libertad. De todo esto se trata la
profundización comunicacional. De todo esto se trata
la ecuanimidad. De todo esto se trata el periodismo.