Por Dante López Foresi
(Reflexión para el debate sobre cómo cuidar lo
logrado hasta hoy)
(Diario
EL VIGÍA- 04/02/12)
- Cuando murió Juan Domingo Perón,
recuerdo varias paredes en barrios de Capital y
el conurbano bonaerense pintadas con la leyenda:
"Cada peronista es Perón". La frase podía
dar lugar a varias interpretaciones. Desde el
reverdecer del "vandorismo" que pretendía un
peronismo sin Perón, cuando el líder estaba
exiliado en España, hasta una máxima que se
inspiraba en la afirmación de Evita
cuando dijo "yo sé que ustedes recogerán mi
nombre y lo llevarán como bandera a la victoria".
Ante el fallecimiento de Néstor Kirchner
creo que no fueron pocos los que pensaron que se
les presentaba una nueva posibilidad de
"acomodarse" en posiciones de liderazgo, sin
tener el cuerpo apropiado para soportar
semejante traje. La reacción firme y la
ascendencia de Cristina sobre la mayoría de la
sociedad pusieron entre paréntesis esas
ambiciones de los mediocres de siempre. Las
elecciones de Octubre de 2011 parecieron ser el
tiro de gracia para esos personajes oscuros.
Pero hete aquí un pequeño detalle: la
Constitución nacional no permite la reelección
indefinida. Es previsible entonces, que esos
seres mezquinos, y algunos otros con
aspiraciones de prócer, resuciten sus viejos
sueños de ser los propulsores de una continuidad
del "modelo" o del "proyecto
nacional", aplastando incluso a los hoy
jóvenes futuros dirigentes que volvieron a soñar
y a militar activamente luego del desastre
nacional de comienzos de siglo.
Es necesario aclarar a esta altura del análisis,
que no me estoy refiriendo a Hugo Moyano.
O mejor dicho, sólo a Hugo Moyano. Son
muchos más, algunos de ellos aparentemente insospechables de
cometer actos de traición o de pensar más en su
propio espacio de poder que en el bienestar de
las generaciones futuras, como interpretamos a
la actualidad suramericana muchos hombres y
mujeres de las más variadas posiciones
ideológicas, oficios y circunstancias.
Quién al observar el "aquí y ahora" no
experimenta cierta sensación de desconcierto y
hasta desconfianza por internismos en el seno
del todos los sectores que dicen “apoyar al
modelo”, padece ceguera selectiva o es un
hipócrita. No me estoy refiriendo a políticas de
Estado ni de gestión que prosiguen su camino
coherente con lo propuesto por Cristina
Fernández de Kirchner y, más atrás en la
historia, por su esposo desde 2003 e, hilando
fino, por el propio Perón en 1945. Para
evaluar la realidad, a veces también es
necesario interpretar lo que ciertos personajes
callan públicamente pero hacen cotidianamente.
Pero, sin embargo, la gestión corre serio riesgo
de desnaturalizarse si se profundizan las
ambiciones personales o sectoriales en pugna. No
queremos esperar para escribir ésta nota que
lleguen los días posteriores a las elecciones de
medio término de 2013 cuando, indudablemente,
mostrarán sus espantosos colmillos aquellos que
abusan de la política como instrumento para su
propio beneficio y no como herramienta para el
bienestar social general. Es que, cuando llegue
ese momento, el 2015 sin la posibilidad de
Cristina candidata estará cada vez más cerca. Y
la sangría por ocupar el lugar de "sucesor" será
inevitable.
Pero quien deba asumir semejante
responsabilidad, no será sucesor o sucesora de
cualquier Presidente ni mandato. Deberá "recoger
varios nombres y llevarlos como bandera a la
victoria". Y no es una tarea que cualquiera
pueda asignarse tan fácilmente. Deberá ser
alguien que siga la sintonía con toda la región
suramericana y no se aparte del camino elegido
por casi todos los pueblos de la región. Nadie
que piense "pequeñito" (parafraseando a
Cristina) estará a la altura de las
circunstancias.
Y, como es mucho más fácil descubrir a los
ineptos que a un líder de las características
mencionadas, aquellos comenzaron a mostrar sus
uñas no bien Cristina asumió su segundo mandato.
Viejas prácticas de la politiquería barata
territorial (y no tanto) están renaciendo:
peleas por espacios de poder en lugar de debate
de ideas, acompañando al "proyecto nacional"
desde la profundidad de los principios y no
desde la pequeñez de los cargos públicos.
Desmantelamiento de estructuras eficientes de
administración pública por el sólo hecho de
haber sido creadas por antecesores y
desplazamiento de quienes, hasta diciembre de
2011, fueron verdaderos escuderos del "modelo".
Reclamos gremiales usados como arma política
para acceder a espacios de Poder y
descalificación política de otros reclamos
sindicales que son genuinos. Enfrentamientos
públicos en sordina de referentes de vaya a
saber quién, que hasta diciembre del año pasado
eran impensables. Sólo para citar algunos
ejemplos de la decadencia de la política que, si
no detenemos a tiempo, puede lastimar como una
metástasis la recuperación de los sueños, la
militancia y la esperanza de vastos sectores de
la sociedad argentina.
Volviendo a la pregunta del título de esta nota,
recordemos lo que Cristina dijo en Avellaneda
alguna vez: "yo estoy de paso, no permitan
que nos quiten lo que conseguimos". Ella
misma sabía y sabe que éste tipo de sangrías por
espacios de Poder son previsibles y hasta
naturales en una sociedad a la cual le
arrebataron los sueños en tantas ocasiones.
Convengamos en que son muchos más los ambiciosos
que los verdaderos "cuadros políticos" en
nuestro paisaje político, sin ser exclusiva de
oposición u oficialismo esta realidad.
A la pugna de intereses entre la política y las
corporaciones que enfrenta éste modelo de país
proyectado, ahora debemos sumarle la
apresurada y ansiosa puja
intestina de espacios políticos dentro del
propio oficialismo. De tal modo, cualquier
gestión de gobierno puede resentirse. Éste breve
artículo de opinión sólo pretende anticiparse y
prevenir. Los futuros traidores a Cristina
llevan la traición en sí mismos. Como la
alegoría del escorpión. Comenzarán traicionando
a quienes efusivamente llaman "compañeros".
Luego de 2013 les tocará el turno de traicionar
a Cristina y, de ese modo, demostrarán que jamás
les interesó el proyecto común suramericano, las
lágrimas de tantos adolescentes en Plaza de Mayo
cuando falleció Néstor Kirchner ni los sueños de
Latinoamérica unida que heredamos de nuestros
próceres continentales.
Personalmente, no sé si existirá kirchnerismo
sin Cristina. Es muy pronto para evaluarlo. De
lo que sí estoy convencido, es de que los
recursos naturales no renovables se agotan en el
planeta, y vivimos en un continente privilegiado
y llamado a ser protagonista de la historia por
venir. Y ellos, los ex titanes del capitalismo
en llamas, vendrán por nosotros. La crisis del
capitalismo aún no llegó a su punto más
delicado. El gigante capitalista apenas está
herido y todavía no empezó a sacudirse, dañando
todo a su alrededor.
Estos grandes temas actualmente no son prioridad
en varias mentes pequeñas que hoy disputan
cargos futuros o herencias políticas. El camino
elegido por los pueblos suramericanos parece ser
el correcto pero, como dijimos en otra nota,
"el león no muere atacado por otras fieras, sino
por los gusanos que llevan en sus entrañas".
Será fundamental señalarlos a tiempo y no
esperar que sea demasiado tarde.
Por nuestra parte, asumiremos esa
responsabilidad con la misma pasión con la cual
apoyamos la Ley de Medios y enfrentamos con
nuestra pluma a la corporación económica
desestabilizante allá por 2008. Creemos en un
periodismo comprometido con su sociedad y con la
honestidad intelectual necesaria como para no
proclamar una "independencia" engañosa que la
derecha utiliza como herramienta política en
toda la región. Esa es la manera que elegimos de
comprometernos con nuestra sociedad,
“cuidando lo que conseguimos”.
Y hoy, pensamos lo mismo que escribimos y
firmamos hace más de tres años: al país y al
proyecto continental hay que cuidarlo no sólo de
los privilegiados de siempre que lo enfrentan,
sino también de quiénes dicen apoyarlo y hasta
de quiénes ocupan cargos públicos. Porque, el
león no muere atacado por otras fieras...