Por Dante López Foresi (a modo de
homenaje a José Luis Cabezas)
(Diario
EL VIGÍA- 25/01/12)
- En épocas en la que grupos de
intelectuales y comunicadores se aglutinan
detrás de pomposas denominaciones, intentando
abrirse paso en estudios de televisión, en
ciertos casos quizás con más afán de
trascendencia que de verdadera discusión de
ideas, a mi me sigue atrayendo más la realidad
que la interpretación forzada de la realidad.
Será porque el 25
de enero se cumplen quince años del crimen más
espantoso que sufriera un fotógrafo en plena
democracia (¿hace falta que recuerde que se
trata de José Luis Cabezas? ¿o ya lo
olvidamos?). Me impactó notablemente la foto de
Carlos Brigo que ilustra este artículo. A
Carlos no lo conozco personalmente. Conozco su
obra a través de redes sociales. Una más
sorprendente que la otra. Intuyo que es un
fotógrafo de esos que comparten sus imágenes por
el sólo placer de compartir.
Así como en cada
uno de nosotros las cosas trascendentales de
nuestras vidas parecen no terminar de ocurrir
hasta que no se las contamos a alguien amado,
Carlos Brigo cierra el círculo su obra cuando la
comparte en redes sociales. Me sucede lo mismo
con mis artículos. Sucederá lo mismo con éste
artículo. Gabriel García Márquez dijo que
lo ingrato en el oficio de un periodista es que
su obra muere en el mismo momento de nacer. Y
hay mucho de cierto en esta aseveración. Ese
desprendimiento de la obra propia no deja de
significar un desgarro. Y cualquier desgarro,
duele. Pero también es cierto que el sólo hecho
de compartir nuestra obra nos quita esa
sensación de punzante soledad que alberga en
cada comunicador.
La mejor forma
que se me ocurrió para homenajear a José Luis
Cabezas es precisamente, esta foto de Carlos
Brigo. Uno de sus discípulos. Porque Carlos,
quizás sin darse cuenta, les está enseñando a
aquellos intelectuales que mencionamos al
principio y a cada periodista, como yo, cuál es
el acertado camino que debemos transitar para
parir "el nuevo periodismo".
¿No es acaso la
foto que usted está viendo en ésta página un
perfecto relato de la realidad, sin rebuscadas
interpretaciones intelectuales ni costosas
producciones mediáticas?. Y es, a la vez, un
gesto de respeto hacia usted. Nadie le indica
cómo debe interpretar esta foto. Nadie le dice
cómo debe opinar. Usted la mira, la siente, la
analiza y la interpreta como prefiera. Saca sus
propias conclusiones. El párrafo anterior no es
otra cosa que una definición de periodismo
ecuánime.
No existe nada
más elocuente que una imagen. Echa por tierra
cualquier operación mediática o mentira
difundida. Y para que una foto así nazca, debe
existir un fotógrafo (Padre) atento y
apasionado. Capaz de VER lo que a menudo todos
únicamente "miramos".
Cabezas fue
brutalmente masacrado porque mostró la realidad.
Y a Rodolfo Walsh le pasó exactamente lo mismo.
Uno por una foto. El otro por una pluma. Es hora
de que abandonemos la retaguardia y dejemos de
ser "una máquina de desmentir". Eso es la
negación del periodismo. Nada es más elocuente
que mostrar la realidad. Como un fotógrafo. Como
Cabezas. Como Brigo y tantos anónimos
comunicadores. Como Rodolfo Walsh. A ellos
debemos emular para lograr una comunicación
honesta y horizontal, sin egoísmos, consignas
vacías ni ambiciones de protagonismo mediático.
¿En qué los debemos emular? En mostrar lo que
realmente vemos. No lo que miramos sin ver o
leemos en páginas sucias de mendacidad. Pero,
antes debemos aprender a ver, claro.
A despertar en
nuestros lectores un sinfín de sensaciones con
cada palabra. Con cada foto. Como la que
en mi despertó esta foto. Sin desmerecer el
valor de la palabra, una interpretación puede
ser fácilmente rebatida por otra. Pero ¿alguien
se anima a desmentir una foto?
No se olviden de
Cabezas. Y no nos olvidemos de hacer periodismo.
Ésta foto, como las de Cabezas, también son
periodismo. Una foto como ésta puede significar
un punto de partida hacia un nuevo periodismo:
mostrar la realidad sin pasarse horas
desmintiendo lo que otros nos cuentan como
verdades reveladas.
Lo invito a mirar
atentamente ésta foto durante unos minutos ¿Qué
siente? ¿Qué cree que siente ese niño con su
Netbook? ¿y qué cree que sienten los grupos
privilegiados cuando mostramos y contamos la
realidad de esta manera? ¿Se animarán a
desmentir ésta foto? ¿Cree que pueden hacerlo?
Ni se imaginan cuánto les duele una imagen
elocuente. O sí se lo imaginan, si es que no se
olvidaron de
Cabezas.
Mientras les
dejemos la iniciativa, no seremos más que
insistentes replicadores de sus mentiras, en
nuestro afán por desmentirlas. Imaginemos miles
de fotos como ésta ¿Las imaginamos? Pues
mostrémoslas. Veamos la realidad desde ojos
capaces de sentir, sin estar contaminados. Y,
por sobre todas las cosas, ojos sin precio.