Por Dante López Foresi
(Diario
EL VIGÍA- 24/11/11)
- Durante
los últimos 4 años, el periodismo sufrió una crisis
evolutiva que se coronó con la tan ansiada Ley de
Servicios de Comunicación Audiovisual.
Durante el trayecto de la “batalla”, los periodistas
debimos definirnos ante nuestros lectores y
distinguirnos de los que se parapetaban para lanzar
mentiras como metralla detrás de conceptos falaces como
“objetividad” o “independencia”, que finalmente tuvieron
que pagar los lógicos costos de credibilidad por dañar
el oficio para defender intereses económicos que –como
siempre- les soltaron las manos y los dejaron expuestos
en soledad ante la sociedad.
Pero desde el minuto siguiente de conocerse la
apabullante victoria de Cristina Fernández en
particular y del kirchnerismo en general, muchos nos
concentramos en reflexionar sobre la etapa que se
avecina desde el próximo 10 de diciembre.
En primer lugar, describamos el “paisaje”. Una
indiscutible conductora o –como le gusta llamarla a
algunos- “jefa”, que nadie con aspiraciones políticas
serias dentro del oficialismo se animaría a confrontar
ni por asomo.
Un movimiento político transversal, compuesto por
disímiles vertientes y organizaciones políticas y
sociales, muchas de ellas antitéticas entre si.
Recordemos lo expresado por el vicegobernador electo
Gabriel Mariotto: “Hoy, ser peronista es ser
kirchnerista”.
Pero hete aquí que sectores como el de Martín
Sabbatella, desde la política, sindicalistas como
los miembros de CTA y los tradicionales cegetistas,
desde el gremialismo y movimientos sociales de distintos
orígenes, apoyan en su conjunto al “proyecto nacional”,
pero poco tienen que ver con el peronismo.
Quizás sea la primera vez que los argentinos tenemos la
posibilidad de aglutinar a todos esos sectores, y muchos
más, para perseguir sueños comunes, cuyos mayores
enemigos (además de las corporaciones
económico-mediáticas ya conocidas) serán el fanatismo,
el egoísmo, la mezquindad y el sectarismo.
Interpretamos que éste es el motivo principal por el
cual la presidente Cristina, luego de ganar las
elecciones, multiplicó varias veces frases tales como
“el proyecto es para todos”, “no boicoteemos al
país” o “no permitamos que se pierda lo que
conseguimos hasta hoy”.
Opinamos que estas frases
presidenciales apuntan a prevenir lo que puede provocar
un daño irreversible en la vida nacional: las disputas
de poder surgidas desde el propio seno de quienes dicen
apoyar al "modelo".
La oposición destructiva
y los grupos mediáticos caníbales ya demostraron su
impotencia para dañar los sueños de los argentinos. Y
recibieron el tiro de gracia con el histórico triunfo
oficialista del pasado 23 de Octubre.
La militancia en su
conjunto es muy respetable, la juvenil es por demás
admirable y la euforia de muchos "militantes virtuales"
de redes sociales es conmovedora. Pero existimos en
Argentina quienes no tenemos la vocación de
encolumnarnos en sectores, sino sólo detrás de un
proyecto común para todos.
A modo de ejemplo, y
regresando a quienes estuvimos en el ojo de la tormenta
durante los últimos dos años al menos (los periodistas)
habemos quienes decidimos ser honestos con nuestros
lectores y decir una y otra vez desde qué posición
ideológica opinamos toda vez que lo hicimos. De ese
modo, nos cerramos las puertas para siempre en más del
80 por ciento de los medios de comunicación del país
que, aún, siguen en las mismas manos desestabilizantes.
Por eso, seremos los
principales custodios de que las ideas originarias que
fueron masivamente votadas desde 2003 hasta hoy, y no
sólo en Argentina sino en toda Suramérica, no sean
traicionadas por la ambición de poder de algún sector o
dirigente en particular, ya sea político, gremial,
social o periodístico. Es que en EL VIGÍA, cuando
escuchamos "para todos", interpretamos "sin
vanguardias ni privilegiados".
La oportunidad histórica
en la región es única. No hay lugar para obsecuentes
(los primeros en traicionar), para fanatismos o para
proyectos personales que, quizás hoy, se amparan en sus
palabras edulcorantes hacia Cristina Fernández pero en
sus conciencias esperan su oportunidad para dar el
zarpazo y acceder a la cuota parte de poder personal que
ambicionan. Y digo bien: ambicionan. Porque soñar, es
otra cosa.
Comenzamos una etapa en
la cual deberemos demostrar que las corporaciones en sí
mismas, no son nocivas para el interés de todos. Lo
son las actitudes corporativas. Y, a no engañarnos,
dichos mecanismos siniestros no son potestad exclusiva
de Clarín o de los especuladores financieros. Son
corporativos quienes defienden su propia caja, sin
importarle el bien común. Y profundizar el modelo,
significa redistribuir cada vez más equitativamente la
riqueza. Y como dijo Cristina ante empresarios
ultra-capitalistas en el G20, "es preferible afectar
los intereses de unos pocos poderosos antes que
enfrentar la furia de la sociedad".
En definitiva, así como
hasta hoy debimos diferenciar el barro del oro y
desenmascarar a los profetas del odio y la mentira,
desde el 10 de diciembre deberemos mirar con mucha mayor
amplitud el panorama y quitarles las máscaras a quienes,
ya sea desde la oposición o, con mayor razón, desde el
oficialismo, intenten socavar los cimientos de un
proyecto regional inclusivo y respetuoso de la
diversidad.
Ese será el rol que
deberemos cumplir, de ahora en adelante, los
periodistas. Si ya logramos vencer a la mentira, nuestra
misión debe ser la que define al periodismo: buscar la
verdad relativa de cada noticia.
Y colaborar desde nuestro
oficio para volver a separar el barro del oro y hacer
respetar la voluntad popular y, además, la opinión de
las minorías.
Cada sector que hasta hoy
declamó apoyar al proyecto nacional por convicción,
llenó las redes sociales de consignas movilizantes y
mantuvo una lealtad gelatinosa por momentos, deberá
revalidar su compromiso. Sin derechos adquiridos que
lo convierta en vanguardia.
Quienes se comporten
corporativa y mezquinamente dentro de un proyecto
inclusivo electo por elocuentes mayorías en toda
Suramérica, deberán ser escupidos por la historia.
Pertenezcan al sector que fuere.
Si. Lo reafirmamos. Ese
será el rol que deberemos cumplir, de ahora en adelante,
los periodistas.