Por Dante López Foresi
(Diario
EL VIGÍA- 04/02/11) - "No
vivo en una sociedad perfecta, yo pido que no se le dé ese nombre, pues si algo
me hace sentir ésta es que la hacen mujeres y hombres". El poeta y trovador
Pablo Milanés resumió en ese párrafo la aclaración necesaria que debe hacerse
cuando parte de una sociedad posee la convicción de que el modelo es el adecuado
y, nada menos que en épocas en las que se pondrán en juego qué nombres y
apellidos representarán al proyecto de país.
La muerte de Néstor Kirchner no podía dejar de tener efectos políticos de
fondo. Hasta el momento, desde el oficialismo actuaron "como si". La
capacidad de gestión de Cristina Fernández y la toma de decisiones
constante que muestran a un gobierno activo y en plena gestión, no pueden evitar
que en ciertos aspectos políticos y de construcción de poder y, para colmo en
pleno año electoral, queden en evidencia ausencias y orfandades.
Esa misma orfandad en la construcción de poder, conducción y tejido político que
tanto caracterizaban a Néstor Kirchner no puede ser reemplazada ni por el
trabajo en conjunto ni por la buena voluntad de la militancia. Cada quien tiene
su rol en una sociedad y esto es indelegable. Nadie es dueño del modelo,
proyecto o como prefieran denominarlo.
Pero al ser año electoral, como dijimos, se suma un factor que puede poner en
peligro gran parte de lo avanzado en materia social y económica: las
mezquindades personales y las apetencias de segundo escalón.
Toda la humildad y llamado al acuerdo que está encarando la Presidente, por
ejemplo cuando habla hasta de trabajar en conjunto con el gobierno porteño en
algunas áreas y solicitando que los piquetes se hagan a un costado de la calle
para no perjudicar al prójimo, son contradichos toda vez que un precandidato
oficialista se refiere o, en el peor de los casos, actúa en las sombras contra
otro oficialista, sin respetar reglas básicas de convivencia e inclusión.
Justamente esa es la tarea de la cual se ocupaba Néstor Kirchner y para la cual
Cristina carece de vocación: el armado y el control partidario. Cristina
detesta esa función. La Presidente es una mujer de gestión. No de "rosca
política" y menos de lógicas clientelistas. Y la decisión que asuma respecto
de las personas que elija para que cumplan la función política que tan bien
ejercía su esposo, es uno de los desafíos más importantes que tendrá este año.
Por lo pronto, ciertos "trapitos" comenzaron a lavarse puertas afuera,
precisamente producto de la ausencia de un conductor político nato como Néstor.
Imaginemos ¿Cómo hubiera reaccionado Néstor Kirchner si un ministro y un senador
se trataran mutuamente de "traidores" o "enemigos", por el simple hecho de
aspirar ambos a un mismo cargo electivo? ¿O si un dirigente social acusara a
funcionarios públicamente y sin pruebas de "conspirar contra Cristina"?
De este último, seguramente hubiera pensado que es un obsecuente más. Y todos
sabemos que los obsecuentes son los primeros en traicionar.
Sigamos con las preguntas enmarcadas en el recurso de la imaginación ante una
ausencia tan inesperada como dolorosa. Algunos se aferran a aquella oportunidad
en la cual Kirchner le preguntó públicamente a Daniel Scioli "quién le
ata las manos para combatir la inseguridad", para arremeter contra el
gobernador, por la ambición que los enceguece de ocupar cargos y competir ante
Cristina para que sepa quien la cuida mejor. Cristina tiene un sólo custodio: el
Pueblo. No necesita obsecuentes ¿Cómo hubiera actuado Néstor ante ellos?
Quienes lo conocieron pueden imaginarlo. Y quienes no lo conocieron, también.
En política los tejidos electorales y los equipos de gobierno no se
construyen por "afinidad", como en la Casa de Gran Hermano. El tema es un
poco más complejo. La construcción no sólo de listas, sino de equipos de trabajo
se establece por utilidad de los funcionarios que, como bien lo dice el término,
están para "funcionar". Y por el grado de compromiso y convicción que cada
funcionario posee para con el proyecto de país. El ex Presidente Kirchner tenía
una particularidad: acrecentaba o disminuía el poder de sus colaboradores según
la utilidad coyuntural que tenían en beneficio del modelo. Impedía así que
algunos "egos" se desmadraran.
Enorme desafío tiene Cristina por delante: recordarles a muchos que su marido
fue único e irrepetible, como cada ser humano. La militancia y la dirigencia
política no reemplazan a Kirchner, sino que acompaña y recuerda diariamente su
adhesión a Cristina. La pregunta que -creemos- debe hacerse la Presidente de la
Nación es: ¿quiénes de mis funcionarios "funciona" mejor y quienes de ellos
me protegen mejor de los poderes económicos que decidí enfrentar? Más una
pregunta que nos parece la fundamental: ¿Quién está genuinamente convencido
de que éste es el proyecto nacional y no está a mi lado únicamente por mezquina
conveniencia? O más crudamente ¿Quiénes pretenden erigirse como dueños,
referentes y "elegidos" del modelo sin tener en cuenta que lo que más lo define
es su construcción inclusiva desde la base?
La Ley de Medios fue construida desde la
base y cada conquista social es el producto de una lucha que no comenzó en un
programa de TV, sino hace décadas en cada rincón del país y prosiguió, incluso,
desde la cárcel y a pesar de la tortura. Como dijo la misma Cristina en una
entrevista que Daniel Filmus le realizó para Canal Encuentro
(improvisando el trabajo de periodista) "es la primera vez en Sudamérica que
los Presidentes nos parecemos a nuestras sociedades". Encontrar candidatos
parecidos a la sociedad y no iluminados vanguardistas que se coloquen por sobre
ella, es otro de los desafíos de este año.
Luego de casi ocho años, no nos parecen interrogantes difíciles de responder. Cada
funcionario es bien conocido y todos saben los grados de compromiso de cada
quien. Y no es un año como para andar haciendo experimentos, sino para
profundizar la gestión. Y, sobre todo, para hacer lo que Cristina está haciendo:
recordar que el modelo de país que conduce es inclusivo, es decir, "para todos".
La sociedad en su conjunto espera que la
construcción de un país "para todos y con todos" sea en este año electoral más
explícita que nunca. Hay mucho por hacer aún: recuperar los trenes para nuestro
aparato productivo, castigar con la Ley de Abastecimiento en la mano, como se
está haciendo en los casos Shell, Techint y Cablevisión, a quienes
pretenden generar inflación como arma política contra el modelo, combatir la
inseguridad con los mismos criterios de los últimos 7 años: sin exacerbar odios,
utilizando a la educación y la inclusión como armas proactivas para generar una
comunidad segura y sin represión de la protesta social, fortalecer al estado
para proteger a la comunidad, nacionalizar los recursos naturales, y tantas
otras. Lo importante, es que el camino es el correcto y ninguna ambición
personal debe distraernos en la tarea.
No está mal jugar al sano juego del
internismo. Las internas partidarias forman parte del sistema democrático. Lo
que se impone es no resentir la gestión de gobierno por obsesionarse con la
campaña. Tampoco es admisible tildar al adversario ocasional como "enemigo". Las
palabras poseen un valor simbólico muy poderoso. Por algo peleamos por la Ley de
Medios. Para que ningún sector se apodere de la palabra.
Y ninguno significa exactamente eso: Ninguno.