No es un "Día del Periodista" más...
Por Dante López Foresi
(Diario
EL VIGÍA)
- Independientemente de los saludos tradicionales y los deseos
por una libertad de expresión cada vez más garantizada, que
desde ya agradecemos, en EL VIGÍA no creemos que este 7 de Junio
se conmemore un Día del Periodista más.
Estamos viviendo momentos de revelaciones trascendentales. Es la
primera vez en la historia en que los periodistas podemos
distinguirnos unos de otros, según nuestros pasados, compromisos
y principios.
Estamos consiguiendo que el adjetivo "crítico" no sea sinónimo
de "opositor" y que "oficialista" no sea relacionado con
José
Gómez Fuentes, Bernardo Neustadt o Mariano Grondona. Las
palabras empiezan a redefinirse desde las convicciones más
profundas.
Ya no somos una masa amorfa denominada "La Prensa". Por primera
vez estamos siendo PERIODISTAS. Las cadenas de la ignominia se
rompen eslabón tras eslabón. Cada periodista, no importa el
medio en el cual trabaje, empieza a ser consciente de su misión
y su función en la sociedad.
Poco a poco se revela la verdadera identidad de los
"periodistas-estrella" que siempre sirvieron intereses espurios
y bastardos. Sus apellidos célebres comienzan a diferenciarse de
sus máscaras "independientes", para convertirse en meros
sinónimos de la felonía para con la verdad que juraban adorar.
Esta vez ni siquiera mencionaremos a los medios monopólicos ni a
los sectores históricamente golpistas que se sirvieron de este
oficio maravilloso para alcanzar el Poder o mantenerlo.
Sólo mencionaremos el término "periodista" para darle el
significado que Mariano Moreno, Rodolfo Walsh y tantos otros,
muchos de ellos contemporáneos y desconocidos masivamente,
dignificaron con su labor cotidiana.
Este 7 de Junio, a la mayoría de los periodistas, nos gustaría
recibir como regalo la noticia de que la Corte Suprema de
Justicia liberó finalmente la Ley de Servicios Audiovisuales, y
que Papel Prensa ya no es un botín conseguido a cambio de
silencios cómplices.
En lugar de conceptuosos mensajes que auguran éxitos personales
y profesionales, nos encantaría recibir en cada redacción la
verdad lisa, llana, pura y magnífica de la Justicia condenando a
los delincuentes que usurparon durante casi todo el siglo pasado
nuestro oficio para atesorar el Poder real en Argentina,
extorsionando gobiernos, periodistas y ciudadanos y escribiendo
la historia con la desfachatez de los inmorales.
No nos manden agendas, lapiceras, esquelas ni tarjetas alusivas.
Los periodistas queremos dejar de ser confundidos en un mismo
lodo junto con algunos personajes siniestros que, detrás de la
palabra "colega", intentan esconder sus miserias particulares.
Invitamos a los compañeros periodistas (N de la R: "colegas" se
usa en las profesiones, el nuestro es un oficio) a sentirse lo
que en verdad somos: protagonistas de una época maravillosa
donde nuestra tarea se está reinventando de la mano de una
corriente sudamericana reveladora y colmada de ternura.
El amor es revolucionario. Amemos pues nuestro oficio.
Recuperemos la mística de sentir el verdadero placer de servir a
nuestra sociedad, ya no con denuncias estremecedoras, casi
siempre sirvientes de quienes nos maltratan como Nación, sólo
para conseguir trascendencias y famas personales, tan efímeras
como irreales.
Dejemos que ciertos famosos, los "periodistas-estrella",
empiecen a dar explicaciones sobre sus pasados oscuros y
nauseabundos, mientras nosotros construimos un periodismo
verdaderamente popular y horizontal.
La pregunta que invitamos a hacerse a si mismos es: ¿Qué quieren
ser en la vida? ¿Admirados o queridos? Al haber elegido al
periodismo como carrera (o el periodismo elegirlos a cada uno de
ustedes)..¿Buscan admiración o afecto?.
Respondámonos en la intimidad de nuestra conciencia esa
pregunta, sin olvidar que el amor y la alegría son la esencia
de una revolución. Incluso, de nuestra inevitable revolución
privada, que hoy estamos atravesando, para bien de todos los
argentinos.