#BienvenidoGuido
Estela y Guido: hoy la Patria son ellos
Por Dante López Foresi
@DanteForesi

(Agencia EL VIGÍA- 06/08/14) -
Hay noticias que emocionan. No sólo emocionan. Le dan sentido al oficio de
periodista. Hacen que todas las noticias pierdan valor simbólico, las aparta del
centro del universo, donde solemos colocar a cualquiera de ellas mediante
nuestro sentido dramático y exagerado de la existencia.
En cualquier familia, una abuela significa mucho. Es la Nona, la Yaya, la Oma,
la Yadda, la Bove o, simplemente, Abu. Es la que tiene el derecho ganado de
malcriar a los nietos. La que siempre queremos que esté cerca. A la que
recurrimos para cobijarnos en paz. Difícil tarea la de imaginar a una abuela que
no encuentra a su nieto. Esa orfandad tardía e inversa que se debe sentir a lo
largo de cada arruga en el rostro.
Estela se convirtió en abuela de todos. Pero faltaba él: “su” nieto. Así, con el
posesivo adelante. Y a él, al amado nieto, le faltaba su abuela, su Oma, su
Yaya, su Bove, su Yadda, su Nona. Su Abu. No fue por magia, imposición del
destino ni azar. A no confundir. Fue la búsqueda mutua y la lucha implacable las
que lograron el milagro. Una lucha ejemplar, sin el sentido de lugar común con
el que solemos interpretar esa frase. En la lucha de la abuela Estela se
sintetizaron valores difíciles de encontrar resumidos en un solo ser humano:
prudencia, perseverancia, templanza, coraje, sabiduría y una persistente e
infinita paciencia. Y, del lado de Guido, apareció la primera condición
indispensable para alcanzar todas las virtudes que acabo de mencionar: la duda.
Y, debe decirse claramente, hubo un Estado presente que decidió acompañar y
brindar todas las herramientas necesarias para que el encuentro fuera posible. A
pesar de los aberrantes intentos que pretendían convertir al pasado en una
molestia, que nos invitaban a “no mirar el espejo retrovisor” y
planteaban la falsa e hipócrita antinomia entre revisar el pasado y construir el
futuro, como si una cosa pudiese existir sin la otra.
Mientras los memoriosos lidiaban con los cómplices e hipócritas, Estela seguía
buscando. Y en Guido crecía la duda. Mientras candidatos hacían campaña con la
reconciliación con olvido, Estela y Guido no se dejaron distraer. Estela debió
soportar a lo largo de más de 30 años infinitos intentos por olvidar.
Pretensiones de capitulación social ante el horror que regresan una y otra vez,
con protagonistas diferentes invitándonos a consumir el mismo veneno.
Estela fue y es un ejemplo, nadie lo duda. Y Guido, también. Ambos supieron cómo
encontrar el amor en épocas de tanto odio. La sociedad, asiste al milagro con
emoción, asombro y sorpresa. Los periodistas nos encontramos con una noticia que
nos hizo llorar, sollozar, emocionarnos y sentirnos orgullosamente parte de un
momento histórico que construyeron ellos: Estela y Guido.
Si me lo preguntan, no creo que el ejemplo de Estela y su nieto logren
automáticamente hacernos mejores personas. La emoción pasará y pronto
regresaremos a nuestras grandes pequeñeces. Pero, a no dudarlo, nuestro País (no
“éste país”, como suelen decir muchos con una ajenidad penosa), hoy es un
poco mejor. De nosotros dependerá asimilar ese ejemplo de lucha para hacer
nuestras propias revoluciones privadas. Las que Estela y Guido debieron hacer
para enfrentar al horror y el genocidio.
Nadie le devolverá a Estela los primeros pasos de Guido que los asesinos de su
hija y ladrones de su nieto le impidieron disfrutar. Los paseos de la mano por
la plaza Moreno que los criminales les robaron. Los retos de Laura a Estela por
malcriar a Guido. Los actos escolares que Estela no pudo ver. Y Laura, tampoco.
Demasiado dolor como para seguir siendo tolerantes ante las invitaciones a
“no mirar por el espejo retrovisor”. Espero que, aunque más no sea, eso lo
hayamos aprendido con este ejemplo de vida y lucha de una abuela. De tantas
abuelas.
Por lo pronto, Laura puede descansar en paz. Guido ya está con su abuela Estela.
La que lo buscó durante 36 años como una leona. Sus asesinos, jamás descansarán
en paz. Los argentinos debemos ocuparnos de esa tarea sin escuchar a quienes,
trémulos y temerosos, no quieren mirar hacia el pasado y nos invitan a
acompañarlos en su capitulación cobarde y vergonzante.
Bienvenido Guido. Gracias Estela. La Patria no es cualquier otro. Hoy la Patria,
son ustedes.
Compartir en
MÁS NOTICIAS
NUESTROS ANUNCIANTES- Agosto 2014


EL VIGÍA en


- El Vigía,
- distinguido
- con el


Copyright © Dante López
Foresi